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El lienzo del siglo XVIII que se libró de la guerra en Andorra vuelve el lunes a su iglesia El lienzo del siglo XVIII que se libró de la guerra en Andorra vuelve el lunes a su iglesia
Una restauradora trabaja con el lienzo de la iglesia de Andorra. Fundación Santa María de Albarracín

El lienzo del siglo XVIII que se libró de la guerra en Andorra vuelve el lunes a su iglesia

La Fundación Santa María de Albarracín finaliza una minuciosa restauración dos meses después

El equipo del Centro de Restauración de la Fundación Santa Maria de Albarracín reinstalará el  20 de marzo el rehabilitado lienzo del siglo XVIII que, según se cree, representaría la escena principal en el antiguo retablo del altar mayor de la iglesia de Andorra, perdido durante la Guerra Civil.

Dadas las dimensiones del formidable bien, el trabajo de restauración –encargado por el párroco de la iglesia de la Natividad de la Virgen, David Rojas y sufragado por el Ayuntamiento de Andorra– ha entrañado una dificultad reseñable. Hubo que idear una plataforma para poder trabajar sobre sus partes centrales, a las que no se podía acceder desde los laterales, explicó la fundación en una nota de prensa.

El traslado de la obra a su ubicación original se realizará enrollado en un sistema cilíndrico, que también fue diseñado ad hoc cuando se transportó al taller de restauración de Albarracín. Por el mismo motivo, se prevé que la instalación sea costosa, amplió la entidad.

Aparentemente, el estado de conservación de la tela –con unas dimensiones de 3,6 por 2,78 metros– era bueno, pero cuando las restauradoras comenzaron a trabajar en el reverso se dieron cuenta de numerosos desperfectos. Presentaba daños propios del paso del tiempo como la oxidación natural de los pigmentos, suciedad, roturas en las costuras, fisuras y deformaciones en la tela, debido a su gran peso y a posibles cambios de ubicación, pero también a causa de la intervención que se había realizado anteriormente.

Los trabajos realizados

Siguiendo los criterios de la mínima intervención, tras su limpieza se sustituyeron las bandas perimetrales por otras de un tejido más adecuado y se cosieron nuevos parches adheridos con cola termofusible. En el anverso, se decidió eliminar los repintes anteriores, porque se superponían a la policromía original y ocultaban parte de la misma. Del mismo modo, se retiró el barniz totalmente oscurecido. Tras la reconstrucción volumétrica y pictórica, se aplicó una nueva capa de acabado y protección, detalla la Fundación Santa María.

Para su reinstalación en el templo, se ha construido un nuevo bastidor que soportará mejor la tensión de la gran tela. El marco, realizado a principios del siglo XX por los Hermanos Albareda, se corresponde con la época de la talla que actualmente preside el templo. Dado su buen estado, se ha conservado tras someterlo a un tratamiento para evitar que le afecten microorganismos, y se ha consolidado.

La pintura, de gran calidad artística a pesar de los detalles que se debieron perder en la intervención realizada en la primera mitad del siglo pasado, responde al lenguaje del barroco final, del siglo XVIII. Predomina el uso de la luz y el color frente al dibujo. Las imágenes tienen gran realismo y movimiento, con líneas abiertas acordes a los cánones de la época.

Advocación del templo

La iconografía se corresponde con la advocación del templo. La figura de la Virgen María centra toda la composición, sostenida en los brazos de una mujer y rodeada por varios ángeles. A la izquierda aparece un grupo de mujeres con los paños preparados para el baño de la recién nacida. En el centro, casi en penumbra, Santa Ana aparece incorporada en el lecho, acompañada por San Joaquín. En el lateral izquierdo superior, unos ángeles soportando una luna y un sol, símbolos de la virgen María y, a su lado, otro ángel sosteniendo unos lirios blancos, símbolo de la pureza de la recién llegada.

Se salvó de la quema

Se trata de un cuadro que, según explicó Rojas, se salvó de la quema durante la guerra. En el pueblo algunos cuentan que no se destrozó porque pensaron que estaba pintado en la pared, mientras que otros afirman que lo tapiaron en el interior de un muro para librarlo de la hoguera.

En cualquier caso, el párroco aseguró que se trata de un lienzo “con gran valor sentimental porque configura la identidad del pueblo”. Es el Ayuntamiento el que ha sufragado los 10.000 euros de la restauración, desarrollada íntegramente en Albarracín.

El templo se construyó entre finales del siglo XVI y principios del siglo XVII. Exteriormente combina elementos barrocos con otros de tradición mudéjar. En el interior contrasta la piedra de sillería al descubierto en todos sus muros, completamente exenta de decoración, con una bóveda ornamentada con yeserías de motivos geométricos, también de inspiración mudéjar, en tonos azules, verdes y ocres.

La guerra civil española causó grandes destrozos en este monumento, que se restauró en la década de los 70 del pasado siglo gracias a la colaboración de los vecinos. La iglesia fue declarada Bien de Interés Cultural (BIC) en el año 1983.

Por lo que a iconografía se refiere, el interior de la iglesia solamente lo adorna este lienzo del siglo XVIII, que es la única pieza que se conserva del retablo original que en su día ocupó la cabecera, dedicado a la Natividad. También se conserva una custodia, un cáliz y una cruz procesional que, según indicó el párroco, se restauraron el año pasado.