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Alguna cola y ambiente distendido en la reapertura del mercadillo de Alcañiz Alguna cola y ambiente distendido en la reapertura del mercadillo de Alcañiz
Compradores y vendedores usaron mascarillas y la Policía Local instaló vallas para asegurar las distancias

Alguna cola y ambiente distendido en la reapertura del mercadillo de Alcañiz

Alegría entre los clientes por poder comprar otra vez la fruta y verdura fresca “de toda la vida”

“Esto es como la cola del Dragon Khan en Port Aventura”, dice a voz en grito Ramón Valero, vendedor  de frutas y verduras de Xerta (Tarragona), que acaba de volver a Alcañiz tras más de mes y medio apartado de sus clientes. Pepe, un alcañizano que acaba de llegar con la mascarilla puesta se abre paso entre las vallas que ha colocado el Ayuntamiento frente a cada puesto de alimentación y espeta: “¡Esto es como un laberinto!”.

El mercadillo de los martes de Alcañiz regresó ayer por la mañana después de mes y medio. La reapertura fue más reducida que nunca, pero con un palpable ambiente de  reencuentro entre comerciantes y clientela. La felicidad de volver a verse las caras se notaba no sólo en los vendedores de productos alimentarios -solo este sector estuvo autorizado a acudir a la reapertura- sino también en los compradores, familias acostumbradas a consumir frutas y verduras frescas cultivadas, la mayor parte de ellas, en las huertas de Tarragona y Castellón. Echaban de menos esos productos que llevan comprando a sus fruteros y verduleros de toda la vida.

La decisión municipal de reabrir el mercadillo se ha llevado a cabo bajo restricciones de distanciamiento y seguridad. Solo se ha autorizado a los puestos de alimentación a regresar (con un máximo de 10), es decir el 25% de la capacidad total. Y ayer solamente cuatro acudieron a la reapertura, tres de frutas y uno dedicado a la venta de encurtidos, pescados y carnes curadas. Había previsión de que lo hicieran seis, pero un puesto de fruta y otro de pollos a l’ast no estaban. Y se les echó en falta.

El suelo se marcó para garantizar las distancias de seguridad. Un policía local estuvo hasta media mañana de guardia vigilando que tanto clientes como vendedores cumplieran con las normativas establecidas para este inicio del mercado: llevar guantes y mascarillas, tener dispensador de gel hidroalcohólico y una papelera para depositar pañuelos, guantes y otro material, evitar la manipulación de dinero y alimentos simultáneamente y que los clientes mantuvieran las distancias de seguridad, para lo cual se habilitó un pasillo vallado en forma de laberinto para que la fila fuese de a uno. También estaba completamente prohibido que los clientes manipularan la fruta y la hortaliza.

El mercadillo se montó en la calle Miguel Fleta, dado que el número de puestos era muy inferior al habitual y no merecía la pena cortar la Ronda de Caspe como otras veces. Además, para mayor seguridad, se habilitó un pasillo de más de dos metros para que los compradores pudieran desplazarse manteniendo las distancias.

En cualquier caso, no hizo falta que se advirtiera a la clientela de las normativas de distanciamiento. Todo el que acudía a un puesto, se colocaba a distancia del resto y esperaba su turno frente a los puesto. 

Fruta y verdura fresca

El que regenta Ramón Valero, de Xerta (Tarragona), era uno de los más concurridos de la mañana. Después de un mes y medio sin ver a su verdulero de siempre y probar sus frutas y hortalizas, los clientes de Ramón acudieron a comprarle los cítricos que cultiva en Xerta y la verdura de primera calidad que traía todas las semanas. Aunque no todo el mundo ha estado mes y medio sin sus productos, porque las dos últimas semanas Ramón repartió a domicilio en la clientela que consiguió localizar por teléfono. “La gente me llamaba y me pedía producto; y yo les decía que no podía salir, pero al final había tantos clientes que me lo pedían que decidí hacer un reparto a domicilio en Alcañiz, Calanda, Andorra y Valderrobres”, que son las tres localidades en donde vende durante la semana.

A Ramón el mes y medio de confinamiento hasta dice que le ha ido bien “para poner la finca de naranjos al día, porque es donde tenemos plantados los cítricos y la verdura”. El resto de la fruta la compra en Castellón y Benicarló, y luego la vende por los pueblos de la provincia de Teruel. Hasta hace un año “iba a Sant Boi del Llobregat y Viladecans, en Barcelona, pero ahora ya no, solamente reparto la fruta en los colegios” de la zona del Bajo Aragón, comentó.

También Lacens y Labib, que venden fruta y verdura en sus respectivos puestos, reconocieron que tenían “muchas ganas de salir y empezar a recuperar la normalidad”, según explicaban mientras atendían a su cola de compradores. Para ellos también fue su primer día de salida tras el confinamiento. 

En primera linea del mercadillo estuvieron también Marí Carmen Benítez y Ángel Dellá, que tienen quesos, embutidos, bacalao y aceituna. Regresaron ayer a Alcañiz desde Campredó (Tarragona), un pueblecito al lado de Tortosa, donde los mercados llevan abiertos ya hace unos cuantos días, según contaron.

“La gente se va acercando poco a poco, y supongo que muchos no saben que se ha abierto el mercadillo, porque es el primer día”, calculaba Ángel Dellà, a quien el cierre decretado por el estado de alarma le cogió en la mejor temporada, “porque en Semana Santa se vende mucho bacalao, y justo se cerró antes”. No obstante, como todo su género es curado “y tenemos cámara en casa”, no tuvo que tirar nada.

Labid, que viene de Andorra, explicaba desde detrás de su puesto de frutas que “hay ganas de volver a vender”, pero reconocía que también tiene “miedo a que la gente no quiera comprar, porque la venta o sale o no sale, y si compras el género y no se vende tienes un problema”, añadía  el joven marroquí.

Un poco más abajo vendía  Lacen, que tiene tienda en Tortosa y acude todos los martes al mercadillo alcañizano. También era la primera vez desde que comenzó el confinamiento que sacaba el camión cargado de verduras y cruzaba la provincia, ya que hasta ahora se ha limitado a repartir de pueblo en pueblo por los alrededores de Tortosa.

Compradores habituales

También los compradores habituales se tomaron la reapertura del mercadillo con ánimo. Puntual a la cita con su verdulero “de toda la vida” acudió Carmen Vilalta. “Lo he echado en falta durante todos estos días, porque la frescura de la verdura y el servicio que aquí te dan no lo encuentras en los supermercados”, dijo. 

Lo mismo que Antonio y Fina, una pareja que salía cargada con tres o cuatro bolsas del puesto de Ramón Valero. A ambos les sirvió a domicilio la semana pasada. “No se puede comparar la calidad de esta fruta y verdura recién cogida con lo que nos venden en los supermercados, y ahora, después de tanto tiempo, se echaba en falta”, valoraba Fina, que aseguraba no echar en falta el bullicio de los otros martes en este mercadillo, que ayer parecía desangelado sin los puestos de ropa que atraen a muchísimos compradores otras veces.