OPINIÓN Flores de la alegría

Flores de la alegría

Por octubre, como siempre, brotarán aquellas flores azules que marcaron tu niñez y después el resto de tu vida, las mismas que te animaban a ser más amable, cariñosa y familiar si cabe. Con los amaneceres de otoño, húmedos de rocío y no tan fríos como antes, llegará la huella de tu caricia y el hilo protector, irrompible, que dejaste tejido para siempre jamás.
En las flores azules de octubre veremos la impronta vital que nos insuflaste, cual martillo pilón, sin prisa pero sin pausa, cada uno de los días que pasamos juntos hasta la llegada de lo inevitable. Porque sabías cómo duelen las pérdidas nos preparaste a conciencia, dejando un montón de rastros en los que encontrar sosiego. Y en ello estamos, viviendo con tranquilidad y el corazón contento de tu recuerdo, grande y aleccionador, como eras tú.
Miramos mucho tus lugares favoritos, desde luego, y por momentos hay constancias de ti, seguro que es algo puramente instintivo aunque no por ello menos real. Todo es diferente pero igual de amable porque ya no hay sustos ni preocupaciones, no supones miedo alguno y sí reposo de ánimo. La vida fluye pues y nos encaminamos hacia este septiembre tan señalado para los tuyos con el ejemplo constante de tus enseñanzas, también ahora, que recordamos habitualmente. Viviremos estos días especiales hablándoles a los más pequeños de lo que fuiste y lo que dejaste. Les contaremos, una vez más, que los veranos te cambiaban el humor y los septiembres lo atemperaban. Amabas el frío de tu tierra y te sofocaban los calores tórridos, fruto tal vez de una adolescencia junto al mar que llevaste casi mal. Justo ahora miraremos alguna imagen de tus últimos veranos, lejano aún el de tu despedida, y soñaremos que sigues advirtiendo que, ojo con las tormentas, que guardan traiciones inesperadas. Creeremos también que las hojas caídas de septiembre son lágrimas desperdigadas, hijas de la añoranza mutua, que serán barridas al arribar octubre, en la llegada de las rosas azules que tanto amaste y que ahora nosotros, como tú, consideramos flores de la alegría.