Domingo, 25 Julio 2010

Son muchos los que hoy -y desde hace décadas- hablan del fin de la modernidad, de la decadencia de la cultura occidental. España -y por ende, Aragón- no sólo no escapa a la enfermedad de sus países vecinos sino que, sumido en una grave crisis económica, con una clase política cada vez más alejada de sus electores y con ciudadanos cegados por la búsqueda del bien individual, es uno de los principales representantes del declive occidental. Retomando la visión que Rafael Pamplona Escudero, célebre escritor zaragozano de principios de siglo XX, tenía de los pueblos aragoneses podemos afirmar que, un siglo después, seguimos viviendo en “pueblos dormidos, con todas sus energías vitales en reposo”.
Con motivo de su centenario, el Centro de Estudios Bajoaragoneses (CESBA) ha reeditado la novela Los pueblos dormidos de Rafael Pamplona devolviendo a los habitantes de la Tierra Baja la oportunidad de transportarse al Alcañiz de principios de siglo y de conocer el pulso al que la ciudad latía en aquella época.
Sinopsis de la obraLa novela relata la historia de un joven alcañizano que regresa a su pueblo natal antes de ordenarse sacerdote. El autor pasea al protagonista por los lugares más emblemáticos de Alcañiz, describiendo una romería al santuario de la Virgen de los Pueyos, el castillo de los Calatravos, la iglesia de Santa María la Mayor, la Estanca y la Glorieta.
Además de lograr una excelente recreación del ambiente, el escritor zaragozano consigue penetrar en el carácter y mentalidad de las gentes bajoaragonesas descubriendo su moralidad, reproduciendo el habla característica de la zona y relatando los quehaceres cotidianos.
Siguiendo las explicaciones del autor del prólogo de la nueva edición y reconocido escritor aragonés, Javier Sebastián, “podemos enmarcar a Pamplona dentro del regeneracionismo y costumbrismo de principios de siglo: fue un autor muy representativo de su época”. “Sin embargo -añadió Sebastián- encierra la contradicción de querer eliminar las injusticias sociales pero a través de la vuelta la tradición y a las costumbres que las habían causado”.
Javier Sebastián califica perfectamente a la obra cuando la identifica con los vocablos “denuncia y costumbres, modernidad y tradición”.
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