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José Miguel Mampel, esta semana en la plaza de la Iglesia de Mas de las Matas, donde ha rehecho su vida

José Miguel Mampel Tena, alcohólico rehabilitado y terapeuta de Abattar: “Si afecta a tu vida social, salud o economía, tienes que pedir ayuda”

El voluntario invita a tomar consciencia de la adicción para iniciar una nueva vida y recomienda las terapias de grupo que ofrece su asociación

José Miguel Mampel Tena lleva once años sin beber alcohol. Entró en la Asociación Bajoaragonesa Turolense de Toxicómanos y Alcohólicos Rehabilitados (Abattar) cuando lo había perdido todo y gracias al acompañamiento que le brindaron se recuperó. Ahora ayuda a otros adictos en la misma agrupación. Hoy 15 de noviembre, Día sin Alcohol, lanza un mensaje de esperanza a quienes son conscientes de que tienen un problema y quieren solventarlo.

-¿Cómo fue su ingreso en Abattar?

-Fue por motivos de salud. Yo estaba solo, me había dejado la mujer y tenía muchos problemas a causa de mi adicción al alcohol. Me aconsejaron que entrara y yo necesitaba ayuda, ya que era incapaz de dejar de consumir por mi cuenta.

-¿Cuándo tomó consciencia de que tenía un problema con la bebida?

-Nunca crees que tienes un problema con el alcohol, pero de repente llega un día en que ves que tu vida está deshecha, que hablando mal la mierda te pasa por encima de la cabeza y nada tiene sentido. Entonces empiezas a darle vueltas a cómo has llegado hasta aquí.

-¿Quién le ayudó a darse cuenta?

-Ahora tengo 53 años. Cuando tenía 42 yo estaba enfermo. Tomaba mucha medicación porque tenía problemas de corazón e hipertensión. Un amigo que tenía un año más que yo falleció por causas similares. Ambos teníamos mucho consumo. No era el morirme, que yo tenía tal depresión que lo mismo me daba estar que no, pero pensé: ¿Y si me da un ictus? ¿Quién se va a hacer cargo de mí?

-¿Se había abandonado a sí mismo?

-Yo no quería vivir porque para mí no tenía sentido nada. Me había dejado la mujer, se había juntado con otro hombre y yo pensé que ellos cuidarían de mis hijos, que estarían bien así.

-¿Cuánto podía llegar a beber diariamente?

-Me bebía las cervezas por litros, a diario. Me compraba para casa dos o tres litronas y luego en el bar, con los amigos. También bebía vino y whisky los fines de semana. Me compraba una botella de whisky y otra de cola, y hasta que caía redondo. Pasé a beber en casa, a escondidas de mis hermanos para que no me vieran.

-¿También tuvo problemas económicos derivados?

-Me quedé sin trabajo porque no tenía salud. Hace diez años me dieron incapacidad por artrosis degenerativa, y sumado a que bebía todo se juntaba.

-¿Cómo logró rehabilitarse?

-Llevo once años en Abattar. Aquí se me abrieron los ojos. Encontré mucho cariño, mucho apoyo de compañeros y mi vida ha cambiado de la noche a la mañana. Es como cuando coges un calcetín y le das la vuelta. Y ahora, igual que en su día me apoyaron y hubo gente que voluntariamente me ayudó, me dedico yo también a ayudar a otros.

-¿Le curaron otros adictos?

-Lo dicen los buenos psicólogos: a un adicto lo cura otro adicto. Yo no le digo al adicto cómo lo tiene que hacer él, sino cómo lo he hecho yo para salir de ahí. Se crean grupos de 10-15 personas (ahora más reducidos por la pandemia) y cada uno cuenta su experiencia, y de cada uno vas cogiendo lo que necesitas. Así vas aprendiendo. En eso consisten las terapias de grupo, en ser sinceros y abrirte, sin estigmas. Si lo haces, de esto se sale.

-¿Tuvo recaídas?

-Por suerte, ninguna, aunque ganas de beber y momentos difíciles sí he tenido. Pero he sido fuerte y cada vez que tenía tentaciones me trataba la psicóloga, la trabajadora social o el médico de la asociación, gracias a Dios.

-¿Hay alguna medicación que les ayude a superarlo?

-El primer año de terapia te dan un antagonista, una pastilla que te causa reacciones adversas cuando bebes. Te salen sarpullidos, se te acelera el corazón… Yo me ponía malísimo. Es un freno temporal, pero después tienes que aprender a convivir con el problema en la calle y llevar tu vida. Igual sirve para la ludopatía que para la droga y el alcohol.

-¿Cuánto tiempo se necesita para darse por curado?

-Te dan un margen de tres años para empezar a sentirte fuerte, aunque los que somos adictos, lo somos de por vida. Lo único que hacemos es dormir la adicción, pero nunca podremos decir que estamos curados. Si yo mañana me tomo una cerveza sin alcohol sabiendo que no la puedo tomar, ya habré recaído. Cuando llega el verano aún tengo esa tentación de beberme una jarra de cerveza bien fría, pero después pienso que ya me las he bebido todas en esta vida. Es cuestión de cambiar el chip y saber que eso ya no es para ti, que tu vida ha cambiado gracias a ello.

-Ha comentado que tiene hijos. ¿Ha recuperado su relación con ellos?

-La he recuperado hasta tal punto que mi hijo mayor vive conmigo desde los 18 años. Algo habrá visto. Mi vida ha cambiado, socialmente soy otra persona totalmente distinta.

-Si no trabaja desde hace diez años, tendrá alguna afición o distracción que le ayude a mantenerse activo.

-El voluntariado. He conocido esta faceta y estoy muy orgulloso de ello. Además de colaborar con Abattar, también estoy metido en Cruz Roja.

-¿Cómo ha afectado el confinamiento a los adictos?

-Ha habido algunas recaídas debido al confinamiento y sobre todo muchas llamadas de teléfono. En los últimos meses ha habido muchos ingresos porque al estar en casa ha aflorado el consumo. Gente que consumía mucho en los bares, un poco a escondidas de la familia, ha comprado en el supermercado y consumido en casa y las parejas se han percatado del problema.

-¿El juego online también está siendo un problema en tiempos de crisis económica?

-Aquí trabajamos todas las adicciones que se nos presentan. Hay politoxicómanos, nuevas tecnologías, ludopatía… Hay mucho problema con el juego online, está al alcance de todo el mundo y la gente se engancha.

-¿Qué mensaje de esperanza querría lanzar este domingo, Día sin Alcohol?

-Que de esta se sale, que no somos bichos raros y que si somos capaces de reconocer el problema, hay gente dispuesta a ayudarnos. Pero el primer paso lo tenemos que dar los adictos. La vida es muy bonita, realmente a mi edad he descubierto cosas que no conocía.

-Una persona puede beber mucho pero no ser alcohólica. ¿Dónde está la línea roja?

-Te puedes beber una caja de cerveza un sábado pero no probar el alcohol en un mes. Hay tres puntos fundamentales: si el consumo afecta a tu economía, a tu vida social o a la salud, estás sobrepasando la barrera y ya tienes un problema. Es entonces cuando tienes que pedir ayuda.