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Familia Gil Espinosa de Alcañiz: las víctimas turolenses en la masacre de Oradour-sur-Glane

El 10 de junio de 1944, una unidad de élite del ejército alemán asesina en esa localidad francesa a 643 personas, 19 de ellas refugiados españoles

Sábado, 10 de junio de 1944. Luce el sol en Oradour-sur-Glane, una pequeña localidad francesa a solo 500 kilómetros de los Pirineos sin ningún papel estratégico en la guerra que vive Europa desde 1939. Ese día se produce en este pueblo francés una de las peores masacres contra la población civil cometidas por una unidad de élite del ejército alemán. Entre las 643 víctimas hay 19 refugiados españoles, 11 de ellos niños, siete mujeres y dos hombres. Entre los muertos de este crimen están Francisca Espinosa Magallón, de 49 años y nacida en Alcañiz, y sus dos hijas gemelas, Pilar y Francisca, de 14.

Los niños de toda la contornada habían acudido aquel día de junio a la escuela. Era día de vacunación. El pueblo estaba lleno de gente. A mediodía, una unidad formada por 200 soldados de la División Blindada Das Reich de las Waffen-SS comete una de las peores masacres de la Segunda Guerra Mundial de la Francia ocupada. Los soldados alemanes rodean el pueblo, sacan a sus habitantes de casas, cafeterías y tiendas, a los niños de la escuela y los reúnen en la plaza bajo la excusa de hacer un control rutinario. Separan a los hombres de las mujeres y los niños, a los que encierran en la iglesia del pueblo. A los hombres los reúnen en grupos y los ametrallan en la mitad inferior del cuerpo para aumentar el suplicio. Luego  queman sus cuerpos. En la iglesia, donde se hacinaban más de 400 mujeres y niños, introducen una bomba de humo tóxico para gasearlos, después abren fuego contra los supervivientes, les arrojan granadas e incendian el edificio para asegurarse de que nadie sale vivo.  

Oradour-sur-Glane tiene dos museos dedicados a la Segunda Guerra Mundial, uno es un centro a la memoria en homenaje a las 643 víctimas de la matanza cometida por esta unidad de las Waffen-SS, que, tras el crimen, quema por completo el pueblo. Sus ruinas se han conservado como muestra de la barbarie y en recuerdo de los hechos.

A visitar el museo se acercan cada año miles de franceses y turistas de todo el mundo. Allí recaló hace tres años el profesor David Ferrer Revull, reconvertido a historiador tras una investigación sobre las 19 víctimas españolas de aquellos hechos. Su procedencia, familia, identidad, su huida tras la guerra de España, su paso por los campos de concentración franceses y su terrible final en junio de 1944 son relatados en el libro Recuerda. Españoles en la masacre de Oradour-Sur-Glane. 

En Francia se han escrito varios libros sobre la masacre, que pudo ser reconstruida gracias a los pocos supervivientes del crimen, entre ellos una mujer que consiguió escapar malherida por una pequeña ventana de la iglesia y dos hombres que sobrevivieron a los fusilamientos fingiéndose muertos. Nadie más. La unidad que perpetró los 643 asesinatos intentó no dejar rastro de lo sucedido durante los días posteriores a los hechos.

El origen e identidad

Una placa con los nombres y apellidos de las víctimas rinde homenaje en Oradour a todas las víctimas de aquel día. También es un homenaje a la memoria la escultura realizada en bronce por el escultor español Apeles Fenosa que se encuentra en el pueblo. 

David Ferrer Revull comprobó en su visita a Oradour que los nombres de algunas de las víctimas españolas tenían errores de grafía, que a las mujeres se les había asignado el apellido de sus maridos y que a algunos niños se los daba por niñas erróneamente, así que decidió iniciar una investigación que ha terminado recientemente con la publicación de su libro. 

En este trabajo pone nombre, apellidos y rostro a los 19 españoles víctimas de ese crimen, entre ellos Francisca Espinosa y sus dos hijas menores. Las tres se habían quedado aquel día en el pueblo  porque a una de las gemelas la habían reclamado para trabajar en una pastelería. Su marido Joaquín y su hijo Rafael se salvan por estar trabajando en el campo, fuera del perímetro establecido por los alemanes.

“Cuando estuve allí vi que había muy poca información de los españoles, la que había era errónea en algunos casos, así que me planteé investigar”, cuenta Ferrer. A través de registros civiles, archivos históricos, municipales y parroquiales, ha recuperado la historia de las seis familias españolas víctimas de la masacre en este libro de 178 páginas, su nacimiento y origen, su periplo hasta que en Francia consiguen asentarse en la región de Lemosín no sin sufrir discriminación, como también acogida por parte de algunas familias. En su investigación ha contactado con los descendientes de las víctimas.

