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Lunes, 17 de diciembre de 2018
ENTREVISTAS

3/12/2018

Jaume Funes, educador, psicólogo y periodista: “Los adolescentes detectan formas atractivas de actuar y de vivir”

Redacción
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Jaume Funes, un bilbilitano ayudando toda su vida a la adolescencia. C. Gurpegui
Jaume Funes, un bilbilitano ayudando toda su vida a la adolescencia. C. Gurpegui

Jaume Funes invita a que los adolescentes sean “moderadamente responsables”, porque educamos para que sean felices con una mínima dosis de locura. Quiéreme cuando menos me lo merezca... porque es cuando más lo necesito (Paidós) es su nuevo volumen, cuyas claves expone en una entrevista de Carlos Gurpegui.

-El título se debe a un pasaje del Dr. Jekyll en la novela de Stevenson. Dualidad, pues usted afirma que son monedas de dos caras.

-Sí. Y casi siempre la cruz toca en casa y la cara fuera. Los adolescentes pasan rápidamente de la tempestad a la calma, nos desconciertan, nos quieren y nos lo hacen pasar mal. Son extraordinariamente competentes y responsables, y en el momento siguiente pequeños desastres… No podemos quedarnos solo con la cruz.

-A veces el verdadero monstruo es el mundo adulto, que no hace por escuchar al adolescente.

—Aunque suene a frase hecha no existe problema adolescente sino problemas de los adultos con los adolescentes. No todas las personas adultas soportan que las pongan en crisis, les muevan la silla, les descubran su incoherencia y su hipocresía. No podemos dejar de interrogarnos sobre el joven que quisiéramos que fuesen cuando se acabe su adolescencia.

-¿Le falta humor o le sobra insensibilidad al adulto? A veces los mayores olvidamos que fuimos niños primero y jóvenes después.

-No sabemos o no queremos aceptar la envidia que sentimos. No reconocemos que, gracias a nosotros, pueden llegar a ser incluso mejores que nosotros.

-¿Es la etapa de la vida más mágica, más utópica y más vulnerable?

-Solo puede ser una etapa de descubrimientos, de explorar los mundos desconocidos, los bosques que hay más allá de la escuela y la familia. También es una etapa de las primeras veces, de los ensayos y pruebas que ya no volverán a ser iguales. Pero, todo eso lo hacen sin mapa, sin equipaje… sintiendo que pueden con todo y, a la vez, angustiados  por lo desconocido. No debemos impedirlo sino hacer posible que se protejan, poner el árnica en las heridas, hacer que otros adultos les ayuden a aprender. Como digo en el libro, no podemos hacerlos adultos antes de hora.

-También son sujetos desconcertados que sufren. ¿Dónde deposita el adolescente su malestar?

-En el cuerpo que les descoloca y no resulta cómo querían, en las confrontaciones con mundos adultos rígidos como la escuela, en las confrontaciones con el diferente, en la búsqueda de experiencias que les hagan sentirse calmados… Pero también buscan el bienestar, el sentirse queridos, el querer, los descubrimientos de otras felicidades…

- ¿Cuál es la distancia adecuada para apostar por su felicidad?

-Para ellos y ellas son tiempos que obligatoriamente han de ser felices. No hay por qué amargarles la vida. Pero hay que garantizar la dosis variable elemental de experiencias felices, y la gestión la realidad y sus puñeteras frustraciones. Insistir en que su felicidad o infelicidad tiene que ver con las felicidades de otros. Pero todo eso tiene que ver con nuestras incoherencias adultas y nuestras falsas felicidades.

-Si como usted dice son exploradores, ¿cuál es su mochila, mapa y brújula? ¿Las mismas que nosotros teníamos entonces?

-Alguna sí. Otras muchas no. La brújula hoy es GPS. No les podemos trazar el camino seguro sino ayudarles a que vayan dibujando el mapa de los recorridos que van haciendo, conseguir que de la dimensión desconocida vayan quedando rastros, vivencias, saberes que harán servir en las próximas etapas. Y están esos adultos próximos y positivos que les ayudan a aprender de lo que viven.

-¿Cómo educar entonces desde la trastienda?

-Aceptando que lo saben todo pero que les hemos de ayudar a descubrir lo que no saben, sin que tengan que reconocérnoslo… Sabiendo que tardarán años en darnos las gracias.

-A más normas, más conflictos. Hay padres y maestros que se pasan en esto de la sobreprotección. ¿Lo que llamamos riesgo es para ellos siempre un atractivo?

-Ellos y ellas detectan formas atractivas de actuar y vivir. De la mayoría de los riesgos no vale la pena disuadirlos. Hay que ayudarles a que los gestionen, a que descubran que a veces es puro márquetin de sus amigos. A comprobar que el alucine vital se puede conseguir de otras maneras. 

-¿Qué es lo más bello que le ha pasado en su trato a fondo con la adolescencia?

—Descubrir que chicos y chicas a los que nadie aguantaba, que destruían sus vidas, encontraron su lugar en el mundo cuando les acogías sin condiciones y volvías a creer en ellos y ellas. Comprobar que las batallas contra un sistema penal fuera de lugar o una escuela academicista que los expulsaba servían para recuperar adolescencias. Un día, una adolecente de una clase a la que acudí a presentar mi libro Álex no entiende el mundo me envió un mensaje diciéndome: “Parecía mentira que un hombre de tu edad nos entendiera y hablara nuestro lenguaje, pero fue real”.

—¿Se puede ser adolescente sin iPhone? 

—No. Ya no hay adolescente sin smartphone, sin conexión, sin redes. Pero mejor que no sean adolescentes del último aparato, el más costoso y el que define al pijo o pija del momento.

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