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Termina la restauración de la hornacina del Carmen de Alcañiz Termina la restauración de la hornacina del Carmen de Alcañiz
Bendición de la hornacina y de la imagen de la Virgen

Termina la restauración de la hornacina del Carmen de Alcañiz

La rehabilitación deja visibles los rojos y azules originales

La restauradora Miriam Tomás ha dado por terminados los trabajos de restauración de la hornacina del Carmen de Alcañiz, cuya bendición se celebró ayer por la tarde para satisfacción de los miembros de la cofradía.
La puesta a punto de este elemento llega justo cuando acaba de comenzar la Semana Santa, y ha culminado después de tres semanas de trabajo, de limpieza de la suciedad de la piedra arenisca y de recuperación de las capas de color más antiguas, entre las cuáles destacan los rojos y azules, que son los originales de 1669. También se aprecian tonos verdes a los pies del conjunto, posiblemente de una etapa posterior.
La limpieza de la hornacina “se ha realizado siguiendo las recomendaciones de la comisión de Patrimonio del Gobierno de Aragón”, según manifestó la experta. Hay que tener en cuenta que la iglesia del Carmen “es un Bien Catalogado” protegido. Según Miriam Tomás, “se nos aconsejó que la zona no quedara excesivamente limpia para que no sobresaliera con respecto al resto del conjunto”, afectado por la costra negra habitual que se forma en la piedra como consecuencia del paso del tiempo y la humedad. Es por ello que “en la parte inferior esa costra oscura no se ha eliminado del todo”, manifestó.
La técnico ha culminado un trabajo que le encargó la cofradía del Carmen y que se ha visto condicionado por la climatología de este mes de marzo y por las características del muro de la iglesia en el que está instalado el elemento restaurado. Al tratarse de piedra arenisca y estar afectado por la humedad, la restauradora se ha decantado por el uso de medios mecánicos para realizar la adecuación.
La eliminación de la costra negra que cubría las paredes se ha realizado “mediante el uso del bisturí, de microtorno con piedras de distinta dureza y puntualmente con cepillos metálicos”, relató Tomás. El grosor de esta masa de suciedad ha sido rebajado “lo máximo que se ha podido”, comentó. De la misma manera, se ha llevado a cabo una limpieza mecánica con aspiradores, paletinas e instrumentos de madera, herramientas necesarias “para no rayar la madera y la capa pictórica que estaba debajo”.
Asimismo, los trabajos han consistido en la eliminación de repintados modernos que “eran poco adecuados y no correspondía a la conservación de la obra” y también “he fijado en la parte del friso la inscripción”, que antes de la restauración apenas era perceptible y ahora se aprecia perfectamente.
Por otra parte, Tomás comentó que ha encontrado una lámina metálica en algunas partes de la hornacina, con restos de pan de oro, pan de cobre y de estaño. “Estaba tan adherida al original que no se ha podido eliminar completamente, porque en caso contrario hubiéramos arrastrado la capa original”. Estos elementos metálicos son de una etapa histórica que no ha podido ser determinada todavía, apuntó.

Diferentes etapas históricas
La restauradora se mostró “satisfecha” con el resultado, y consideró que “lo más difícil  ha sido decidir qué se dejaba y qué se quitaba”. No en vano, hay capas pictóricas de varias etapas históricas. Además, “también hay añadidos de cemento que también se han dejado, porque he considerado que su eliminación podría resultar dañina”. Igualmente se ha mantenido el frontón de cemento, que “ha sido reintegrado cromáticamente”.