
Los peirones servían antaño para rezar a un santo, señalizar un camino o conmemorar un suceso notorio. Su sencillez arquitectónica hacía que abundaran en muchas zonas de Teruel, pero esa misma característica es la que ha favorecido su desaparición en un momento en el que ya no hacen tanta falta ni a nivel religioso ni como indicador de localización. Ahora son varias las comarcas que apuestan por su conservación, entre ellas la Sierra de Albarracín, cuyo Centro de Estudios acaba de editar un libro en el que recoge todos los que aún están en pie.
Hay un total de 40 peirones en la serranía –la mayoría construidos en el siglo pasado– y casi una cuarta parte de ellos están dedicados a San Antonio Abad. Esto se debe, como apunta Manuel Matas, que es el autor del libro Los peirones de la comarca de la Sierra de Albarracín, a que San Antón es el patrón de los animales y la Comunidad de Albarracín basaba antaño su economía en la agricultura y la ganadería. El 17 de enero los lugareños acudían con sus caballerías hasta el pilón, “le daban tres vueltas, rezaban tres padres nuestros y así les bendecían”, comenta Matas, quien añade que el ritual no solo se realizaba el día del patrón, sino también otros en los que los agricultores y ganaderos tenían alguna petición que hacer al santo.La noticia completa, en la edición impresa.