Algunos parece que se enteran ahora de que hubo y hay republicanos de derechas y de que la República no fue perfecta o de que en el bando republicano también se cometieron atrocidades. Ser republicano no proporciona un barniz ni consiste en una pócima que te proteja contra todas las maldades del ser humano.
En el bando republicado hubo buena gente, mediocres, hijos de puta y asesinos. Lo mismo que en cualquier colectivo numeroso de personas. Pero esa constatación no debe ser justificación para pretender enterrar el pasado y olvidarse de todo. Algunos incluso llegan a afirmar que si hubiera ganado el otro bando, hubieran hecho lo mismo. Yo no lo sé, pero si sé que a las personas se las juzga por lo que han hecho o hacen y no por lo que uno cree que hubieran hecho o pueden hacer. Los ganadores de la guerra, durante, y lo que es peor, después de su finalización, siguieron torturando, matando y despreciando a los que la perdieron. Durante muchos años. A sus muertos los enterraron, homenajearon, canonizaron, beatificaron y santificaron. A los supervivientes, les adjudicaron estancos, porterías de fincas urbanas y alcaldías a dedo. A los perdedores que no torturaron, encarcelaron o asesinaron, los dejaron pudrirse en el silencio y en la vergüenza. Las pocas víctimas del franquismo que sobreviven y sus familiares, no piden venganza, no quieren que les pongan porterías ni estancos. Piden que se localice a sus muertos enterrados en cunetas y que se les dé una sepultura digna, la que elijan los familiares. Que se anulen los juicios sumarios a los que fueron sometidos. Y que el Estado democrático, el Parlamento nacional y todos los parlamentos autonómicos, condenen las atrocidades del franquismo y pidan perdón a las víctimas.