El escultor alcañizano Miguel Ángel Abril expone durante este mes y el siguiente en el Monasterio de Santa María de Poblet (Tarragona) una serie de esculturas y pinturas titulada ‘Procesos’ y que invita al visitante a reflexionar sobre la “degradación del hombre”. Y qué lugar mejor que la morada de unos monjes cistercienses para recapacitar sobre la vida y lo peor del ser humano.
Forjado como escultor de manera autodidacta, a sus 35 años ha realizado exposiciones en España y también en Europa, las últimas en Mónaco -durante el último Gran Premio de Fórmula 1-, en Berlín y la última de ellas, todavía en marcha, en la ‘89 Galeri’ de París, donde participa en una exposición colectiva.
-¿Cómo define su estilo escultórico?
-Como una mezcla de realismo y abstracción, aunque tengo que decir que me gusta que se aprecie el trabajo del artesano y la espiritualidad del artista, pues considero que en mi profesión el oficio se ha perdido bastante.
-¿Qué quiere decir?
-Que se busca la comodidad, bien sea para las galerías de arte o bien para facilitar el transporte de las piezas. No quiero minusvalorar el arte audiovisual o de ese tipo, pero considero que las bases de este oficio se están perdiendo y que poca gente queda que se dedica a desbastar un bloque de piedra o de alabastro.
-Entiendo que no le debe gustar mucho ese arte contemporáneo que es tan difícil de entender para la mayor parte del público y que convierte en arte casi cualquier cosa.
-No es que no me guste, es que considero que habría que ponerle otro nombre a ciertas cosas, aunque, la verdad, la valoración del arte siempre depende de quién lo mire y con qué ojos. Yo creo que en toda obra de arte debe de haber un oficio, una base, un concepto y un espíritu. El arte consiste en dotar de vida a un objeto.
-¿Qué materia prima prefiere?
-La piedra y el alabastro, aunque también he hecho algún trabajo en madera y bronce.
-El alabastro, promocionando lo autóctono...
-Sí, la verdad es que los artistas somos los que mayor bien hacemos al alabastro, y siempre se lo digo a los responsables de las empresas extractoras, que nos tendrían que regalar el material, porque somos nosotros quienes más lo damos a conocer.
-Para vivir de la escultura ¿qué hay que hacer?
-Vivir sólo de la escultura es muy complicado. Yo compagino mi trabajo con otras tareas de restauración y rehabilitación. Hacerlo sólo del arte cuesta, tienes que tener una trayectoria y forjarte poco a poco como artista, esperar a que la gente te conozca cada vez más, etc. Yo estoy en el proceso. Empecé a abrirme camino gracias a encargos de esculturas de temática religiosa que me realizaron desde Alcañiz y desde la comarca del Bajo Aragón, luego me fui moviendo y busqué mi propio estilo y una forma muy personal de trabajar.
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