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Los impulsores del certamen ‘Jóvenes promesas del Violonchelo’ de Alcañiz: “Hay una posibilidad de recuperar el concurso si sale la propuesta del Ayuntamiento” Los impulsores del certamen ‘Jóvenes promesas del Violonchelo’ de Alcañiz: “Hay una posibilidad de recuperar el concurso si sale la propuesta del Ayuntamiento”
Vicente Dobato, Paz Benavente y su hija Ana, en la terraza de su casa

Los impulsores del certamen ‘Jóvenes promesas del Violonchelo’ de Alcañiz: “Hay una posibilidad de recuperar el concurso si sale la propuesta del Ayuntamiento”

Tras anunciar la suspensión del certamen, un posible patrocinio abre las puertas a la continuidad

La asociación Cabriante ha decidido cancelar la que debería haber sido la undécima edición del concurso Jóvenes Promesas del Violonchelo, celebrado por última vez en 2019 y suspendido temporalmente en 2020 debido a la pandemia de coronavirus. Sus promotores, Vicente Dobato y Paz Benavente, junto con su hija Ana, anunciaron la semana pasada la interrupción sine díe del certamen al no poder asumir los costes del evento, tras reducirse la financiación institucional. Después de anunciarlo, no obstante, queda abierta una puerta a la esperanza, ya que el Ayuntamiento de Alcañiz ha propuesto a la pareja una fórmula de patrocinio institucional, medida que permitiría reflotar el evento.

-¿Por qué tomaron la decisión de suspender el concurso Jóvenes Promesas del Violonchelo?

-Se han unido varios factores, uno de ellos es la pandemia, que ha impedido que el concurso pudiera organizarse. Aparte está el apoyo institucional, que actualmente no existe.

-¿Qué apoyo recibían por parte de instituciones públicas o privadas?

-Cada año firmábamos un convenio con el Ayuntamiento de Alcañiz, que aportaba una cantidad que nos ayudaba a cubrir una serie de gastos. Aparte del Ayuntamiento había otras entidades que también colaboraban y dejaron de hacerlo. Empezamos con ayudas de La Caixa, de la Diputación de Teruel... pero esas ayudas fueron desapareciendo, y nosotros seguimos tirando para adelante, haciendo las pancartas, preparando los trofeos, invirtiendo dinero. Al principio, los jurados cobraban, pero después, con la pérdida de financiación, cobraban la mitad y, finalmente, ni cobraban, es decir, venían aquí de manera altruista. Hemos hecho un esfuerzo enorme, pero ahora ya no puede ser ni se puede sostener. Si volvemos a recibir apoyo institucional, volveremos con el concurso, realizando un esfuerzo grande, pero tiraremos para adelante.

-¿La pandemia fue el estoque final?

-La pandemia supuso un parón. El segundo año se podría haber organizado, pero nosotros hemos cimentado este concurso basándonos mucho en el contacto humano. Hubo quien nos propuso que organizáramos una nueva edición sin público, pero la gracia de este concurso han sido las relaciones humanas, y sin público no lo veíamos viable.

-¿Qué posibilidades hay de retomar el certamen?

-El concejal de Cultura nos  llamó esta semana, estuvimos departiendo, tratando de encontrar una solución. Le manifestamos que lo de clausurar el evento era una decisión irrevocable, aunque en esta conversación nos hizo un planteamiento que nos ha abierto una puerta a la esperanza. Si lo que se nos ha propuesto se lleva a buen puerto, tendríamos que recapacitar y nos veríamos en la obligación de retomar el concurso. Habría que reconsiderarlo.

-¿Un patrocinio como el evento de jota que se hará con Malandía?

-Sí, nos hablaron de algo parecido a un patrocinio. No es una subvención nominal, sino la asignación de unos fondos a una determinada actividad. En cualquier caso, ésta ha sido una primera toma de contacto, y ahora hay que acercar posturas, valorar el coste del evento y negociar, pero la disposición por parte del Ayuntamiento de Alcañiz ha sido buena y la reacción que han tenido desde que anunciamos la cancelación también ha sido rápida.

-¿Qué tenía este concurso para atraer a tantos alumnos?

-Más que concebido como una competición lo basamos en un encuentro de personas con la misma pasión a la música y al violonchelo. Aquí había intercambio de conocimientos, de comparación entre unos y otros alumnos, pero en positivo. De aquí han salido amigos, y no solo alumnos, sino también jurados. Y nuestro interés no era otro que recordar a Jaime. Hay otros concursos que tienen intereses económicos o profesionales, pero el nuestro era la memoria de nuestro hijo.

-¿Cómo se gestó la idea?

-Salió casi inmediatamente después de la muerte de Jaime. Fue como una manera de no cortar con el mundo de Jaime, y una parte del mundo de Jaime era el violonchelo. Nuria Gañet era profesora de nuestro hijo en el Conservatorio y nos propuso la idea de crear el certamen. El primer año llenamos el concurso y hubo que decirle a la gente que ya no teníamos más sitio para más concursantes.

-¿Cómo evolucionó ?

-Empezamos por dos categorías, desde inicial hasta 12 años y de 12 a 18; después pasamos a tres y finalmente a cuatro, de manera que ajustamos más las horquillas de edad.

-¿Qué les aportó el concurso a ustedes y en general a la música?

-Mucho. Ha sido nuestra tabla de salvación. Para el duelo, lo recomendamos. Entregarse en cuerpo y alma a algo relacionado con tu hijo ayuda, porque no son dos días, sino muchos meses de trabajo con antelación. Estamos convencidos de que por este concurso han pasado los mejores violonchelistas de España. Algo que podemos decir es que, cuando empezamos, los violonchelistas españoles no salían a concursar fuera, y ahora lo están haciendo y están ganando certámenes. Nos lo han dicho algunos jurados en varias ocasiones. Este era el único certamen de violonchelo que tenía una periodicidad fija y ayudó a que el nivel mejorara bastante, porque un concurso no solo es una competición entre alumnos, sino que acaba siéndolo entre los profesores.

-¿Qué es lo que más se valoraba por parte de los concursantes?

-La limpieza e imparcialidad con la que se realizaba el concurso, el trato que se dispensaba. A este concurso no solo venían los 30 o 35 concursantes, sino también las familias que les acompañaban y los profesores. Todos estaban alojados aquí tres días consecutivos y las casas rurales y hoteles se llenaban. Aparte de eso era una actividad cultural muy bonita, con el teatro lleno.

-¿Ha sido doloroso tomar la decisión, al menos momentánea, de suspenderlo?

-Sí, porque le habíamos dedicado mucho trabajo, habíamos levantado un castillo con un enorme esfuerzo, habíamos conseguido más de 300 socios... lo doloroso es que ese castillo que creíamos tan sólido y que estaba bien cimentado se ha venido abajo. El primer año después de la pandemia no nos planteamos suspenderlo, pero sí en los dos siguientes.

-¿Qué les han dicho los concursantes, las familias, la gente...?

- Les da pena y están muy agradecidos.

-¿Cuál ha sido el balance de estas diez ediciones?

-Ha sido una experiencia extraordinaria. Hemos aprendido mucho de música, de concursos, y hemos establecido muchas relaciones humanas, aparte de lo que ha significado como terapia para el duelo.

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