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El convento servita de Cuevas de Cañart, con el claustro restaurado como zona de visitantes y que se convertirá en el museo local

Un nuevo paso en la consolidación del convento servita de Cuevas de Cañart

Dos restauradoras de la Fundación Santa María han recuperado un muro, un arco y elementos decorativos

Dos restauradoras de la Fundación Santa María de Albarracín terminaron la semana pasada la rehabilitación de un muro, un arco y unos elementos decorativos  del convento servita de Cuevas de Cañart. La actuación, financiada por la entidad local de Cuevas y el área de Patrimonio de la Comarca del Maestrazgo, se llevó a cabo por el procedimiento de urgencia por ser especialmente peligroso el estado en el que se encontraban todos estos elementos, tanto el arco como el muro. Además, se decidió intervenir de manera inminente por ser este muro el que conecta la iglesia del convento con una de las crujías del claustro, rehabilitado y acondicionado el año pasado como sala de visitantes y que albergará el museo que proyecta poner en marcha el Ayuntamiento para explicar la curiosa historia de los monjes servitas y de su llegada a este lugar del Maestrazgo.

El arco en el que se ha intervenido es uno de los pocos en los que se conservan molduras de yeso en forma de angelotes y composiciones de rocallas. Este es uno de los relieves que se encuentran en mejor estado dentro de la ruina que presenta el antiguo templo. 

La intervención ha consistido en el sellado de las grietas de yeso y en la inyección de morteros para asegurar el arco, que amenazaba con desprenderse. También se ha realizado una limpieza mecánica tras la que se pueden apreciar mejor los colores originales del relieve y que ha perfilado las caras de las figuras. 

Según explicó el director de la Fundación Santa María de Albarracín, Antonio Jiménez, las dos restauradoras han realizado  una intervención en un muro del interior del templo que amenazaba con venirse abajo. “Estaba a punto de caerse y, en concreto, presentaba algunos fragmentos  sueltos, por lo que se ha tenido que intervenir mediante la vía de urgencia, porque ya se había caído alguna moldura”, indicó Jiménez. El director de la Fundación enfatizó que el hecho de encontrarse toda la estructura a la intemperie hace que todos los muros en pie sufran las consecuencias de la penetración de humedades.

Debido a la ausencia de cubierta, todos los muros, aunque sean interiores, se encuentran en una situación como si se tratara de muros exteriores. El principal enemigo de este convento es la humedad. “Se conserva solamente la estructura básica, así que todos los muros en general están sometidos a filtración de grandes cantidades de humedad, lo que provoca embolsamientos, placas, etc, así que ha habido que afianzar el muro uniendo con inyecciones de cal todas las patologías que se apreciaban”, detalló el director de la Fundación Santa María de Albarracín. 

El proceso

Lo primero que hicieron las dos restauradoras encargadas del trabajo fue la eliminación de las sales del agua que habían penetrado en el muro a través de todo tipo de grietas. El yeso de las molduras decorativas se había agrietado y roto, así que “hubo que hacer una inyección de mortero en cal por el interior de los muros, que estaban completamente huecos por dentro”, detalló Rosana Herrero, una de las dos responsables de la intervención. “La pared es de adobe y las decoraciones de yeso, así que había que inyectar mortero de cal libre de sales por el interior de los muros, a través de las fisuras, sellando de esta manera con el mortero de cal y arena hasta que acababa rebosando”. Así fue como los elementos que estaban sueltos y a punto de desprenderse quedaron unidos. Asimismo, se han introducido disolventes que incorporan “consolidante, hidrofugante y biocida” para asentar internamente el yeso, que se encontraba “completamente descohesionado”. Estos tratamientos servirán para evitar la aparición de hongos, arbustos y otra vegetación, además de para evitar que la escorrentía de agua siga penetrando dentro de los muros. 

En los elementos decorativos “se ha asentado la poca policromía que quedaba, porque la mayoría estaba perdida, y se ha realizado una limpieza con cepillos y un aspirado”, indicó la restauradora. Aprovechando la presencia de ambas en Cuevas de Cañart también se realizó el remate del muro final con mortero de cal para impedir que haya más filtraciones.

