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Domingo, 24 de junio de 2018
CULTURA

14/6/2018

Tenor Andrés Marín, el teatro turolense de las tres polémicas

Serafín Aldecoa desvela nuevos datos sobre el nacimiento del edificio
Miguel Ángel Artigas
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Serafín Aldecoa durante la intervención que protagonizó en el Teatro Marín. M. A.
Serafín Aldecoa durante la intervención que protagonizó en el Teatro Marín. M. A.

El 29 de mayo de 1918 se inauguró el nuevo y flamante Teatro Andrés Marín de Teruel, un equipamiento de cuya construcción tuvo que ocuparse la iniciativa privada y que generó no pocas polémicas en la sociedad turolense, no solo por la elección del nombre, sino también y sobre todo porque su construcción enfrentó dos concepciones distintas y, en algunos casos excluyentes, de la arquitectura: el modernismo europeizante de Pablo Monguió y el neomudejarismo historicista de Antonio Rubio.

Sabido es que el primero construyó el Teatro y que el segundo fue responsable de su restauración tras la guerra civil. Lo que no se conocía hasta ahora es que, según el historiador Serafín Aldecoa, el Casino Turolense convocó un concurso para el proyecto del nuevo teatro al que ambos concurrieron. ¿Adivinan quién ganó? Error. El concurso quedó desierto. 

Investigación inédita

La existencia de un concurso público para construir el Teatro de Teruel fue uno de los aspectos que Serafín Aldecoa abordó este martes en la charla que se celebró en el propio espacio escénico para conmemorar su primer siglo de vida. 

De hecho, según el investigador turolense la existencia de ese concurso era hasta ahora inédito. “Nosotros sabíamos que la construcción la hizo Monguió, pero a través de una investigación, a través sobre todo de prensa histórica, he descubierto que en febrero de 1915 se convocó un concurso para elegir un proyecto”, explica Aldecoa. A ese concurso concurrieron al menos dos arquitectos, Pablo Monguió y Antonio Rubio, pero curiosamente cuando se resolvió, en diciembre de ese año, no ganó ninguno porque se declaró desierto. “No se especifican las causas exactas, sencillamente se dice que ninguno se ajustaba a las bases del concurso. Así que no se dio el premio de 4.000 pesetas”. Sí que se dieron dos accésit, de 1.000 pesetas a cada uno, a Monguió y a Rubio, porque según se desprende de la prensa de la época ambos proyectos “se consideraron de gran calidad”. 

Pero la cosa no acaba ahí, y es que poco más de un año después, cuando la junta del Casino decide emprender las obras del Teatro pidiendo un empréstito de 150.000 pesetas, en marzo de 1917, se elige el proyecto de Monguió. “No está claro por qué se escoge el suyo y no el de Rubio”. Quizá porque Monguió tenía más prestigio, sobre todo en Teruel donde ya había construido muchos de los edificios que se harían paradigmáticos en Teruel.

En cualquier caso, la decisión no debió de sentar nada bien a Antonio Rubio, que no solo rivalizaba con el catalán profesionalmente sino también conceptualmente. “Antonio Rubio”, explica Aldecoa, “era partidario de una arquitectura historicista basada en el neomudéjar, mirando hacia atrás en la historia de Teruel, mientas que Monguió representaba lo contrario, la visión modernista y renovadora de inspiración catalana y europea”. 

El caso es que el 29 de mayo de 1918, algo aprisa y corriendo para hacerlo durante las Ferias de San Fernando, se pudo inaugurar el nuevo Teatro. La obra elegida fue El señor Pandolfo, y según recoge la prensa histórica consultada por Aldecoa fue un fiasco “y sembró polémica, porque al parecer era una obra bastante frívola y todo el mundo la consideró indigna de una inauguración tan esperada en Teruel”. 

Dos meses después, en agosto de 1918, “la junta del Círculo de Recreo Turolense, popularmente conocido como el Casino Turolense –para diferenciarlo del Casino Mercantil, que estaba reservado a las clases menos pudientes– arrendó el casino al primer empresario, cuyo nombre todavía no conocemos, por desgracia”, explicó  Aldecoa. “Le pagaron 5.000 pesetas al año durante tres años prorrogables, y entre las condiciones estaba organizar 40 espectáculos, entre óperas, zarzuelas o comedias, al año, además de dos bailes en Carnaval y uno para la Feria de San Fernando, y reservar  siempre un palco para el Gobernador y su familia, que estaba obligado por ley”. 

El Teatro Principal

Durante la charla que  ofreció Serafín Aldecoa en el Casino, en el contexto del Centenario del Marín, el historiador de Monreal también habló sobre el precedente del Teatro. “El Casino se planteo la necesidad de construirlo porque el que había entonces estaba casi en ruinas”. Era el Teatro Principal, de titularidad municipal y situado en el actual edificio de Correos en Yagüe de Salas. En 1915 prácticamente estaba en desuso por las goteras y las malas condiciones. Entre 1918 y 1924 los dos edificios, el Marín y el Principal, coexistieron aunque el segundo de ellos posiblemente ya no se utilizó más, hasta que en ese año fue derribado. En 1930 el solar lo ocupó el edificio de Correos, que nació ya con esa función. 

Además del encontronazo conceptual entre Pablo Monguió y Antonio Rubio, y el estreno de El señor Pandolfo que la prensa de la época descalificó por ser de poco nivel, el Teatro Marín generó una tercera polémica nada más nacer. Fue la cuestión del nombre. Hubo tres corrientes de opinión; la primera apostaba por Teatro Turolense, la segunda Teatro Amantes de Teruel y la tercera Teatro Andrés Marín, de la que Francisco Ferrán, presidente de la junta del Casino durante la construcción del edificio fue principal valedor. Según Aldecoa, Ferrán debió de dejar por escrito que el Teatro debía llevar el nombre de Marín, el prestigioso tenor turolense que había muerto 20 años atrás, en 1896. En cualquier caso y según las fuentes documentales de la época, la decisión se tomó por votación, y por muy escaso margen ganó la opción del Tenor Marín sobre la de los Amantes.

La venganza de Rubio

La inclinación al historicismo neomudéjar que caracterizaba a Antonio Rubio sobre la modernidad de Monguió se aprecia bien en algunas de las obras que el andaluz realizó en Teruel en años posteriores a la construcción del Teatro, como la propia fachada del Casino, acometida en 1922, “probablemente porque Monguió ya no estaba en Teruel entonces” o el actual edificio de Correos de 1930, en las que reinterpretó el ladrillo y las formas geométricas del mudéjar. 

Pero también se aprecia en el interior del propio Teatro, ya que en 1940 le llegó el momento de la revancha a Rubio, encargado de la restauración del edificio tras la guerra civil. “Rubio respeto la estructura del edificio, pero cambió bastante la decoración interior, dándole ese toque neomudéjar que él quería para el Teatro”. El resultado fue bastante ecléctico, pero se aprecia muy bien el  neomudéjar en algunos elementos, como las lámparas del techo.

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