Las ventanas de climalit de la masía La Torre contrastan con las de La Rocha, que no tienen cristales. Esta es una de las muchas diferencias que separan ambos mases que, sin embargo, tienen en común la apuesta que han hecho sus propietarios o moradores por hacer de ellas una forma de vida.
A ambas masías, ubicadas en Mora de Rubielos, se accede por una pista forestal que está en buenas condiciones aunque sin asfaltar y en las dos hay agua corriente y luz eléctrica, pero ha sido gracias a la inversión de los que las habitan. “Tenemos una placa solar que da luz, pero la tele solo va si está el grupo, que lo ponemos para la lavadora”, explica Mercedes Nevot, que se siente afortunada por las comodidades con las que cuenta ahora. “Tenemos casi de todo”, relata su marido, quien explica que para hacer la compra se desplaza una vez a la semana a Mora en moto.
Entre los hermanos Sebastián, que iniciarán ahora su trayectoria laboral en la masada, y Mercedes y Pascual, que piensan en poner fin al único modo de vida que han conocido porque se hacen mayores, hay toda una amalgama de situaciones en Gúdar-Javalambre con un común denominador: el interés por seguir vinculados a los mases.
Y es que aunque desde la mentalidad de quien vive en una ciudad con todas las comodidades cueste de entender que hay quien no puede ver todos los días el telediario o poner una lavadora, los masoveros que viven en medio del campo no quieren irse de allí. “La libertad es muy buena”, resume Carmen Perales, de Las Hincosas, también en Mora.
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