La masacre de Oradour es para Francia uno de los peores crímenes cometidos por el ejército alemán, una barbarie que prácticamente quedó sin castigo. 65 militares supervivientes de la unidad Waffen-SS fueron acusados de intervenir en la matanza en 1953. Solo se localizó a 14 soldados alsacianos y a 7 alemanes. Por el asesinato de 643 civiles, la mayoría mujeres y niños, solo dos fueron condenados a muerte, uno fue absuelto y el resto fueron condenados a prisión o trabajos forzados, lo que provocó una enorme indignación en Francia. Después, las dos penas capitales fueron rebajadas y en 1959 ambos condenados quedaron libres.

Largo historial de matanzas

Después de la matanza, se intentó buscar una explicación de porqué esta unidad de las Waffen SS comete este crimen cuatro días después de que las tropas aliadas desembarcaran en Lombardía.

Se ha hablado de que buscaban venganza tras un ataque de la Resistencia francesa, que iban tras un arsenal de armas y que se equivocaron de pueblo. Lo que es seguro es que estas unidades de élite alemanas tenían un largo historial de matanzas de civiles a sus espaldas.  A su nombre van ligados otros asesinatos de civiles inocentes en República Checa (Lídice, 1942), Bielorusia (Khatyn, 1943) o en Italia (Marzabotto,1944), entre otros.

Una familia de campesinos que vivió en la calle Luna

Según la investigación de David Ferrer Revull, Joaquín Gil Egea y Francisca Espinosa Magallón contrajeron matrimonio en noviembre de 1914 estableciendo su residencia en la calle Luna. Los padres de Joaquín proceden de Maicas (Teruel), mientras Francisca nació en el popular barrio alcañizano de Santiago. Tienen cuatro hijos. La primera, Rosa, nacida en 1915, el segundo, Rafael, en 1916, y finalmente, en 1929 nacen las  gemelas Francisca y Pilar.

Ambos campesinos, la participación de Joaquín en La Colectividad de Alcañiz durante la guerra civil española y la militancia de Francisca  en el sindicato CNT les lleva al exilio tras la caída de Alcañiz en 1938 en manos del ejército franquista. 

Nada más pasar a Francia, la pareja y sus tres hijos (la mayor había fallecido) son internados en campos de concentración a donde son enviados todos los refugiados españoles. Les esperan penurias, hambre, frío y unas condiciones de vida durísimas. El profesor David Ferrer Revull ha documentado el paso de Joaquín Gil por los campos franceses de Argelès-sur-Mer y Saint-Cyprien, hasta que fue destinado al 11º Pelotón de la 114ª Compañía de Trabajadores Extranjeros (CTE), “grupos dependiente del ministerio de Industria francés y que concentra, en el inicio de la Segunda Guerra Mundial, a los refugiados españoles. Los CTE sirven para tener mano de obra barata que ayuda en la guerra y para controlar a los refugiados”, relata el profesor Ferrer. 

Si Francisca y sus dos gemelas mueren en 1944 en la masacre de Oradour, Joaquín Gil lo hace apenas cuatro años después, en 1948 en Lyon. Su hijo Rafael, casado también con la alcañizana Conchita Andreu Gimeno, de cuyo matrimonio nació un hijo, fallece en 2003. Conchita muere en 1978 en Francia y su hijo después. Los bisnietos de Francisca, según Ferrer, visitaron años atrás Oradour.

Un homenaje el 28 de marzo que tendrá que esperar

David Ferrer tenía previsto acudir el pasado 28 de febrero a El Vendrell a un acto organizado por la Fundación Fenosa, que ha preparado una exposición sobre la escultura  a los mártires realizada por el escultor Apel·les Fenosa en 1944, un monumento hecho en bronce que simboliza la matanza con una mujer embarazada envuelta en llamas y con los brazos elevados hacia el cielo. 

La obra no fue expuesta en Oradour hasta 1999 debido a la censura eclesiástica. 

Según explicó Josep Miquel García, presidente de la Fundación, al acto del 28 de marzo, que tuvo que ser suspendido por la declaración del estado de alarma en nuestro país, estaba previsto que acudiera alguien en representación del Ayuntamiento de Alcañiz, familiares de las víctimas de Oradour y hasta un autobús con vecinos de Villalba dels Arcs, Tarragona, de donde era natural una de las mujeres españolas asesinadas en la matanza, Carme Juanós, de 31 años, que estaba embarazada. 

“Esperábamos la inauguración de la exposición con muchísima emoción, pero todo tuvo que suspenderse por la situación actual”, explicó Josep Miguel García. 

La Fundación valorará si puede preparar algún acto de homenaje o repetir el mismo evento el día 10 de junio, cuando se cumplan 76 años de la masacre. El presidente de la Fundación explicó que “la exposición se iba a inaugurar acompañándola de la presentación de un libro escrito por un profesor de la Sorbona en el que explica toda esta historia, pero en la situación actual no sabemos todavía qué podemos organizar el día 10 de junio”.