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Jueves, 21 de junio de 2018
CULTURA

1/1/2018

Medallas de autor, la monumentalidad del arte en su versión más reducida

Mercedes Bueno analiza en este artículo la importancia de una disciplina con menos visibilidad de la que merece
Redacción
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Andrei Mishin (d) junto a la autora del artículo, Mercedes Bueno
Andrei Mishin (d) junto a la autora del artículo, Mercedes Bueno

Andrei Mishin (Ekaterimburgo, 1964), es uno de esos artistas polifacéticos entre cuya obra más conocida subyace otra tanto o más interesante. Este escultor, afincado en San Petersburgo, crea piezas de pequeño, mediano y gran tamaño, aunque una buena parte de su trabajo se dedica a las medallas, producción que el propio autor define como “de autor”. Las medallas son piezas de un tamaño ligeramente superior al de una moneda, modeladas en relieve. Son pequeñas obras en comparación de cualquier escultura, pero como el propio Andrei Mishin afima, “la monumentalidad del arte no está en su tamaño”. 

Antes de conocer a Andrei Mishin tenía la idea -errónea- de que las medallas eran creaciones artísticas relacionadas con el pasado histórico, generalmente anónimas y alejadas del arte conceptual y contemporáneo. En este punto, hay que recordar que la exonumia es la ciencia que estudia objetos que no son monedas; es una rama de la numismática, ciencia auxiliar de la historia, que se ocupa del estudio de las medallas y medallones honoríficos, condecoraciones, conmemorativos o de identificación.

Las grandes corporaciones, los bancos, museos y universidades, las academias, los colegios profesionales, los ayuntamientos y un buen número de instituciones políticas, económicas y académicas, continúan realizando encargos en la actualidad de placas, relieves o medallas acuñadas o fundidas a los artistas especializados y en los acervos de los museos se incluyen estas obras artísticas. Así en el caso de Andrey Mishin se cuentan sus creaciones medallísticas entre las colecciones de la Galería Tretiakov y el Museo Histórico del Estado de Moscú, en el Museo Británico de Londres, el Museo Estatal Ruso de San Petersburgo, en el Hermitage o en Wel Bode-Museum (Staatliche Museen zu Berlin), entre otros. Andrey Mishín Valerevich ha recibido, entre otros reconocimientos, la Medalla de Plata de la Unión Creativa de los artistas rusos en 2013.

El proceso creativo en una medalla consiste en el modelado en un material blando, imprimiéndole el  gesto tallado, grabado (en ocasiones utiliza la escritura). Una vez concluida esta fase se crea un molde que, posteriormente, es utilizado en la fundición en bronce de las medallas, aplicándoles finalmente una pátina a la pieza ya terminada.

La producción artística de Andrey Mishín, formado profesionalmente como joyero en 1982 en la Escuela Artística y Profesional y graduado en 1992 en Artes por la Universidad Estatal de los Urales,  es extensa y participa asiduamente, presentando medallas en la Artmedal, promovida por el Medallic Sculpture Studio, de la Academia Nacional de Arte, en Sofía (Bulgaria), en las ediciones tituladas: The End y New Creation. Toda su obra escultórica está inspirada en los pasajes bíblicos.

