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Sábado, 22 de septiembre de 2018
COMARCAS

27/8/2018

Hemeroteca: La utopía que nació en Jorcas con la banda sonora de José Antonio Labordeta

Hace más de 40 años del verano del "despertar de conciencias" de un grupo de jóvenes
Elisa Alegre
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Artículo de DIARIO DE TERUEL que abogaba por recuperar el espíritu de la utopía
Artículo de DIARIO DE TERUEL que abogaba por recuperar el espíritu de la utopía

 

En estos días de agosto de pueblos llenos nadie quiere pensar en el otoño silencioso, en cómo quedan las calles cuando no hay apenas niños que corran por ellas, ni en las casas cerradas que tendrán que esperar meses para que los vientos frescos ventilen el pesimismo y la tristeza. Cuando vivimos el espejismo del verano que revive el medio rural, recordamos gracias al periódico la “utopía que nació en Jorcas”, a la que José Antonio Labordeta puso banda sonora y que alimentó su mito.
Hace ahora 25 años que Rafael Gómez Galindo escribía un artículo en DIARIO DE TERUEL titulado “Recuperar la utopía que nació en Jorcas”, en el que reflexionaba sobre lo que se puede y no se puede hacer en una tierra que ha sido esquilmada de un importante factor humano. De aquellos que emigraron nació lo que denomina “la segunda generación”, a los que el pueblo les queda un poco más lejano. Sería muy majo que no rompieran el cordón umbilical con esta tierra que debía haber sido la suya, escribía en aquel artículo.
Expresaba la necesidad de volver a sembrar la semilla de otra pequeña utopía como la vivida en Jorcas en 1975, nacida de la reflexión de cuál es la realidad y cuáles las posibilidades, habida cuenta de los medios de que disponemos. Animaba a romper el cascarón y abrirse a todo lo que viene de fuera, sin recelos, sin suspicacias.... Las soluciones más verosímiles son las que pueden legar del exterior. Lo llamaba él una tarea de apertura, de postergación del miedo y el pesimismo, es donde el encuentro de “los que se quedan” y “los que se van” (en palabras del cantatuor José A. Labordeta), de “la segunda generación”, puede aportar su granito de arena. Contamos con un factor humano nada despreciable.

La segunda utopía
Destacaba el autor en aquel artículo los encuentros comarcales que habían puesto en marcha en Jorcas para complementar las fiestas, justo un año antes, en 1992, coincidiendo con el homenaje a Luis Vicente Ariño, fallecido a principios de aquel año histórico para España, y uno de los nombres destacados de aquella primera utopía. Ariño se convertiría en uno de los grandes amigos de José Antonio Labordeta, el cantautor aragonés que llegó un 15 de agosto a actuar a Jorcas gracias a un grupo de aquella “segunda generación” que pensó que algo tenía que hacer para frenar ese pesimismo.

Joaquín Carbonell, compañero de hazañas musicales y rurales de José Antonio Labordeta, relataba vívidamente en un artículo publicado en El Periódico de Aragón cómo fue aquel encuentro entre el cantautor y los jóvenes jorquinos.