Una última intervención ha consistido en la retirada de la lechada de hormigón que se colocó en los años 90 con el objetivo de salvar el deterioro del edificio y evitar que se viniera abajo. Tal y como detalló la restauradora, “aunque aquella intervención se realizó con buena intención y seguramente en su momento le fuera bien para aguantar en pie más años, ahora mismo estaba perjudicando al edificio, porque el hormigón impide la transpiración y que las sales del agua salgan fuera del muro”. Las dos especialistas retiraron el hormigón y echaron mortero de cal y arena, “con lo que conseguimos proteger el muro y que transpire, además de impedir que siga entrando agua al interior”, destacó Rosana Herrero.

La pared donde se ha actuado  es una de las que se encontraba en peor estado. Según el director de la Fundación Santa María de Albarracín, “en general, el estado del monumento es de deterioro total y esa misma actuación que se ha realizado en el muro por el que se accede a la iglesia se debería llevar a cabo en todo el edificio”, opinó.

Conservación de yesos

La técnico de Cultura y Patrimonio de la Comarca del Maestrazgo, Sonia Sánchez, explicó que “fue la alcaldesa de Cuevas de Cañart la que advirtió de que el arco por el que se accede a la iglesia podría encontrarse en mal estado, y así fue”. Sánchez insistió en que “este es uno de los pocos lugares del convento que todavía conserva figuras de yeso; solamente queda una capilla y este arco con los angelotes, así que se decidió actuar de urgencia”.

La restauración terminó la semana pasada. “Ha sido una intervención sencilla, pero que era muy necesaria en este momento”, enfatizó Sánchez, quien recordó que la Comarca está recopilando información sobre el convento y la orden servita en el Maestrazgo a través del  historiador Vicente Lorente.

La alcaldesa, Rafaela Liébana, señaló que el Ayuntamiento lleva años detrás de un proyecto de recuperación de todo el convento que empezó con la restauración del claustro, terminada el año pasado, en lo que se invirtieron 246.000 euros. “Una vez está reconstruido el claustro, queremos hacer una musealización sobre la historia de los monjes servitas, su vida, cómo llegaron a Ladruñán, cómo construyeron el convento, los servicios que daban (escuela, botica…) para que todo el mundo conozca la trayectoria de los monjes”.

La regidora indicó que “el proyecto es a muy largo plazo, porque invertimos a medida que conseguimos financiación”, pero apuntó que “nuestra idea es consolidar toda la iglesia, que está en una ruina completa”. Se debe continuar, enfatizó, “porque un claustro sin iglesia no tiene ningún sentido”.

Los primeros monjes servitas de Cuevas se instalaron en una cueva en el siglo XV

La historia de los monjes servitas en Cuevas de Cañart se remonta a la llegada de los frailes a la zona, a finales del Renacimiento. A finales del siglo XV, en 1497, se funda el primer convento de la orden en la ermita-cueva de Ladruñán. 

Aquella ermita fue dedicada a San Miguel Arcángel y terminó siendo abandonada como consecuencia de la peste. Se fundó un nuevo convento en la misma cueva a principios del siglo XVII, en 1617, antes de que en el siglo XVIII se construyera el definitivo, en las proximidades a Cuevas de Cañart. De la edificación conventual del siglo XVIII -que debió de tener unas considerables dimensiones- prácticamente sólo se ha conservado la parte correspondiente a su templo, también dedicado a San Miguel Arcángel y de un estilo barroco muy sobrio. 

Este convento, como tantos otros, resultó afectado por la Desamortización de Mendizábal de 1836, el proceso de exclaustración derivado de ella y las guerras carlistas. Quedó vacío y abandonado, iniciándose el lento proceso de deterioro y de ruina que le ha llevado a su estado actual. 

Según explicó la técnico de Cultura y Patrimonio de la Comarca del Maestrazgo, Sonia Sánchez, el convento de Cuevas de Cañart permaneció en funcionamiento durante más de un siglo. Tras la desamortización de la primera mitad del siglo XIX, el edificio se va deteriorando, “dándole la puntilla durante la última guerra civil”. 

Según la documentación recopilada por la Comarca del Maestrazgo, la portería todavía se conservaba en los años 50 del siglo XX y ahora solo queda la fachada casi completa, muros y arcos.