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Imagen tomada en el equinoccio del año pasado, justo en el momento en que los rayos de sol atraviesan la hendidura del Frontón de la Tía Chula

El sol marca ya la primavera en el santuario prehistórico de Oliete

Una pintura rupestre refleja, a apenas diez metros de la oquedad, el paso de los rayos solares por la piedra tallada en los equinoccios
Cruz Aguilar

Los rayos del Sol atraviesan de nuevo estos días la roca del Frontón de la Tía Chula, de Oliete, un claro ejemplo de santuario prehistórico donde hace entre 4.000 y 4.500 años el hombre perforó la roca para permitir, dos veces al año, durante los equinoccios de primavera y de otoño, el paso de la luz solar. Una de las particularidades de este lugar es que, a 10 metros de los vanos que atraviesa el sol, la escena está plasmada sobre la roca en una pintura rupestre que representa la escena junto a un chamán con cuerpo de humano y cabeza de cerdo.

Mientras que en Stonehenge los elementos están alineados para marcar la salida y la puesta del sol en los solsticios de verano y de invierno, en Oliete el sol solo pasa por las hornacinas excavadas en la roca durante los equinoccios de primavera y de otoño. El fenómeno se puede admirar desde unos tres días antes del 21 de marzo hasta otros tres días después, siempre entre las 8:50 y las 9:05 de la mañana. En otoño hay que madrugar menos para la observación ya que el sol cruza el vano entre las 9:20 y las 9:45 de la mañana. 

Las pinturas rupestres las descubrió José Royo, actual gerente del Parque Cultural del Río Martín, en el año 1994 y fueron documentadas por él y por el experto en arte rupestre Antonio Beltrán. En los dibujos, en tonos rojizos por el óxido férrico, se observan las dos hornacinas y un chamán con cuerpo humano y cabeza de cerdo junto a dos figuras astrales. “Ya entonces planteábamos como hipótesis que era un santuario solar”, explicó Royo, pero no fue hasta el año 2005 cuando el historiador Miguel Giribet detectó que el sol pasaba por una de las hornacinas del Frontón de la Tía Chula durante los equinoccios. Las oquedades –una de ellas obstruida no se sabe si porque no fue terminada o por desprendimientos posteriores de roca– tienen más de un metro de altura, forma rectangular y fueron perforadas por el hombre. 

De origen antrópico

Los dos agujeros están representados en la pintura, fechada hace 4.000 o 4.500 años, según los cálculos de los historiadores Royo y Beltrán, por lo que se cree que las hornacinas se tallaron al mismo tiempo que se hicieron las decoraciones sobre la roca o incluso con anterioridad a ellas. Se trata de dos oquedades rectangulares, paralelas y similares que se abrieron, según los expertos, “con intencionalidad”.

El historiador José Royo detalló que estas comunidades prehistóricas ya conocían el ciclo agrícola, en el que el sol jugaba un papel fundamental. En este caso, el santuario marca “el resurgir de la tierra en primavera y cuando deja de producir en otoño”, puntualizó.

Por otro lado, en el año 2015 se publicó un estudio realizado por el investigador del Centro de Estudios de Física del Cosmos de Aragón (Cefca) Sergio Chueca, quien realizó varios análisis para llegar a la conclusión de que hace 4.000 años, cuando se realizaron las pinturas, los habitantes del territorio verían cómo el sol atravesaba las rocas 15 o 16 días después de la fecha actual, que es el 21 de marzo. Así, en primavera se producía en los días anteriores y posteriores al 9 de abril y en otoño el 6 de octubre, y no el 23 de septiembre como ocurre en la actualidad.

Curiosos

José Royo cree que este año habrá un gran número de curiosos que se acercarán hasta el Frontón de la Tía Chula en Oliete para ver el paso de la luz. Para acceder a esta zona hay que seguir la carretera que une la localidad con el pantano de Cueva Foradada hasta el indicativo que marca el GR262, por el que se llega hasta las pinturas rupestres. 

“La zona de observación hay que buscarla en el sitio donde hay un banco, que está colocado no como punto de observación, sino de descanso”, matizó el gerente del Parque Cultural Del Río Martín. Desde la carretera, donde hay que dejar el coche, hasta el Stonehenge de Oliete hay apenas una caminata de poco más de 5 minutos.

Royo detalló que en la zona ya se nota movimiento desde el pasado miércoles, aunque esperan que el grueso de visitantes llegue durante el fin de semana.