El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, retó ayer al líder del PP, Mariano Rajoy, a presentar una moción de censura en el Congreso, después de haberle dejado claro que él seguirá su camino tomando las decisiones que necesite España: “cueste lo que cueste y cueste lo que me cueste”.
En sus réplicas a Rajoy en el debate del estado de la nación, Zapatero aseguró que sabe perfectamente que en los dos años que han transcurrido desde las últimas elecciones generales ha perdido confianza, pero espetó a Rajoy: “¡ni que usted estuviera para tirar cohetes según las encuestas!”.
Tras criticar que siempre que se le pide “arrimar el hombro, sale corriendo” y escuchar sus peticiones de adelanto electoral, le recordó que tiene en sus manos un “instrumento” como la moción de censura que le permitiría ser “coherente”. Eso sí, le hizo ver que para presentarla “hay que tener un programa y venir aquí a defenderlo”.
A este respecto, añadió que “una moción de censura supone que además luego hay que contar los grupos que te apoyan, y eso tiene el riesgo de la dificultades y la soledad; ése es el problema”.
La sugerencia de Zapatero fue desechada por el líder del PP al volver a tomar la palabra: “con todos los respetos, es lo que me faltaba”, afirmó Rajoy antes de insistir en su petición de que convoque elecciones para que “hable la gente”.
Su insistencia llevó a Zapatero a advertirle de que ahora todos los españoles saben que su único objetivo es el interés partidista y señalarle que no lo tiene fácil, porque en el camino que ha elegido “le conviene lo que no le conviene a España”, que continúe la crisis.
“Si hubiera contradicción entre los intereses del PSOE y los que necesita España, yo optaré: lo que necesita España”, recalcó Zapatero antes de insistir en que continuará ejerciendo su responsabilidad. “Hace años que para usted España dejó de ser lo único importante; ahora lo único importante para usted son sus intereses partidistas”, reiteró antes de asegurar que él no había ido a ganar el debate porque esa asignatura ya la tiene aprobada, en referencia a las encuestas que le han dado victorioso en anteriores ediciones,
Además, ante las dudas expresadas por el líder del PP sobre su asistencia a la próxima fiesta minera de Rodiezmo (León), en la que tradicionalmente ha anunciado la subida de las pensiones, el jefe del Gobierno auguró que irá muchos años más y le contestó: “a ver si una vez le vemos a usted por allí”.
Distancia insalvable
El debate sobre el estado de la nación certificó la distancia insalvable que separa al Gobierno del PP, con el jefe del Ejecutivo, José Luis Rodríguez Zapatero, volcado en pedir apoyos para las reformas en marcha y el líder de la oposición, Mariano Rajoy, empeñado en reclamar un adelanto electoral.
La crisis económica, las medidas aprobadas para recortar el déficit e impulsar el crecimiento, y el Estatuto de Cataluña centraron la primera jornada del quinto debate de política general que Zapatero protagonizó en el Congreso como presidente del Gobierno.
En un discurso de una hora de duración sin anuncios ni iniciativas novedosas, el jefe del Ejecutivo pidió consenso a las fuerzas políticas, las administraciones públicas y los ciudadanos para “dar un paso al frente” y aprobar con el acuerdo de todos la reestructuración del sistema financiero y las reformas del mercado laboral y del sistema de pensiones.
“El momento es decisivo para engancharnos definitivamente al grupo de países al que siempre hemos querido pertenecer. Podemos negarnos a acometer esta modernización y correr el riesgo de languidecer, de quedarnos descolgados”, alertó entre reiterados llamamientos al “esfuerzo colectivo”.
Pero Zapatero se dio de bruces con el discurso de Rajoy, quien por primera vez le pidió públicamente que disuelva el Parlamento y convoque elecciones porque “su tiempo, señor presidente -le dijo- se ha agotado y lo sabe”.
En su opinión, Zapatero se ha convertido en el principal problema de la economía española porque ya no genera confianza, tiene poder, pero no autoridad y resulta “muy difícil remar” junto a él por sus constantes bandazos.
Tras acusar al Gobierno de haber sido “bravo y enérgico” con los débiles en sus ajustes e invitar a Zapatero a visitar un comedor social para conocer los efectos de la crisis, presentó al PP como la “esperanza” y la alternativa de Gobierno.
Más esfuerzos para el próximo año
El presidente del Gobierno avisó ayer de que en 2011 habrá que hacer nuevos “esfuerzos colectivos” para superar la crisis, al tiempo que pidió a los partidos su apoyo para aprobar en el Parlamento la reforma laboral.
El líder del PP, Mariano Rajoy, le reprochó que sea “un tapón para la economía” y le acusó de ser “bravo y enérgico con los más débiles”, de “inundar” a los bancos con “su deuda” y de “cerrar la persiana” al empleo de los jóvenes.
Durante la primera jornada del debate sobre el estado de la nación en el Congreso, que continúa hoy, Zapatero criticó que el PP votara en contra de las medidas para acelerar la reducción del déficit público, aún sabiendo que si hubieran sido rechazadas, se habría provocado “una catástrofe para la economía española y europea”.
También le advirtió de que si el Gobierno hubiera aprobado la bajada masiva de impuestos que pedía el PP el resultado habría sido un “déficit insostenible”.
El presidente le recriminó que con sus críticas haya difundido por “todas las esquinas”, una “imagen negra” de España y le acusó de pregonar reformas y no apoyarlas en el Congreso por sus propios intereses.
Zapatero reconoció que el Gobierno ha tenido que tomar decisiones “difíciles y duras” con el gasto público, pero confió en que la economía crezca de nuevo en el segundo trimestre, ya que se están reduciendo con “relativa rapidez” algunos de los desequilibrios.
Por su parte, Rajoy afirmó que Zapatero ha actuado con los “aturdimientos y prisas” de un mal estudiante, lo que ha hecho que haya “recortado poco, mal y sin justicia”.En su opinión, “ni siquiera le ha temblado la mano para congelar las pensiones”, algo que, afirmó el líder del PP, “nunca hubiera imaginado que pudiera ocurrir”.
También denunció que su “obstinación” ha provocado que, en los últimos doce meses, haya 700.000 empleos menos.