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Una de las imágenes se tomó en La lonja de La Fresneda. Rosa María Mir

La indumentaria antigua se cuela otra Navidad más en el hospital de Alcañiz

El personal del centro sanitario elabora un calendario cuya recaudación se destinará a Atadi
Cruz Aguilar

Otro año más, y ya van tres, el personal del Hospital Comarcal de Alcañiz se ha vestido con la moda que se estilaba en Aragón en el siglo XIX para elaborar un calendario con el que, en esta ocasión, recaudarán fondos para Atadi, la Agrupación turolense de Asociaciones de personas con Discapacidad Intelectual. En torno a un centenar de personas, entre las que hay 90 modelos, han tomado parte en la elaboración de un almanaque que ya se ha convertido en un clásico de la Navidad bajoaragonesa. 

El objetivo del calendario es dar visibilidad a la indumentaria antigua que vestían nuestros   bisabuelos y que, como apunta Dabí Lata, es el impulsor del proyecto Rememora, que se puso en marcha con el fin de apoyar a colectivos que necesitan ser sacados del olvido.

La idea del calendario surgió en el departamento de Farmacia del Hospital, donde los trabajadores, que tiene una gran relación entre ellos, hicieron un calendario con fotos suyas para su propio uso. De ahí salió la idea de vestirse con ropajes antiguos gracias a la colaboración de la Asociación Sempiterna y vender el calendario entre amigos y familiares para destinar el dinero a una buena causa. El primer año destinaron el dinero a la Asociación de Enfermos de Alzheimer de Alcañiz, mientras que el dinero de las ventas del almanaque de 2020 fue para Somos Pera, una asociación aragonesa de enfermedades raras. Este año han querido destinar la recaudación íntegra a Atadi al tratarse de una entidad que opera en el conjunto de la provincia. 

Dabí Lata es el alma mater de un calendario que lleva un gran preparativo detrás. Así, mientras que el primer año todas las fotografías se tomaron en un estudio, tanto el calendario correspondiente a 2020 como el de 2021 han sido realizados en exteriores. Este año los modelos se desplazaron, junto a la fotógrafa Rosa María Mir, y el director de escena a diversos municipios como Valdealgorfa, Castelserás, La Fresneda, Valjunquera, Calanda, Peñarroya de Tastavins, en este caso ya en la provincia de Zaragoza. 

“Queríamos hacer el calendario con tiempo y no a última hora y en enero tomamos la foto de enero en Peñarroya de Tastavins con la gran nevada; la de febrero la hicimos en un campo de almendros en flor y en marzo nos confinaron y ya aparcamos el calendario, que al final se ha hecho otra vez a última hora”, relata Lata. 

Intenso trabajo

Cada mes lleva una imagen y 15 días de trabajo detrás para localizar los escenarios y probar los ropajes a los modelos. “Hay que tener en cuenta que la ropa que usamos es original, que estaba hecha a medida, pero a la medida de los cuerpos de antes, muy diferentes a los de ahora y además intentamos que todo lo que lleva puesto sea de la misma época”, comenta.  Una vez seleccionados los modelos y el escenario que van a ocupar se fija una fecha para hacer la foto y ese día los participantes se visten y peinan –con ayuda de Peluquería Cristian, de Alcañiz– antes de desplazarse a la población escogida. 

Toda la ropa que aparece en este calendario es popular, “la que se empleaba en el día a día en la zona del Bajo Aragón y el Matarraña”, especifica el impulsor de la iniciativa. “La gente se sorprende de que no haya ropas lujosas, pero es que lo que buscamos precisamente es mostrar esa ropa de uso cotidiano, solo en la portada hay unos mantones de Manila, que sí existían y es un guiño a una exposición sobre seda en pañuelos y mantones que hay en el Espacio de Indumentaria de Valdealgorfa” comenta. 

La elección del escenario tampoco es sencilla porque se intenta que no haya ningún elemento que distorsione la fotografía, como cables. El resultado final es una imagen que solo se reconoce que es de 2020 por el color, ya que todos los ropajes e incluso la forma en la que los modelos posan o realizan las acciones recuerda a la del siglo XIX. “Buscamos imitar en todo a la sociedad de entonces”, agrega Dabí Lata, a quien este año también le ha tocado posar para el calendario por la ausencia de última hora de uno de los modelos. 

La pandemia no solo complicó la elaboración del calendario debido a la reducción de la movilidad y a que todos los participantes del mismo son trabajadores esenciales, sino también en lo referente a la mascarilla, que no tenía cabida en el almanaque de Rememora. “Hacíamos todos los preparativos con la mascarilla puesta y solo los modelos que salían en la foto se la quitaban justo en el momento de tomarla y la escondían entre los ropajes”, relata el director de escena.

Médicos, celadores, enfermeros y también algunos de sus familiares. Todos ellos han cambiado sus batas y pijamas de algodón blanco por sedas y lanas de antaño para participar en un calendario para el que, según argumenta Dabí Lata, hay lista de espera. A esos 90 modelos se suman otra docena de personas que han colaborado prestando materiales para el atrezzo, como un burro, un perro o las sillas. “La fruta que sale en uno de los meses también nos la cedió la de la tienda, que a la vez nos trajo a su nieto para que saliera en la fotografía”, comenta el responsable del proyecto Rememora. 

El año pasado vendieron un millar de calendarios, pero este año pensaron que el Covid-19 complicaría la comercialización del mismo y solo editaron 700, que ya están agotados y se han encargado dos centenares más para poder atender a todas las peticiones.

Además de familiares y amigos de los modelos, el almanaque también lo compran aficionados y expertos en indumentaria tradicional, así como asociaciones folclóricas. También hay gente que lo adquiere con el único interés de colaborar con una buena causa.

Los calendarios se venden en numerosos puntos de toda la provincia de Teruel y también a través de internet.