Hablaba de un pequeño grupo de jóvenes, encabezados por Luis Ariño y Lucía Pérez, que acudieron a un concierto de Labordeta en el teatro Valencia Cinema. A mitad del recital, Luis Ariño recibió una inspiración cuenta Carbonell. Vio que la sala estaba a reventar y que el público seguía con pasión todas las canciones de ese señor mayor que cantaba a los leñeros, a los masoveros y a los llegadores de las olivas. Luis se dio cuenta de que el profesor comprendía la esencia de esa tierra abocada a la desesperación por la falta de recursos. Luis comprendió que Labordeta podía entender su angustia....
Así que todos en grupo acudieron al camerino al acabar el concierto para convencerle de que acudiera a actuar a Jorcas para las fiestas, a pesar de que no podían pagarle. Cuenta el relato de Carbonell que el entusiasmo de aquellos jóvenes convenció a Labordeta, que en un bar donde les invitó a un bocadillo llamó por teléfono a su representante para cancelar la actuación que tenía prevista aquel 15 de agosto para poder actuar en Jorcas.
Labordeta acudió ese año y acudió todos los agostos en las fiestas de la Virgen. Alguna vez nos invitó al resto de colegas, y la Bullonera y yo mismo le acompañamos en el escenario en ocasiones. Nunca nadie cobró. Él sobre todo. Recuerda Carbonell en ese artículo también la repentina muerte de Ariño en 1992 y cómo lloró el pueblo la pérdida del cantautor en 2010. Labordeta siempre perteneció a Jorcas y Jorcas llevó siempre en el recuerdo la figura de aquel profesor que conocieron en Valencia.
Si los homenajes al cantautor tras su muerte recorrieron Aragón, Jorcas desde luego lo sintió como pocos. El pueblo homenajeó al artista en 2011, justo un año después de su muerte, como contó este periódico, que recordaba en un reportaje la última actuación de Labordeta en Jorcas, en 1999, cuando acudió casi para despedirse del pueblo al que había acudido de manera ininterrumpida cada mes de agosto durante 20 años, desde 1975 hasta 1995.

Homenaje
En el reportaje publicado con motivo de ese homenaje, la periodista M.C.Aguilar recordaba cómo Labordeta definía su historia con Jorcas como “una relación de amor y tristeza, como la vida misma”, en una entrevista concedida al periódico en 1999.
Recordaba aquel primer concierto subido a un remolque forrado con la bandera cuatribarrada, y bajo un cartel en el que se leía “Esta tierra es Aragón”. Aquel primer concierto tuvo que superar también el obstáculo de la censura, en unos tiempos en los que Labordeta cantaba a la libertad frente a quienes querían callar las bocas que lo hacían. “Había más guardias civiles que público” recordaba de ese primer concierto el propio Labordeta años después.
Cuentan que en aquel concierto las autoridades obligaban al artista a cantar solamente una lista de canciones previamente autorizadas, pero que Labordeta acabó saltándose la censura y entonando su himno a la libertad, ante el asombro y estupor de aquella sociedad temerosa tras décadas de férrea dictadura.Jorcas alimentó al símbolo en el que se convirtió Labordeta ya en vida, y del que quedan las mejores enseñanzas tras su muerte. Este periódico contaba también la emoción con la que vivieron los jorquinos el homenaje que la localidad le rindió en 2011 coincidiendo con el primer aniversario de su muerte: Más de 500 gargantas, una sola voz se titulaba la crónica de aquel día, firmada por Ana Bardají. Las letras de la Albada o del Canto a la Libertad o las estrofas del poema dedicado a Teruel colgaban de las paredes de las viviendsa de la calle Mayor de Jorcas. Todos los vecinos habían elegido algún texto de Labordeta y lo habían plasmado en un gran folio en blanco para convertir la calle principal de la localidad en un paseo dedicado al cantautor. Era una forma de agradecer a Labordeta su “fidelidad a Jorcas” como explicaba entonces Lucía Pérez a la periodista.

Paseo dedicado
Hace justo un año, en 2017, el pueblo le recordaba dando su nombre a un paseo por el que los jorquinos acostumbran a ver el atardecer en los días de verano. Ese fue, precisamente, el camino por el que él entró por primavera vez acompañado por Luis Granell, como recordaba Lucía Pérez, una de aquellos jóvenes que convencieron a Labordeta para ir a actuar a este pequeño pueblo, según recordaba este periódico en la noticia del pasado verano.
Jorcas tuvo de este modo su mito de carne y hueso, la imagen de la utopía que impulsaron un grupo de jóvenes para luchar contra el derrotismo en los pueblos sobre el que alertaba Rafael Gómez Galindo, en el artículo con el que empezábamos esta Hemeroteca al Día. Ese es el sentimiento que nos podría invadir, si ante la profunda problemática de esta tierra nos dejamos arrastrar por el pesimismo”.

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