Sábado, 13 Noviembre 2010
Alcañiz acoge hoy el concierto en el Palacio de Ardid

Más de seis lustros han pasado desde que Tomás Bosque, cantautor de la Codonyera, guardara su guitarra y sus canciones en el arcón de los recuerdos. Eran los tiempos en que, tal vez la democracia en si misma o quizás el convencimiento social sobrevalorándola, nos hicieron aceptar el principio de que las reivindicaciones políticas, económicas y sociales, se habían de reservar para la clase política.
Como consecuencia la canción popular y reivindicativa se fue devaluando. Los propios cantautores, impregnados por estas mismas ideas u obligados por el hecho de la drástica disminución de las demandas de actuación en los escenarios, fueron guardando su voz y su música al mismo ritmo rápido que perdían la juventud.
Eran otros tiempos. En nuestro Aragón, los hubo quienes, como nuestro bien querido José Antonio Labordeta y Joaquín Carbonell, sin abandonar totalmente la canción, ampliaron sus horizontes hacia otras actividades profesionales, bien conocidas por todos,
Hubo otros, como La Bullonera y Tomás Bosque, que abandonaron definitivamente la canción. Sus figuras dejaron de aparecer en público, sus voces y su música se nos durmieron en el recuerdo y sus nombres ocuparon algún pequeño espacio en artículos especializados y en la reducida historia de la canción aragonesa.
Después de muchos conciertos y actuaciones durante la década de los setenta, Tomás Bosque colgó la guitarra y dejo de cantar sus canciones.
Con el tiempo parecía que la posibilidad de volver a cantar se alejaba más y más. Ahora bien, Tomás no se apartó en ningún momento del ámbito de la música: en un principio anduvo ocupado en el proyecto de fundación de la Escuela Popular de Música que nunca vio la luz y más tarde se embarcó definitivamente en la aventura de una academia de música que todavía regenta en Zaragoza.
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