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Juanma González, mentalista: Nadie tiene poderes paranormales, pero mucha gente necesita creerlo Juanma González, mentalista: Nadie tiene poderes paranormales, pero mucha gente necesita creerlo
Imagen del joven mentalista e ilusionista

Juanma González, mentalista: Nadie tiene poderes paranormales, pero mucha gente necesita creerlo

Actuación a las 7 de esta tarde en la Casa de Cultura de Andorra

El ciclo cultural Escena Andorra retoma la actividad este domingo en la Casa de la Cultura de la localidad, a partir de las 19 horas, con la actuación del mentalista madrileño Juanma González. El joven ilusionista lleva ya una extensa carrera a sus espaldas, aunque saltó a la fama en 2019 cuando fue capaz de leerle la mente a Risto Mejide durante el programa Got Talent. 
-Su espectáculo se titula ‘Basado en una historia real’... ¿en qué consiste?
-Es un show de mentalismo que mezcla magia, psicología y sugestión, para generar experiencias de lectura mental, telepatía, capacidad de ver el futuro, hipnosis... utilizo estos ejercicios para hablar de cómo funciona nuestra mente, y de cómo percibimos nuestra realidad a través de las historias que nos contamos sobre nosotros mismos, porque al final nosotros somos nuestras historias. El título del espectáculo es ese porque utiliza mis propias historias, las que me han ocurrido a mí, y las que me han traído hasta donde estoy. 
-¿El mentalismo tiene que ver con la magia, con el ocultismo, o más bien con la psicología, con la medicina?
-Yo desde luego vengo del ilusionismo, que practico desde los quince años, aunque soy un apasionado de la psicología aplicada. El mentalismo es una rama del ilusionismo pero bebe de muchas aguas, incluso de los mediums, los videntes y los echadores de cartas, y utiliza este tipo de técnicas y estrategias, pero la diferencia con ellas es que tiene una vocación teatral, dirigida al espectáculo, porque establece una ficción, una cuarta pared y busca una vertiente artística. No trato de convencer a nadie de la existencia de poderes o de cosas ocultas, sino sencillamente de divertir a través de la sorpresa. 
-Nuestra sociedad es hija del racionalismo, pero por alguna razón queremos seguir creyendo en cosas que aparentemente no se pueden explicar racionalmente...
-Mi experiencia personal me dice que cada individuo cree lo que quiere creer. Hubo una época en la que hacía especial hincapié en que yo no tengo ningún tipo de poder paranormal, sino sencillamente habilidades que se estudian y se entrenan, y sin embargo había mucha gente que, después del espectáculo, se me acercaba y me decía: ‘Tú dices que no, pero en realidad sí que tienes poderes’. Esa racionalidad es un poco ficticia y cada uno marca la suya propia, pero creo que mucha gente necesita que ocurran cosas más allá de lo tangible, aunque quizá ahora la respuesta no se busca tanto en la religión como en otro tipo de espiritualidades.
-¿A qué cree que responde esa necesidad?
-Sin ser antropólogo, creo que la tenemos inscrita en nuestro sistema operativa por la necesidad de trascender, de pensar que nuestra existencia forma parte de algo más profundo, tanto que no podemos llegar a comprender en su totalidad. 
-Si es cierto que no tiene poderes para leer la mente... ¿cómo consigue convencer al público de que lo hace?
-En realidad todos somos capaces de leer la mente, o de saber lo que piensa otra persona, que es lo mismo, y lo sabemos a través de mecanismos inconscientes. Cualquier es capaz de saber si la persona con la que hablamos está interesada en lo que decimos o nos escucha por educación, y hay gente que está más preparada para eso, que tiene más capacidad empática. Quien esté menos preparado para eso puede parecerle cosa de brujería, pero para otras, que tienen más pulidas esas habilidades, es casi tan natural como respirar. Lo que yo hago es una mezcla entre psicología y sugestión, y hay habilidades relacionadas con la empatía, la memoria, la atención a los detalles o la lectura en frío que se basan en extraer información de una persona que no conoces, algo que puede verse de forma hiperracionalista en las novelas de Sherlock Holmes o Poirot. Pero al final no deja de ser un  proceso de inducción en el que llevas a cabo conjeturas que terminan dando en el blanco. 
-¿Hay personas más transparentes que otras?
-Sí, y enseguida ves quién te lo pondrá más fácil y quien establece barreras. Sobre el escenario sabes a quién tienes que pedirle que salga, que no te ponga en apuros, o quién es más duro si te apetece plantearte un reto. 
-¿Alguna anécdota en ese sentido?
-Recuerdo una experiencia de hipnosis en la que había una persona muy escéptica, pero la atmósfera era la idónea y me sentí con fuerza para afrontar un reto. Esa persona entró en hipnosis, pero de forma intermitente; la experiencia consistía en sentir un objeto en la mano, y esa persona la sentía a ratos, y a ratos no. Eso generó una situación de comicidad que no estaba prevista, pero la incorporé al espectáculo y resultó muy divertida. 
-Porque un mentalista debe ser, antes incluso,  un artista del escenario...
-Desde luego. Cualquier espectáculo escénico tiene mucho de improvisación, y eso sirve para cualquier que se sube a las tablas. El público perdona los errores, pero no perdona si le aburres. 
-No me resisto a la tentación de preguntarle lo siguiente a usted... ¿cómo cambiará la Covid-19 nuestra mente, nuestra forma de percibir la vida?
-Ya lo ha hecho, nuestros hábitos ya no son los mismos porque todos hemos vivido situaciones difíciles, dramáticas para algunos. Pero es pronto para saber qué limites reales tienen esos cambios. Creo que pronto encontraremos un sitio parecido a lo que entendemos como normalidad, pero no será exactamente igual, lo mismo que ocurrió hace cien años tras la primera guerra mundial. La humanidad se ha enfrentado a catástrofes mucho peores que esta y siempre ha encontrado un camino. Pero no se pueden unir los puntos hacia delante, hay que esperar algún tiempo.