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Martes, 11 de diciembre de 2018
CULTURA

13/3/2018

Tres lustros de trabajo paleontológico que pueden verse en las vitrinas de Dinópolis

Las novedades incorporadas al museo muestran la relevancia de los fósiles hallados por la Fundación
Francisco Javier Millán
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El pie izquierdo de un ejemplar de Turiasaurus, cuya pisada tiene un metro de diámetro
El pie izquierdo de un ejemplar de Turiasaurus, cuya pisada tiene un metro de diámetro

La reapertura de Dinópolis este fin de semana con el inicio de su nueva temporada ha supuesto sacar a la luz buena parte de las joyas paleontológicas que han excavado, restaurado y estudiado los investigadores de la Fundación Conjunto Paleontológico de Teruel durante los tres últimos lustros. Su exposición permanente en las salas del museo que alberga estas instalaciones refuerza más todavía el valor científico y cultural que ya tenía de por sí el mismo anteriormente. En sus vitrinas el visitante encuentra ahora algunas de las páginas más recientes escritas en la paleontología mundial.

Nuevos géneros y especies  irrumpen este año en el parque paleontológico, entre los que figuran algunos de los ejemplares más espectaculares que han aparecido en el registro fósil durante los últimos tiempos, como los nuevos dinosaurios gigantes de la familia Turiasauria descritos por primera vez en la provincia y que han revolucionado la clasificación de estos saurópodos (vertebrados cuadrúpedos de gran tamaño que tenían el cuello y la cola muy largos).

Junto al gigantismo, entre las joyas que se han sumado este año a las que ya se exhibían en las vitrinas de Dinópolis, figuran fósiles más pequeños pero de un gran valor, como el ala fosilizada de una libélula cuyo estudio dio lugar a la definición de una nueva especie.

Este fósil, de la especie Rabru rubra, tiene 245 millones de años y procede de los yacimientos del Triásico Medio de Corbalán. Es el periodo en el que surgieron los dinosaurios y la vitrina que se ha instalado nada más comenzar el recorrido por la Sala de los Dinosaurios exhibe las icnitas de varios vertebrados de esa época geológica tan remota.

En total se muestran casi una veintena de rastros fósiles, impresos en las rocas o bien sus moldes, que fueron dejados por reptiles primitivos emparentados con los dinosaurios y los cocodrilos. 

Chirotherium, Rhynchosauroides e Isochirotherium son los animales que dejaron ese legado hace 245 millones de años, junto a los que se exhibe la sorprendente fosilización en roca del ala de la libélula, cuyos detalles de nervaduras son perfectamente visibles al haber quedado impresos en la piedra con un gran detalle.

Ya en las vitrinas del Jurásico, el periodo que siguió al Triásico y en el que los dinosaurios de gran tamaño dominaban ya por completo los ecosistemas terrestres, el museo ha incorporado 17 vértebras de la cola de un diplodócido sobre el que no se ha definido de momento su especie. Se trata, no obstante, de un ejemplar sorprendente e inesperado porque tiene características muy similares al célebre Diplodocus de Estados Unidos. Nada tiene que ver con otros saurópodos de la misma edad encontrados en Teruel como Aragosaurus y Turiasaurus

 Estos diplodócidos se caracterizaban por tener unos cuellos y colas muy largas, hasta el punto de que las vértebras que se exhiben del ejemplar de El Castellar representan solo una mínima parte de las que tenía. El paleontólogo de la Fundación, Rafael Royo, aclara que el material que se exhibe es solo una parte “de una cola que tendría unas 70 vértebras”. Precisa que las colas de estos animales tenían “forma de látigo y podría llegar a medir unos 9 o 10 metros”.

Hallado en el yacimiento denominado La Tejería de El Castellar, está considerado como uno de los diplodócidos más relevantes encontrados en Europa, y por su tamaño se puede inferir que sin duda tenía una gran longitud, entrando a formar parte de los dinosaurios gigantes que poblaron el planeta en el Mesozoico.

Con otros fósiles de saurópodos turolenses que se han incorporado este año a la exposición permanente, se puede decir que Dinópolis exhibe la mayor cantidad de huesos fosilizados originales de dinosaurios gigantes de Europa.

Al ejemplar de Turiasaurus del yacimiento de Barrihonda-El Humero de Riodeva, que está expuesto desde mediados de la década pasada, se han sumado este año otros ejemplares hallados en el mismo municipio aunque en distintos afloramientos. 

