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Las impulsoras de Biela y Tierra presentan en Torrecilla su iniciativa rural: 2.700 kilómetros en bicicleta para visibilizar proyectos sostenibles Las impulsoras de Biela y Tierra presentan en Torrecilla su iniciativa rural: 2.700 kilómetros en bicicleta para visibilizar proyectos sostenibles
Edurne y Ana, a la izquierda, con dos vecinas de Torrecilla que las recibieron el martes

Las impulsoras de Biela y Tierra presentan en Torrecilla su iniciativa rural: 2.700 kilómetros en bicicleta para visibilizar proyectos sostenibles

Están recorriendo diferentes puntos de España

El salón social de Torrecilla de Alcañiz cogió la presentación de Biela y Tierra, un proyecto de comunicación impulsado por dos mujeres, Edurne y Ana, a las que después se sumaron otras dos, Sole y Cristina, que pretende dar visibilidad de las iniciativas de desarrollo sostenible de los pueblos de España. Edurne Caballero y Ana Santidrián llevan 2.700 kilómetros recorridos en bicicleta desde que el pasado uno de julio salieron de Zaragoza. Desde entonces, han pasado cuatro meses y una semana en los que estas dos mujeres han recorrido pueblos de las Cinco Villas, la Ribera de Navarra, La Rioja, Burgos, Palencia, León, Asturias, Cantabria, Vizcaya, Guipúzcoa, la provincia de Huesca y, finalmente Teruel. 

En la provincia están desde este martes en Torrecilla de Alcañiz. Allí han conocido la explotación agrícola de los hermanos Lorenzo, dedicados al cultivo ecológico. Después, el sábado terminarán su aventura en Alloza, donde visitarán La Ojinegra.

Las dos aventureras que viajan pedaleando por medio país tienen el apoyo de Sole López y Cristina Vázquez, que son las encargadas de visibilizar la iniciativa de sus dos compañeras a través de una página web y de las redes sociales. En bielaytierra.com escriben a diario las crónicas del viaje de Edurne y Ana, así como los vídeos que ellas mismas graban a los protagonistas del mundo rural, personas que han iniciado proyectos de distinto tipo, pero siempre sostenibles, en los lugares que han visitado. 

“El proyecto consiste en comunicar experiencias reales de personas que están apostando por otra manera de producir y por un mundo rural vivo", resaltó Edurne Caballero, que ha trabajado durante años en Cerai (Centro de estudios rurales y agricultura internacional). En todos estos meses han conocido 122 iniciativas rurales. 

Su proyecto de comunicación tiene tres ejes. Uno de ellos es el contacto con los medios de comunicación; otro es la web, a la que se trasladan las crónicas viajeras y en la que los protagonistas explican qué hacen en los pueblos y, finalmente, realizan presentaciones en los municipios de su iniciativa como la que anoche tuvo lugar en Torrecilla de Alcañiz. "Lo que buscamos es que la gente reflexione sobre el modelo de desarrollo rural y agroalimentario que tenemos", explicó Caballero. 

Las dos viajeras tenían claro que "queríamos terminar en la provincia de Teruel por lo que representa la despoblación, porque queríamos transitar por los territorios más invisibilizados, donde parece que no ocurre nada y donde precisamente es donde más gente hay que decide apostar por un modelo de desarrollo sostenible y coherente". En este sentido, se refirió a La Ojinegra, un establecimiento que "apuesta por una restauración que pone en valor a los agricultores que producen esos productos, que potencia los valores locales y difunden y sensibiliza al consumidor para que valore al que produce de manera sostenible. Su proyecto es importantísimo para que se recuperen los olores y sabores de antes", afirmó.

 

Ampliar objetivos

Los cuatro meses y una semana que hace que salieron de Zaragoza han supuesto para Edurne y Ana un enorme esfuerzo. Cada dos días visitan una iniciativa distinta. En este trayecto "nos hemos encontrado cosas muy variadas", tantas que han modificado su objetivo inicial, que consistía en visitar proyectos relacionados con la alimentación. "A medida que pasaban los días y que conocíamos gente nos dimos cuenta de que donde hay alimento hay vida e infinidad de propuestas que se desarrollan a su alrededor". No en vano, añadió, "hemos conocido personas que se dedican a llevar la cultura a las zonas rurales, que apuestan por poner en valor el paisaje, que se han centrado en la recuperación de tradiciones, etc". Han visitado proyectos de particulares o impulsadas desde la administración, porque "es esencial la vinculación de las administraciones con las necesidades de las personas del territorio", señaló. No en vano, "los pequeños productos artesanos fijan población en el territorio, mantienen las tradiciones y vinculan a la gente".

Ana Santidrián es doctoranda en Ingeniería química y medio ambiente. Nacida en una familia de agricultores convencionales, se sumó al proyecto llevada por un interés por conocer una manera de producir alternativa. Sole López y Cristina Vázquez son las que, a través de la empresa Darsena Estudio, se terminaron incorporando al proyecto para enfocarlo no sólo como una vivencia particular, sino como una manera de tender puentes entre el medio rural, que produce alimentos, y el urbano, que los consume.