No habrá paz para los malvados ha conseguido, casi en el "fotofinish", alzarse como la ganadora de la XXVI edición de los premios Goya con seis estatuillas, en cuya pedrea han repartido cuatro galardones La piel que habito y Blackthorn y tres para La voz dormida.
Después de una gala en la que los premios parecía repartirlos por orden un crupier, Urbizu se descolgó del pelotón casi al final de la gala, aunque se empezó a dibujar su victoria cuando recibió el Goya al mejor guión y, sobre todo, cuando Pedro Almodóvar perdía el de mejor guión frente a Arrugas, la primera cinta de animación en lograrlo en la historia de estos premios.
Extrarradio madrileño
El thriller rodado en el extrarradio madrileño No habrá paz para los malvados, que partía con catorce nominaciones, se llevó además del premio a la mejor película, el de mejor director, actor -para José Coronado que ha vuelto a alzar ese grito de "rock and roll" que dice en la película-, mejor guión original, mejor montaje y mejor sonido.
Así, frente a la noticia positiva del triunfo de un director hasta ahora poco reconocido en los Goya, pese a películas como La vida mancha o La caja 507, y de un actor como José Coronado, se dibujaba la incomodidad por otra noche agria para Pedro Almodóvar.
El director manchego ya parecía hacerse a la idea de que La piel que habito no sería la gran triunfadora cuando la cámara le enfocó al ganar Elena Anaya el Goya a la mejor actriz. El de la noche del domingo supone un nuevo sinsabor de Almodóvar con esa Academia con la que se acaba de reconciliar.
Además del premio para Anaya, La piel que habito se llevó el premio a la mejor banda sonora -el noveno para Alberto Iglesias, que también opta al Óscar por El topo-, maquillaje y peluquería y mejor actor revelación, para Jan Cornet.
Tercera en discordia
La tercera en discordia, La voz dormida, había empezado fuerte y durante un momento de la gala llevaba la delantera. Dos de sus actrices, Ana Wagener como secundaria y María León como revelación, y la canción Nana de la hierbabuena fueron las premiadas en el tercer filme de Benito Zambrano, basado en la novela de Dulce Chacón y con el estigma del cine sobre la Guerra Civil española.
Y aunque parecía que el "western" no iba a tener lugar en la gala de premios del cine español, a mitad de ceremonia Blackthorn empezó a recoger cosecha en las categorías técnicas: mejor dirección de producción, mejor fotografía, vestuario y mejor dirección artística que ensalzan el careo de valores que propone el filme de Mateo Gil.
Sin embargo, la primera en estrenarse había sido Eva, con el premio al mejor actor secundario para Lluís Homar, deslumbrante opera prima de Kike Maíllo -ganador del Goya correspondiente-, que en su arriesgado empeño por hacer ciencia ficción en el cine español había acaparado un total de doce nominaciones.
La que también era debutante, pero como maestra de ceremonias, era la actriz televisiva Eva Hache, que no tomó el excelente pulso cómico que había dejado Buenafuente en las últimas dos ediciones de los Goya, dejando las carcajadas para el demoledor monólogo de Santiago Segura, ironizando sobre el amiguismo y la arbitrariedad en las votaciones de estos premios.
“No es mi favorita”
El triunfador de la XXVI edición de los premios Goya, el realizador vasco Enrique Urbizu, dijo a Efe que No habrá paz para los malvados no es, en cambio, su película favorita de entre todas las que ha realizado y que volverá a trabajar con José Coronado.
"No sé si esta es mi favorita, a la que más cariño tengo es a La vida mancha", explica un director que nunca había optado en las máximas categorías con una filmografía que incluye títulos como La caja 507, pero que el domingo se llevó todos los honores.
Seis premios Goya, entre ellos los de mejor película, director y actor -para José Coronado-, rubrican su gran noche, que quiere compartir, precisamente, con el que es su actor fetiche. "Con Coronado he trabajado tres veces -también en La caja 507 y la citada La vida mancha- y lo volveré a hacer. Me gustaría trabajar y trabajar con Coronado", dijo un realizador que en No habrá paz para los malvados se ha atrevido con el thriller de autor y basado en un solo personaje, un policía heterodoxo llamado Santos Trinidad. A pesar de las alegrías recibidas con esta película desde que la estrenó en el Festival de San Sebastián -"fue maravilloso, aunque allí no ganamos ningún premio", recuerda-, tiene ganas de pasar página y afrontar un nuevo proyecto.
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