Desde 2007 algunas de sus esculturas están instaladas en la Universidad del Estado de San Petersburgo: el grupo escultórico Getsemaní, Descanso en la huida a Egipto, Lavado de los pies, El beso de Judas, El juicio de Jesús ante Pilatos. De 2009 a 2011, trabaja en la puerta del templo para la iglesia en Izhora. En 2011 participa en la exposición Las puertas del Museo Estatal Ruso. Del 2010  al 2013 trabaja en la serie de medallas titulada La Biblia en las medallas: La serie Nuevo Testamento se compone de 33 medallas. Presenta en el Congreso FIDEM la medalla Piedad y Lavado de los pies. Del 2010 al 2014 trabaja en la segunda parte de la serie El Antiguo Testamento, compuesta por 28 medallas. De 2014 a 2015  realiza la serie de 12 medallas Proverbios de Salomón. Actualmente está realizando una instalación a base de plaquetas de 12,5 x 12,5 cm. hasta alcanzar la longitud diagonal de 222 cm. Se trata de una serie de medallas titulada Cantos de subidas. Cantos graduales inspirados en el Libro de los Salmos a partir del que dice: “Mucho tiempo ha morado mi alma con los que aborrecen la paz” hasta el de “alzad vuestras manos al santuario y bendecid a Jehová” con la que quiere expresar el regreso del cautiverio físico y espiritual, la esperanza y la fe en Dios. 

Las medalla tituladas Descenso al infierno o San Jorge siguen el proceso de modelado descrito al principio; en ellas aparece una figura antropomorfa, con cuerpo y cabeza ladeados y la mirada hacia abajo; en la mano derecha aparece una pieza en forma de huso, probablemente la lanza que aquí aparece exenta y no hincada como es tradicional. La figura parece estar a horcajadas de un caballo en posición rampante, que al igual que sucede en otras piezas emerge de ese fondo brumoso con el que forman un todo. Todo aparece como desdibujado y en un tono gris antracita... ¿será ese el color y la forma de los pensamientos?

Lo imaginario se materializa y toma cuerpo en el arte, previa intervención del artista constructor y comunicador, actuando de catalizador sensible de aquellos impulsos que le hacen vibrar y pretende compartir con el espectador, poniendo al sujeto en acción, enseñarle a dar sus primeros pasos, a ser igualmente profundo, a requerir de la concentración y la compenetración en la recepción de la obra de arte e incluso a mantener la vocación de compartir experiencias.

Sus obras tienen en común la línea curva, envolvente hasta casi llegar al abrazo, pero sin llegar a cerrar el círculo, generando ambientes cálidos e íntimos; aún las grietas que forman parte del fondo-espacio adquiere esa textura orgánica que es fácil asimilar con el tejido de la piel. En ellas existe un diálogo interno, suave y ¿porqué no? musical, abierto frontalmente hacia el espectador, que finalmente decide si entra en la conversación, o no. 

Una medalla, como un retablo o una puerta, es un soporte sobre los que construir o deconstruir, y Mishín demuestra que en cualquiera de ellos, también la medalla, tienen cabida la subjetividad, las emociones y los sentimientos, comunicando y generando nuevos espacios de encuentro, tendiendo puentes emocionales entre el arte, el pensamiento y el individuo; transmitiendo un mensaje que en su caso no es algo obvio, sino que requiere de una acción de introspección y otra de apertura. 

El próximo proyecto artístico de Andrey Mishín tomará la inspiración del ensayo Hojas caídas del escritor y filósofo Vasili Vasílievich Rózanov (Vetluga, Rusia, 1856 - 1919 Moscú, Rusia), considerado representante del neoespiritualismo ruso, de principios del siglo XX, del que transcribo la siguiente frase, que da una idea sobre la línea de pensamiento del autor: “todo el mundo piensa que el alma es un ser. Pero, ¿por qué no música?” (Volek, 1992).   

Finalmente le pregunto a Andrey Mishin su opinión respecto a si el artista puede cambiar el mundo y a la sociedad por medio del arte, cuestión esta a la que responde literalmente: “La misión del artista es ser uno mismo, ser independiente en la vida y en el arte. Hacer pensar al espectador es más importante que los cambios en el mundo y en la sociedad. La evolución es superior a la revolución”. 

Esta reflexión permite adentrarse en que su intención no está en adoctrinar, ni educar al espectador sobre el bien y el mal a través del arte, como sucedía con las mismas representaciones bíblicas que se realizaban en el Alto Medievo. Él prefiere “hacer pensar”, insinuando una idea y dejando el trabajo de la interpretación al receptor.

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