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Nagore Ezquerro durante su intervención en la jornada de Fademur desde su obrador chocolatero en Panillo, Huesca

Burocracia y malos accesos, escollos para emprender en los pueblos

Fademur organiza una jornada sobre emprendimiento en el medio rural
Cruz Aguilar

Burocracia farragosa, problemas para que las empresas de transporte lleguen hasta allí, acceso a internet deficiente o malas comunicaciones por carretera. Esos son los principales problemas que salieron a la luz durante la jornada online sobre emprendimiento en el sector agroalimentario organizada por Fademur, la Federación de Asociaciones de Mujeres Rurales. La principal ventaja para los ponentes está el vivir en el lugar donde desean, una motivación que les hace buscar solución a todos los escollos que encuentran en el camino. 
El emprendimiento en el medio rural no solo supera al urbano en número, según explicó Carolina Llaquet, responsable de Fademur, durante la jornada de ayer, sino que también es más duradero y estable “pese a esas dificultades añadidas”, dijo la experta. Desde Fademur especificaron que el emprendimiento es una forma de fijar población y crear empleo en el medio rural y animaron a todos los asistentes a la jornada, que eran en torno a una treintena, tanto a buscar la singularidad de sus productos como a intentar la diversificación dentro de un mismo sector.
La actividad de ayer se enmarca en el programa #Aragón_solidario que se inició el pasado año y se desarrollará también a lo largo de este primer trimestre. Tiene dos vertientes, por un lado mejorar la empleabilidad a través de actividades grupales, talleres presenciales y virtuales y asesoramiento de forma individual. Otra línea de trabajo es la compra de alimentos a pequeñas empresas familiares que están pasando dificultades derivadas de las restricciones vinculadas a la pandemia y donarlas a entidades sociales. Llaquet precisó que la semana pasada se donaron 9.000 kilos de alimentos en Alcañiz y Andorra y esta semana será el turno de Calamocha, Borja y Cariñena.
Durante la sesión cuatro emprendedores explicaron en primera persona cuál ha sido su recorrido desde la puesta en marcha de la empresa hasta hoy, narrando desde lo que han aprendido hasta las piedras que han ido encontrando en el camino. 
La primera en intervenir fue Susana Lahuerta, socia de la empresa Laurel y tomillo, que comercializa conservas desde Lagueruela, en el Jiloca. La empresaria destacó la importancia que tiene contar con un equipo bien complementado. Laurel y tomillo ha apostado por la diferenciación y la búsqueda de un tipo de cliente preocupado por una alimentación sana, saludable, donde predomine el sabor pero de consumo sencillo y rápido. El hecho de ser una empresa formada por tres personas hace que ellos se tengan que ocupar de todo, desde el cocinado a la promoción o la comercialización. Pero además, según Susana Lahuerta, “es importante la diversificación” y por eso tratan de ofrecer “varios productos que van desde conservas de carne a trufa fresca”. Además, añade que ahora su principal línea de producción son las conservas de carne, pero no descarta incorporar nuevos productos o que varíe en función de la demanda.
Entre las principales dificultades para Laurel y Tomillo está la ausencia de banda ancha, “una espina clavada que tiene Teruel y que para vender un producto desde ese medio rural es una necesidad, sin eso no vamos a ningún sitio”, lamentó. 
 A Lahuerta, al igual que para al resto de los emprendedores que ayer mostraron sus experiencias, las empresas de transporte no les ponen las cosas sencillas y en algunos casos, como en el de Chocolates La Ofrenda, de Panillo, en Huesca, los transportistas no llegan hasta su puerta porque hay 3 kilómetros de camino sin asfaltar. “Lo hemos reivindicado muchas veces y son cosas en las que tendríamos que tener el apoyo de las instituciones”, criticó Nagore Ezquerro. 
