Los cuerpos de Eduardo Gálvez, de 50 años, de su mujer Herminia González, de 51, y de su hija Pilar, de 20 años, fueron enterrados ayer por la tarde en el cementerio municipal de Alcañiz, después de la misa funeral celebrada en la iglesia de San Francisco. Los tres miembros de la familia fallecieron el domingo por ahogamiento, según ha determinado la autopsia que ayer por la mañana fue remitida por el Instituto de Medicina Legal de Teruel al Juzgado de Primera Instancia de Alcañiz.
Los tres fallecidos y su hija menor, de 14 años, acudieron el domingo a pasar el día junto a la presa del embalse de Santolea, en el lugar donde se encuentra la central eléctrica gestionada por Electra del Maestrazgo, un punto con fuertes corrientes y remolinos, al ser la zona de desagüe del pantano. El padre de familia se introdujo en el agua primero y se vio sorprendido por la corriente, por lo que solicitó ayuda. Su hija mayor y su mujer acudieron en su auxilio y también terminaron siendo engullidas por el agua, quedando la hija menor a salvo. Fue la pequeña la que dio aviso a los servicios de emergencias y a un tío materno con el que habían quedado a pasar la tarde.
La pequeña, que pasó la noche de los hechos sedada como consecuencia del shock, fue dada ayer de alta. Acudió a la misa funeral celebrada en Alcañiz reconfortada por algunos familiares y acompañada de dos psicólogas. La niña entró en la iglesia abrazada por un familiar cuando la celebración litúrgica ya había comenzado. Al salir, lo hizo cubriéndose el rostro con un abanico, por la presencia de cámaras de televisión en el exterior.
La Eucaristía fue concelebrada por cuatro sacerdotes, uno de ellos Padre Escolapio camerunés. Y es que fue en las Escuelas Pías de Alcañiz donde Pilar, la hija del matrimonio fallecida en el suceso estudió durante algunos años. En la ceremonia también estuvieron presentes dos profesores del colegio.
Recuerdo de Santa Isabel
El cura párroco Jesús Jaime comentó en el sermón la llamada que recibió ayer a mediodía de Gonzalo Gonzalvo, cura del barrio de Santa Isabel, en Zaragoza, donde residía actualmente el matrimonio y las dos hijas. Gonzalvo, que fue párroco de Calanda hace casi una década, manifestó “el apoyo de la gente del barrio” zaragozano a la familia. Asimismo, Jaime dedicó algunas palabras a la pequeña de la familia, pues, dijo, necesita ser reconfortada en estos duros momentos.
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