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Hallan el enterramiento de un caballero del siglo XIV en unas obras en Albalate Hallan el enterramiento de un caballero del siglo XIV en unas obras en Albalate
Lugar donde fueron localizados los restos del caballero y su ajuar, tras la excavación de una zanja

Hallan el enterramiento de un caballero del siglo XIV en unas obras en Albalate

Junto a los restos había un ajuar formado por una espada de cruz latina y dos espuelas de bronce

El Castillo de Albalate del Arzobispo y su entorno esconde bajo sus cimientos un tesoro arqueológico que cualquier investigador estaría entusiasmado de excavar. Las últimas obras realizadas en el entorno y las catas arqueológicas llevadas a cabo con motivo de la redacción del Plan director han constatado que hay mucha historia por descubrir en la fortaleza. Además de aparecer un muro y un suelo de época islámica, en el cerro han aparecido fragmentos de cerámica romana y el enterramiento de un caballero medieval del siglo XIV -con ajuar incluido- fallecido posiblemente como consecuencia de alguna peste (fue enterrado cubierto de yeso).

Este último hallazgo fue casual. Ocurrió durante el seguimiento arqueológico realizado en unas obras de saneamiento de la calle de acceso al recinto fortificado. Al excavar la zanja, apareció un enterramiento  de la primera mitad del siglo XIV. Se trata de un individuo sepultado con un ajuar consistente en dos espuelas de bronce probablemente doradas y una espada de hierro. 

Los arqueólogos que realizaron la excavación, Eduardo Diez de Pinos y Santiago Martínez, creen que las espuelas eran doradas, lo que “indicarían que se trata de un personaje nobiliario, sin ningún género de duda”, manifestó Diez de Pinos, director de la parte arqueológica del Plan director y responsable, junto con Martínez, del seguimiento arqueológico de la obra.

Los restos de este caballero medieval están poco conservados al resultar afectados por unas obras anteriores en las canalizaciones del agua, si bien, según Martínez “el enterramiento aporta mucha información que permite contextualizarlo en la historia del castillo”.

Del cuerpo de aquel caballero medieval se han conservado hasta nuestros días algunos huesos del cráneo y de parte de un hombro. Poco más. “Estaba bajo un zuncho en la calle de acceso, pero las espuelas eran de bronce dorado, lo que constata que se trata dea un caballero, y la espada de cruz latina”, informó Diez de Pinos. El individuo “fue enterrado en un ataúd de madera del que no han quedado restos, pero que sí dejó improntas en el yeso con el que se llenó”, añadió el experto. 

Un apestado

Este hecho probaría que pudo haber peste en el siglo XIV en Albalate, como también ocurrió en otras zonas de Aragón. Según Diez de Pinos, el yeso es un material del terreno que se usaba como método aséptico, por una cuestión de limpieza, cuando alguien moría por enfermedad. “Solía ser habitual, cuando alguien moría por enfermedad, que en las casas se echara a un foso cal y allí todos los enseres y vajilla de la vivienda para que la enfermedad no se transmitiera”, explicó. 

El modo en el que se localizó la tumba y el lugar donde se encontró indicarían que el caballero murió por una enfermedad contagiosa. Al menos esa es la interpretación de Diez de Pinos. “Los caballeros solían enterrarse en las iglesias, y éste, sin embargo, está fuera de ella, así que es muy probable que se tratara de un apestado al que, aún con todo, se le enterró con su espada y sus espuelas”, relató. Lo que no se ha conservado es el sudario blanco con el que posiblemente fue envuelto. 

Por otra parte, el sujeto apareció recostado de lado, “como si lo hubieran echado allí, cuando normalmente los personajes nobiliarios se enterraban boca arriba”, añadió. 

La zona del hallazgo apuntaría a que quizá en la época pudo existir algún tipo de hospital de enfermos en el entorno. No en vano, “tenemos constancia de que en las pestes del siglo XVII el Castillo se usó como hospital de enfermos, así que no sería descabellado pensar que en el XIV también lo hubiera”, matizó.

Las prospecciones arqueológicas realizadas con motivo del Plan director del Castillo han descubierto también una balsa de decantación de arcillas de la segunda mitad del siglo XVI. Se encontraría junto a la plaza y, según Diez de Pinos, “en un muy bien estado de conservación”.

Aún con todo, el Castillo tiene mucho que desvelar. De los cuatro sondeos realizados con motivo del Plan director, “encontramos un par de fragmentos de cerámica romana junto a otros medievales”. Eso indicaría que “quizá existiera en este punto algún tipo de ocupación romana”, aunque la constatación de esta hipótesis requeriría de una excavación más profunda. Aún así, buena parte de los restos habrán desaparecido, ya que las obras de explanación realizadas en 1921 para la construcción de la plaza de toros se llevaron por delante gran parte de aquel patrimonio.

Las catas también encontraron un muro de época musulmana que continúa con un suelo islámico, probablemente de los siglos XI y XII, un suelo de yeso que no se tiene intención de excavar más. No en vano, “solamente teníamos indicios de que el Castillo tuviera un origen islámico y una vez encontrada la prueba al llegar a este suelo, lo que no podemos hacer es romperla para seguir viendo que hay debajo”, añadió.

Probable ocupación romana

En cualquier caso, Diez de Pinos recordó que “ya Vicente Bardavío a principios del siglo XX habla de restos de época romana en el cerro, y además, a 200 metros del Castillo hay otros dos cabezos de ocupación romana e ibérica, más pequeños y peor ubicados, así que es lógico pensar que probablemente hubiera una ocupación romana, pero lo que no sabemos es de qué tipo”.

Por otro lado Santiago Martínez consideró que los hallazgos realizados por Diez de Pinos durante la redacción del Plan director “afianzan la hipótesis de la existencia de un hisn o fortificación islámica primitiva sobre la cual los cristianos, tras la reconquista, fueron edificando en sucesivas fases el Castillo de Albalate.