Ella y su marido montaron un obrador especializado en chocolate con una sola premisa: de su casa solo iban a salir productos singulares y de la mejor calidad. Se mudaron desde la Rioja Alavesa hasta la Ribagorza porque era el lugar donde querían desarrollar su proyecto de vida. Al principio no tuvieron las cosas fáciles puesto que los bancos les ponían problemas para los préstamos: “Al final tuvimos que tirar de las que siempre apostaron por nosotros, que fueron nuestras madres. Cuando los bancos vieron que alguien arriesgaba el capital ya estuvieron ahí”, dijo. 
Nagore Ezquerro agradeció el apoyo que tuvo de la Cámara de Comercio de Huesca, que elaboró un plan de viabilidad para su negocio, algo que considera “fundamental porque te piden datos que luego te ayudan mucho a la hora de ponerlo en marcha”, dijo.
La burocracia fue otro de los aspectos que casi hace tirar la toalla a los hermanos Lahuerta, pero Adri Jiloca Gallocanta les ayudó a superarlo. También en este aspecto desde Chocolates La Ofrenda aconsejan tener todos los pasos a seguir claros e informarse bien en los diferentes departamentos que deben dar el visto bueno al negocio porque ellos tuvieron que modificar incluso el obrador una vez construido porque no se ajustaba a la normativa y ni siquiera lo sabían. 
“La aportación personal que tienes que poner al negocio para sacarlo adelante es más alta, pero también la satisfacción es mayor porque vives donde quieres vivir”. Lucía Ibáñez y Natalia Laínez forman la empresa Abejas del Moncayo, que está dedicada a la venta de enjambres y reinas y también a la producción mielera, pero con el envasado en frío que proporciona una textura diferente la miel. En sus 8 años de trayectoria creen que ya han superado todo lo que podía pasarles y enumeran incendios, mortandades y robos, para añadir la maternidad, puesto que ambas quedaron embarazadas a la vez. Las socias aseguran que realizaron numerosos cursos de formación antes de que las Abejas del Moncayo comenzaran a volar, pero aún así aseguran que han sacado adelante la empresa ganadera “a base de error-acierto”. 
También uno de sus mayores problemas es el envío de materiales y apuntaron que las dificultades de un negocio en un pequeño pueblo son más grandes: “Te sientes más lejos, pero también te forjas más y sacas herramientas de debajo de la manga”, dijeron.
El último de los casos analizados ayer fue el de Víctor Clavería, que puso en marcha un negocio vitivinícola en Almunia de San Juan (Huesca) tras sentirse atrapado en su trabajo de economista. Clavería narró ayer que en todos los proyectos que ha intentado sacar adelante ha buscado la diferenciación: “A los pequeños no nos queda otra, la diferenciación y buscar ese nicho de mercado al que podemos sacar partido”, dijo.  Uno de los problemas que dejó entrever es la dificultad para poner precio a los productos y en este sentido Carolina Llaquet aseguró que se trata de alimentos artesanos y diferenciados, algo que aporta un valor añadido y que el consumidor debe apreciar. 

Trabajar en red
Durante la sesión también intervino la directora general de Innovación y Promoción Agroalimentaria, Carmen Urbano, quien destacó que Aragón genera una décima parte de toda la materia prima agraria de España, lo que ofrece “muchas oportunidades para el sector”. Urbano aprovechó su intervención para mostrar las diversas herramientas con las que cuenta el Gobierno de Aragón en materia de promoción agroalimentaria. Además, animó a los asistentes a trabajar en red porque “el emprendimiento es muchas veces una labor en red” y también les instó a “pensar en grande y en internacional”.
Por su parte Pilar Martín, coordinadora de programas de apoyo a emprendedores en el Instituto Aragonés de Fomento (IAF) mostró a los asistentes las diversas áreas de trabajo que tienen para prestar ayuda a las personas que se animan a emprender. También les ofreció algunas pinceladas sobre los programas de formación y comentó el proyecto Digitalízate, que nació en 2020 fruto de la necesidad de las empresas por la digitalización.