Por un lado se exponen varios huesos de diferentes partes del esqueleto del segundo Turiasaurus encontrado por la Fundación en Riodeva, en el yacimiento llamado Puntal de Santa Cruz y que fue excavado en el año 2004, un año después de que apareciera el del Barrihonda que sirvió para definir un nuevo género.

Estudio fundamental

El estudio del material de Puntal de Santa Cruz ayudó, no obstante, a conocer cómo era el esqueleto axial de esta especie, diferenciándolo así de otros turiasaurios de la Península Ibérica como el valenciano Losillasaurus giganteus. Más pequeño que el primero que se encontró, todo apunta a que se trataba de un subadulto.

En cambio, los restos que se muestran del otro Turiasaurus hallado en el yacimiento de San Lorenzo de Riodeva y excavado entre los años 2007 y 2012, hablan de un ejemplar gigantesco, más grande que el primero que se encontró, robusto y colosal.

Pendiente todavía de publicar científicamente, todo apunta, según los paleontólogos de la Fundación, a que se trata de un saurópodo distinto a Turiasaurus aunque emparentado con él. Una vitrina instalada junto a la réplica del Brachiosaurus procedente de África, exhibe parte de la cola, un gigantesco fémur de 1,92 metros y una tibia de 1,25 metros de longitud.

Las vértebras de la cola rescatadas permiten ver cómo este animal era mucho más grande que Brachiosaurus, motivo por el cual se ha montado al lado de la réplica del dinosaurio africano para que puedan compararse. Del ejemplar turolense se han rescatado una treintena de vértebras de la cola y 22 chevrones, solo una parte. Aun así tiene unos seis metros, y eso que el animal en vida tendría unas 50 vértebras caudales, luego sería más larga todavía, precisa Rafael Royo.

Es una de las piezas más importantes que se han incorporado este año a la exposición permanente, junto al pie completo de un Turiasaurus, de un metro de diámetro, colocada también junto a Brachiosaurus, cuya pisada deja pequeña. Este fósil se exhibió por primera vez en primicia mundial hace dos años en Japón, en una exposición que acogió el Toyohashi Museum of Natural History con la que colaboró la Fundación.

Estos gigantes son las grandes estrellas que se han sumado al Museo de Dinópolis, pero no son los únicos puesto que también se incorporan nuevos fósiles de Dacentrurus, el dinosaurio estegosáurido con placas en el lomo y espinas en la cola, de las que se exhiben varias, y cuyos restos proceden de afloramientos de El Castellar y Riodeva.

También se han incorporado este año otros ejemplares de dinosaurios como los ornitópodos y saurópodos excavados por la Fundación en la localidad de Berdejo en la provincia de Zaragoza, o dos tortugas que han resultado ser nuevos géneros y que están muy completas: Riodevemys inumbragigas, hallada en el Jurásico de Riodeva, y Toremys cassiopeia, del Albiense de Ariño, ya dentro del Cretácico. Del mismo yacimiento se muestra el cráneo original y otros fósiles del cocodrilo Hulkepholis plotos.

Los fósiles originales de Iguanodon galvensis y el relleno de una huella de ornitópodo en 4D muestran igualmente las peculiaridades únicas de algunos de los hallazgos más importantes que se han hecho en la provincia en estos últimos quince años.

Nuevas tecnologías interactivas

Los fósiles de Dinópolis se pueden tocar ahora aunque virtualmente, y de esa forma es posible ampliar el conocimiento sobre los mismos a través de diferentes dispositivos interactivos instalados a lo largo del recorrido por el museo.

Por una parte se ha cambiado el interactivo que había en la Sala del Mundo Acuático donde se encuentran los fósiles de conservación excepcional de Libros. Una pantalla táctil permite al visitante explorar dos de los fósiles emblemáticos de esta vitrina, una rana de Libros y una serpiente de la que se ha podido conocer su color gracias a las investigaciones llevadas a cabo recientemente.

La pantalla interactiva permite aumentar el tamaño del fósil hasta llegar a los 5.000 aumentos, para descubrir así qué fue lo último que comió la rana y entender cómo es posible descifrar el color de la piel de la serpiente.

Otro de los interactivos consiste en una pantalla táctil dispuesta en el mismo cristal de la vitrina en la que se exhiben los fósiles de la nueva especie Iguanodon galvensis de Galve, junto a una icnita ornitópoda 4D procedente de un yacimiento del Cretácico de Alcalá de la Selva (al meter la pata en barro y sacarla, el animal dejó un hueco que, al rellenarse de otro material creó un molde exacto de cómo era y que se ha conservado hasta hoy día).

En la pantalla interactiva que se maneja desde la vitrina es posible indagar en los yacimientos de la especie galvensis y en la denominada guardería.

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