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Hallan un túmulo con huesos incinerados y vasijas de ofrendas en el Cabezo de San Pedro de Oliete Hallan un túmulo con huesos incinerados y vasijas de ofrendas en el Cabezo de San Pedro de Oliete
Sara Azuara fotografía un detalle del alfar, que hace más de ocho metros de diámetro. M. N.

Hallan un túmulo con huesos incinerados y vasijas de ofrendas en el Cabezo de San Pedro de Oliete

Una campaña arqueológica delimita un alfar de 8 metros de diámetro

El imponente yacimiento del Cabezo de San Pedro de Oliete no deja de arrojar sorpresas. En la campaña de excavaciones que está llevando a cabo el Parque Cultural del Río Martín este verano ha aparecido un túmulo funerario al que no le falta detalle, incluidos huesos incinerados hace más de 2.000 años y varios cuencos de ofrendas a los dioses íberos. Los restos serán examinados minuciosamente en el Museo de Teruel al objeto de seguir documentando este importante poblado, distinguido por la torre más antigua en altura conservada de toda la península, lo que denota el carácter aguerrido de los pobladores de este asentamiento. 

Los 40 grados al sol que deparó el martes el verano más caluroso de los últimos años no fue óbice para que decenas de vecinos, voluntarios del campo de trabajo internacional de Apadrinaunolivo.org y efectivos del taller de empleo de la almazara social visitaran de forma guiada las novedades que depara la última campaña arqueológica. 

El equipo de investigadores centra sus esfuerzos en el estudio de un horno de cerámica de más de ocho metros de diámetro que permitirá conocer tanto la tecnología alfarera como los tipos de producción elaborados en este poblado, que estuvo habitado entre los siglos III y I a.C.

Tanto el horno como la necrópolis tumular se encuentran extramuros, y están arrojando importantes sorpresas. Especialmente la zona funeraria, en la que se han localizado 15 tumbas de incineración que remiten, posiblemente, a una fase más antigua del poblamiento constatado hasta ahora. 

“Las cerámicas que han aparecido parecen remontarse a algún siglo anterior”, dijo la arqueóloga y codirectora de la excavación Sara Azuara, que trabaja codo con codo con el director del Museo de Teruel, Jaime Vicente, y con la arqueóloga Beatriz Ezquerra.

De los 15 túmulos detectados, dos ya han sido excavados. “Uno está expoliado, no se conserva ni la cista, pero el otro está intacto: se conserva la urna cineraria con fragmentos de huesos calcinados y, junto a ella, hay documentados tres cuenquitos pequeños que contenían las ofrendas”, probablemente alimentos, explicó.

Cuando acabe la fase arqueológica comenzará la de investigación en el laboratorio del Museo de Teruel para obtener “pistas de qué estarían compuestas estas ofrendas”, dijo la experta. 

Los visitantes del Cabezo de San Pedro quedaron sorprendidos con este hallazgo. También la propia Ezquerra, a quien le resulta “muy satisfactorio y emocionante” encontrar este tipo de elementos que ayudan a explicar la historia arqueológica de este Bien de Interés Cultural.

Un horno interesante

En dos grupos, los curiosos visitaron el alfar y el cementerio íbero. En el primero pudieron comprobar que ha aparecido, a 200 metros del poblado, un horno de grandes dimensiones que alberga algunas sorpresas. Tras ser localizado en 2018, este año “se ha abierto para analizar la estructura completa”, dijo Azuara.

“Hemos podido constatar el perímetro exterior, cómo estaría configurado hasta la parrilla –que es la zona de cocción de las cerámicas– y la pared exterior”, explicó.

“Sabemos que ahí se producían cerámicas de técnica íbera”, como atestiguan la cantidad de fragmentos encontrados alrededor, pero la investigación sigue porque “faltaría detectar dónde estaría la cámara de combustión –varios metros bajo el suelo actual– para poder analizar el horno en su conjunto”. 

En la semana de prospecciones que queda es posible que no dé tiempo, pero gracias a la voluntad del Ayuntamiento de Oliete, del Museo de Teruel y del Parque Cultural “la intención es que cada año se vayan haciendo actualizaciones arqueológicas para ir conociendo de manera pormenorizada el yacimiento”.

Por el momento, en cuanto acabe la campaña actual se protegerá la necrópolis y el horno para su conservación. Una vez que el trabajo sea digno de mostrar, se consolidará y se hará visitable al público, que tiene en estas jornadas de puertas abiertas el privilegio de ver paso a paso la evolución de los hallazgos.

Tres niveles de ocupación

Por otra parte, en las excavaciones de 2018 se llegaron a documentar “hasta tres niveles de ocupación” según la prospección realizada en la habitación de una casa. “No salió material”, por lo que “tenemos que ampliar la investigación para poder datar las tres fases”, explicó Azuara. “Sabemos que las fases son consecutivas, pero no tenemos material suficiente para datar. Salieron paredes de piedra de casi dos metros, revocadas con barro en el interior y apoyos para postes que nos dirían que las techumbres serían para material vegetal”. Pero hace falta “tiempo y recursos” para investigar a fondo.

La campaña actual es posible gracias a 10.000 euros que aporta el Parque Cultural dentro de sus gastos de gestión. Colaboran también las dos arqueólogas y restauradores del Museo de Teruel, así como el Ayuntamiento de Oliete con una caseta para sanitarios. Apadrinaunolivo.org también aporta mediante su taller de empleo, que ha desbrozado y limpiado la zona arqueológica. Por último, media docena de estudiantes y graduados de diferentes universidades se han sumado al proyecto a modo de prácticas.

Las campañas se retomaron el año pasado después de dos décadas gracias al plan director que elaboró el Ayuntamiento, con un planteamiento serio de actuaciones arqueológicas, conservación y puesta en valor.

Anteriormente, el Museo de Teruel ya excavó la muralla interior, dividida en dos líneas defensivas y dos fosos que están siendo limpiados minuciosamente por una máquina con el asesoramiento técnico adecuado.

Un yacimiento defensivo

Precisamente la función defensiva y militar es lo que hace especial este yacimiento. Sus pobladores controlaban el acceso al valle del río Martín desde una posición privilegiada en un alto circundado por barrancos casi infranqueables.

En su único acceso viable, la ciudad estaba fuertemente protegida por torres defensivas, entre las que destaca la llamada “A”, de 13 metros de altura y ya consolidada. La “B” tiene planta circular. Este sistema defensivo denota la adopción de novedades en la estrategia al tener que hacer frente a ejércitos dotados de modernas maquinarias de asalto.