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Diez niños saharauis dejarán el desierto natal para pasar dos meses de vacaciones Diez niños saharauis dejarán el desierto natal para pasar dos meses de vacaciones
Algunos de los niños saharauis en la sede de Asaps de Andorra tras un largo viaje. Sara Giner

Diez niños saharauis dejarán el desierto natal para pasar dos meses de vacaciones

La asociación ASAPS lleva ya 22 años favoreciendo que estos chicos disfruten aquí del verano

Desde hace más de veintidós años, la asociación Acción Solidaria de Ayuda al Pueblo Saharaui (ASAPS) ha traído niños de 7 a 12 años al Bajo Aragón a través del programa “Vacaciones en paz” para que pasen dos meses de verano en nuestro territorio. Aunque el número de pequeños ha descendido bruscamente en la última década, en esta ocasión han conseguido ubicar a diez niños con familias de Albalate del Arzobispo, Utrillas, Monreal del Campo, Calanda, Alcorisa, Aguaviva, La Ginebrosa, Cretas y Mas de las Matas. 

“En 2008 llegamos a tener 55 niños en nuestra contornada, pero la crisis ha hecho retraerse mucho a las familias. Nos preguntan habitualmente por el coste, que en realidad no les supone ninguno, salvo como cualquier otro miembro más de la familia porque la asociación y la DGA se encargan de los gastos de estos niños. Si van al médico aquí son como uno más en la seguridad social, por lo que las familias no deben de tener ningún miedo”, explica Obdulia Sesé, miembro de la junta directiva de ASAPS.

La asociación es quien se encarga de solicitar ayudas para costear los billetes de avión de los pequeños, y aunque estaba previsto que viniesen a España el día 21 de junio, su llegada se retrasó por problemas burocráticos. “Vienen cinco días tarde debido a que Gobierno no había firmado la orden de entrada de los niños saharauis”, declara Pilar Mindán, secretaria de ASAPS. 

El miércoles 25 a las cinco de la tarde dejaron sus casas y se despidieron de sus familiares, y tras horas de espera en el aeropuerto, y el vuelo hasta Zaragoza, llegaron a Andorra el jueves a las once de la mañana. “El viaje ha sido un poco largo desde el Sáhara, pero me gusta mucho venir aquí y por eso es mi tercer año. Allí ahora hace mucho calor, y aquí puedo jugar con otras chicas o ir a la piscina”, cuenta Nasra Hameti, de 13 años, mientras espera con ilusión para reencontrarse con su familia de acogida de Aguaviva y rememora algunos de las comidas que más le gustan de España.

Justo detrás de Nasra, se sienta Mohamed Kauri, quien también repite por tercer año y viste una de sus mejores camisas para sorprender a su familia de acogida. “Aquí estoy muy contento. Me gusta mucho estar con la familia, con María José y sus amigas. Mi prima ya estuvo aquí cuando era pequeña y me lo contó. Así que yo también vengo porque hago cosas muy diferentes a las de allí, como nadar en la piscina, que me encanta”, confiesa el pequeño.

Cuando se les plantea la oportunidad de participar en el programa, hay niños que son más reacios al principio, pero las familias que ya han enviado a algún miembro durante el verano lo recomiendan al resto. “Estar aquí para ellos es salud, médico, comen bien y se les quita de ese calor que puede alcanzar los 60 grados. Ellos en mayo ya dejan de ir al colegio por las altas temperaturas. Aquí van a la piscina, los apuntas al campus, comen verdura y variado, porque allí solo hay comida humanitaria. El que tiene suerte o dinero podrá comprar algo de carne o fruta, pero habitualmente solo se alimentan de comida no perecedera, todo muy básico”, apunta Mindán.

Las familias

Venir a España es una experiencia de vida tanto para los niños saharauis como para las familias de acogida, y les aporta beneficios a ambos. “Se fomenta el aprendizaje del castellano, que es su segundo idioma, y se les realizan reconocimientos médicos y tratamientos a los que lo necesitan, ya que en los campamentos son imposibles de realizar. Tienen muchos problemas con una simple vacuna porque no tienen medios para conservarla por el calor. Y por supuesto, son increíbles los lazos que se desarrollan entre los niños, la familia de acogida, y la familia biológica del niño saharaui”, asevera Javier Pina, quien ya ha tenido a tres niños saharauis desde que se adhirió al programa.

Las familias que acogen a un niño saharaui suelen volverlo a hacer, y además acogen al mismo niño. 

“Repetimos la experiencia por tercer año porque ha sido muy buena. Mi madre estaba muy emocionada y para nosotras es como un hermano pequeño más de la familia. Vienen muy cansados y están casi dos días durmiendo, pero luego no se quieren ir. Ya que les puedes ayudar dos meses, que no es todo el año, yo animaría a la gente a que traiga a algún niño, porque no es un gran esfuerzo, sino simplemente dedicarles algo de tiempo”, comenta Beatriz Ariño, hija de una madre de acogida de un niño saharaui. 

Los diez niños saharauis permanecerán en el Bajo Aragón hasta el 20 de agosto, y aunque cada uno irá a su municipio, las familias acostumbran a realizar una jornada de convivencia para que los niños jueguen y se vean, y para que aquellos que se estrenan como padres de acogida resuelvan sus dudas y temores con los veteranos. Desde la ASAPS recuerdan que las familias que quieran traer a un niño no tienen que cumplir ninguna condición especial, sino simplemente asegurarse de que se haga efectiva esa acogida, ya que no les permiten traer a un menor si no tienen el expediente confirmado antes de que lleguen.