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La biblioteca de Alcorisa impulsa un banco de semillas donde cualquier usuario puede llevarse simiente con el compromiso de devolver un porcentaje La biblioteca de Alcorisa impulsa un banco de semillas donde cualquier usuario puede llevarse simiente con el compromiso de devolver un porcentaje
Las pequeñas plantaron maíz para palomitas en envases de yogur. S. G.

La biblioteca de Alcorisa impulsa un banco de semillas donde cualquier usuario puede llevarse simiente con el compromiso de devolver un porcentaje

El objetivo es que perduren en el tiempo

Los usuarios de la biblioteca de Alcorisa no solo pueden llevarse prestados libros, cómics, revistas o películas, sino que desde la pasada semana ya pueden elegir también entre semillas de diferentes productos hortícolas de la zona. La biblioteca ha dedicado un espacio entre sus estanterías a la ubicación de un banco de semillas con el fin de preservar simientes de la zona para compartirlas entre los vecinos y contribuir a que perduren en el tiempo. Otra manera de cultivar el saber y el aprendizaje a través de lo natural y desde un punto de vista ecológico. 

El banco proviene de una iniciativa de los hermanos Rosi y Jacobo Pitarch, pertenecientes a la Red de Semillas de Aragón, que a su vez pretende recuperar la biodiversidad de plantas hortícolas, frutales y cereales. “Las semillas autóctonas no se pueden dejar perder. Son más resistentes a las plagas y a la sequía y poseen una información genética con unos determinados sabores y texturas que hay que mantener. Gracias al a biblioteca, se va a facilitar el acceso a ellas a todo el público”, declara Rosi Pitarch, que junto con su hermano se ha encargado de nutrir el banco con simientes de diferentes productos. 

El sistema para llevarse semillas de la biblioteca es similar al del préstamo de libros, cualquier persona puede participar con el compromiso de que dispondrá de un año hábil para devolver diez veces la cantidad de semillas que se ha prestado. En el caso de que se haya perdido la cosecha, no vale entregar simiente de compra, sino un equivalente en una simiente local debidamente catalogada. 

Sistema catalogado

Las semillas se encuentran dentro de botes de cristal transparente con una etiqueta identificativa en la que se describen datos concretos con el fin de catalogarlas. Se recoge el tipo y nombre de la simiente, el municipio del que procede, la persona de la que provienen y las ha donado al banco, la fecha y la zona del último cultivo. 

Para el futuro también pretenden incluir una foto de la planta en la que se convierte cada una de ellas una vez que han germinado e incluso elaborar un calendario de siembra. 

Hay variedades tan curiosas como tomate morado de Alcorisa o el carnoso y sabroso tomate de Mas del Ruiz, pero también otros productos tal que judías, acelgas, perejil, calabazas, pepinos o maíz para palomitas provenientes de municipios como Crivillén, Pitarque, Abenfigo, Bordón, Molinos, Berge, Los Olmos y Cañada de Benatanduz, entre otros. 

La intención es ir ampliando el banco de semillas con la mayor variedad posible para que no se pierda ninguna de ellas y los productos de la zona se sigan produciendo en el mismo terreno. 

“Las semillas cambian por la adaptación al clima y la tierra. Una misma semilla o un mismo tomate puede variar dependiendo de la altura a la que se planta o del tipo de tierra de cada zona. Al final son modificaciones diferenciadas que se adaptan tras los años”, explica Jacobo Pitarch. 

Con esta iniciativa la biblioteca de Alcorisa pretende favorecer la cohesión social, compartiendo las semillas entre vecinos, pero también entre distintas generaciones, ya que su cultivo puede ser un nexo de unión y convivencia entre los niños y sus abuelos, donde unos aportan las ganas de aprender y adquirir conocimiento, y otros, la experiencia y sabiduría popular.

Los bancos de semillas también encuentran en los profesionales de la cocina a grandes aliados, ya que valoran todas las cualidades del género. 

“Los cocineros aprecian los productos locales y ecológicos y hacen fuerza por recuperar sabores y texturas diferentes. Algunas variedades se descartaron en su día por ser pequeñas o por tener la piel débil porque el comercio actual todavía prima más la productividad y el aguante de la fruta para que se mantenga durante más tiempo para su transporte”, apunta Jacobo Pitarch. 

Lazos de unión

La presentación del banco de semillas se celebró a mediados de la pasada semana en la terraza de la biblioteca de Alcorisa y allí, además de explicar la iniciativa, se dio a conocer el espacio en el que se ubican los botes con semillas, así como un diseño para identificarlo y hacerlo más atractivo, en el que se relaciona el desarrollo de la semilla con el desarrollo personal al que contribuye la lectura. 

A ella asistió público de diferentes edades y perfiles: los pequeños se divirtieron llenando sus envases de yogur con tierra, enterrando maíz para palomitas y regándolo, y mientras, los adultos conversaron en torno a diferentes aspectos relacionados con la agricultura y plantearon sus dudas.

Se generaron interesantes debates acerca del funcionamiento del huerto escolar y del auge de los huertos urbanos incluso en balcones y terrazas; las diferencias entre los productos híbridos y los transgénicos; casos concretos de adaptación de las semillas a terrenos muy secos; los diferentes ciclos de riego de las plantas; la importancia de controlar las malas hierbas para interpretarlas como indicadores de la falta o exceso de minerales en el suelo; el uso de los herbicidas; la influencia que tiene la luna sobre los cultivos y el crecimiento de las plantas; o las propiedades y sabor que adquieren los productos criados en invernaderos en lugar de al aire libre. 

Los hermanos Pitarch pertenecen a la Red de Semillas de Aragón desde hace años y reconocieron el tiempo que requiere la recopilación de especies y selección de semillas para localizar variedades estables que funcionen en el terreno. 

Son grandes defensores de los productos ecológicos y animaron a los presentes a embarcarse en la agricultura asegurando que “cualquier persona puede cultivar su propio huerto, ya que no es necesario realizar grandes plantaciones, sino que con tres o cuatro tomateras ya se puede recolectar producto propio y no hace falta plantar más para acabar repartiéndola entre los vecinos”. 

Por su parte, desde la biblioteca se mostraron entusiasmados con la propuesta y pretenden relacionar el tema con próximos proyectos de animación a la lectura para escolares.