Los vecinos de Valdeltormo están que trinan con las obras que el ministerio de Fomento ejecuta en la travesía de la carretera nacional 420, donde, a las quejas por la ejecución de la acera derecha de la vía se suman ahora las molestias por el polvo que levantan los trabajos y el salto de gravilla al paso de los vehículos.
os vecinos de Valdeltormo están que trinan con las obras que el ministerio de Fomento ejecuta en la travesía de la carretera nacional 420, donde, a las quejas por la ejecución de la acera derecha de la vía se suman ahora las molestias por el polvo que levantan los trabajos y el salto de gravilla al paso de los vehículos.
Ayer por la mañana, las mujeres del pueblo recorrían de un lado a otro el pueblo probando a ver qué calle de las que acceden a la travesía estaba abierta. Ninguna de las centrales estaba transitable para poder llegar a la carretera, donde se encuentran varios comercios y la panadería, además de varias empresas locales.
Tras varios intentos, Silvia, una mujer que se disponía a ir con su nieta a comprar pan, decidía regresar con el carrito a casa y dejar a la niña con la bisabuela, ante la imposibilidad de poder llegar hasta el comercio con la pequeña. Otras dos mujeres, Cándida y Montserrat -esta última acompañada de otra niña- iban buscando qué calle estaba abierta, mientras se quejaban de la falta de información y de atención con los vecinos. Al final optaban por saltar a la zanja del carril en el que se está actuando con la apisonadora, se arrimaban a la cinta protectora que separa el único carril abierto y cruzaban después de que pasara el último vehículo.
A media mañana, otra anciana buscaba la forma de cruzar y preguntaba a los vecinos si sabían por dónde salir a la travesía. A esa misma hora, varios niños subían por la acera de la carretera buscando una calle abierta por la que llegar a las actividades organizadas a las once de la mañana, porque los tres accesos centrales y principales estaban cerrados.
Varias mujeres que residen en la carretera nacional se quejaban de la falta de seguridad y reclamaban una mayor limpieza del polvo y la gravilla. “Hace dos noches no se podía ni respirar y nos picaba la garganta”, aseguraba una de ellas, quien lamentaba que en algunos huecos de las obras “ni siquiera existe una valla protectora en condiciones”.
Las aceras inclinadas
Estas quejas vienen a sumarse a las que se han originado en las últimas semanas, principalmente por cómo se realizó la ejecución de la acera derecha de la travesía (la primera en ejecutarse), que presenta una inclinación que la hace casi impracticable para personas mayores o con alguna discapacidad y muy incómoda para cualquiera.
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