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Sábado, 22 de septiembre de 2018
SUBURBIOS DEL ABISMO
Javier Hernández

1/8/2018

Héroe Matallanas

Un mundial de futbol es la puesta en marcha a todo vapor, velocidad y ritmo frenético de la maquinaria mediática, con ello se pone en funcionamiento la televisiva y a su vez la comercial, cuotas de pantalla, dividendos y share son los temas que se van encadenando. Luego están Cristiano, Messi, Alemania a la que no conviene dar por finiquitada nuca, Piqué, Fernando Hierro, el VAR y James con Colombia.
Quien me lea habitualmente sabe que la opinión generalizada que tengo sobre la prensa deportiva española, es mala, tirando a malísima, y si menciono a Lama y Pedrerol mejor apaga y vámonos. Hace poco me decía una amiga mía periodista de esas que son periodistas con fama mundial y que presentan espacios radiofónicos de gran audiencia “No te olvides que todo obedece a una estrategia de audiencias”. Soy consciente pero creo que informar no está reñido con cortejar audiencias, es más creo que sería el motivo para atraerse al global seguidor y aficionado, y en todo esto hemos vivido un Mundial de futbol en el que cada aficionado al futbol con equipo disputando la cita rusa, ya desempolvó su uniforme mental de seleccionador, de esta manera hemos tenido cientos de millones de ellos incluyendo a los italianos que aunque no han estado en el Mundial, son los que inventaron este término y justo es reconocérselo.
Por todo y por ello, un mundial invita a la polémica, al análisis de mil jugadas, al enjuiciamiento y si dejamos a más de cuatro, a la prisión preventiva para el portero de Argentina o para el de España que cada cual tiene su momento para la penitencia el dolor y el escarnio. El mundial de futbol es escenario de héroes y de villanos, de entrenadores que no tienen ni idea para el resto de millones de seleccionadores que hay en cada país y de árbitros que se entregan supuestamente a oscuros negocios. En cierta medida, un mundial como tantos eventos de este mundo lo que fabrica es Héroes de papel ¿Quién se acuerda de Lato? Posiblemente nadie y en cierta manera el salto generacional lo haga imposible. Yo sí me acuerdo de Grzegorz Lato, fue el máximo goleador del mundial de 1974 con su Polonia, aquel mundial que mi generación vio por primera vez en color, en la tele que instalaron en el Pedralba, o en la que puso Televox en sus escaparates.
Fue Lato uno de los héroes de ese mundial, y en este pues no sé a que carta quedarme, pero cada cual habrá identificado al héroe y al villano porque sin héroe no hay villano y a la inversa, como sin Madrid no hay Barça y sin Perlas no hay niños reyezuelos. Pero independientemente de lo que dicte el manual mediático, yo ya elegí héroe, en la plena consciencia de que nado a contracorriente y que elijo terrenos donde yo me meto y yo salgo. Mi héroe del Mundial de Rusia ha sido Carlos Matallanas, el día 23 de junio leía en el diario As un artículo titulado “A ver quién es el guapo que gana este Mundial”. Me pareció lo más certero que he leído en tiempo y en opinión sobre una noticia deportiva. Con una elocuencia sublime Carlos puso en letra todo lo que este Mundial de futbol iba a ofrecer como cambio de una manera de entender este tipo de competiciones, un recorrido que conforme iba leyendo me hacía sentirme absolutamente identificado con cada línea y cada reflexión, y con la sencillez de llamarle a cada cosa por su nombre de manera elocuente si se me permite la reiteración. Yo leía a Carlos ya cuando escribía en El Confidencial, incluso estuve informativamente al corriente de cuando en 2014 anunció que padecía ELA, luego he visto su blog y cómo Pablo Olivares, uno de los creadores del Ministerio del tiempo que falleció en 2014 por esta enfermedad, cedió su ordenador que le permite seleccionar letras con las pupilas. Tuve la inmensa suerte de estar en febrero en Valencia en un congreso de la Universidad con su hermano Javier Olivares. Hoy cuando leemos en As los artículos de Carlos, se nos recuerda que padece ELA y que escribe sus artículos con las pupilas.
La vida está llena de vicisitudes, cada uno en un camino.  Nuestras vidas en ocasiones nos parecen pesos difíciles de soportar, quizás porque una de las tendencias que el ser humano mejor desarrolla es la de mirarse el ombligo. Uno ve el mundial de futbol y todo su alrededor lleno de camisetas, cañas, hora del partido y necesidad de un héroe, dicen que el de 1986 consagró a Maradona, el de 1958 a Pele y el de 2010 a España, pues a Maradona la consagración le alteró primero el metabolismo y luego las neuronas, lo de Pelé y España tiene mejores tintes románticos, pero Rusia 2018 para mí ha tenido a Carlos Matallanas como ese goleador al que admiro, ese central seguro y visionario y ese técnico de la estrategia adecuada, porque Carlos Matallanas nos da a diario lecciones que al menos debemos conocer. Debemos ser conscientes de lo que estos maestros nos enseñan. Sin ir más lejos comparto espacio de opinión en este periódico con Elena Gómez a la que siempre leo con atención y todo esto me hace pensar que cuantas más amplias tengamos las miras como sociedad hacia quien hace de la adversidad propia una útil enseñanza para todos, seremos capaces de hacer de la convivencia algo que genere un infinito buen rollo. 

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