
El amor a la labor investigadora es fundamental para ser un buen científico, así lo destacó el bioquímico Santiago Grisolía que cerró las jornadas sobre Amor y ciencia en Teruel con una conferencia de homenaje a su maestro Severo Ochoa y a la esposa de éste, Carmen García Cobián, sobre los que destacó que tuvieron “una unión muy larga y muy afectuosa”.
“En primer lugar, la ciencia es amor. Si realmente no tienes amor por ello no eres un buen científico y don Severo era un gran científico y naturalmente tenía también la ayuda fundamental de su esposa”, destacó Grisolía quién recordó que García Cobián “ayudó mucho en todos los sentidos” a Ochoa.La noticia completa, en la edición impresa.
LO +