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Campos, un barrio de Aliaga cuyos hijos aseguran la supervivencia del pueblo Campos, un barrio de Aliaga cuyos hijos aseguran la supervivencia del pueblo
Campos sufrió el problema de la despoblación en los años 70 pero los emigrantes y sus hijos mantienen una fuerte vinculación con la localidad

Campos, un barrio de Aliaga cuyos hijos aseguran la supervivencia del pueblo

Los descendientes mantienen muy viva la asociación cultural y reformadas las casas estivales

Campos es un barrio rural de Aliaga que apenas son siete habitantes en invierno, pero 120 en verano. Fue municipio propio hasta 1971 y el problema más grave que ha tenido ha sido el suministro de agua potable que no se solucionó hasta 2016. Campos tiene una asociación cultural , “El Viejo Olmo”, muy dinámica entre los hijos y los descendientes del pueblo, que viven principalmente en Zaragoza, Barcelona, Utrillas y Alcañiz. Son los descendientes de Campos los que aseguran la supervivencia del pueblo en un futuro con las restauraciones de las casas y las actividades que se realizan. Ahora el problema más grave que se tiene es la terminación del acondicionamiento de la carretera a Aliaga e Internet. 

El alcalde pedáneo de Campos, Alfonso Sangüesa Millán, recordó la rica historia de su  pueblo, que fue municipio independiente hasta 1971, que pasó a depender de Aliaga. “En 1990 en las proximidades de Campos aparecieron unos restos de un enterramiento musulmán del que se ocuparon especialistas de la Universidad de Zaragoza, entre ellos el conocido geólogo y profesor de dicha Universidad y originario de Cobatillas, José Luis Simón. Analizados los fragmentos humanos se les atribuyó una antigüedad mínima de mil años”.

En el siglo XIX Campos, que está a una altitud de más de 1.300 metros, tenía 262 habitantes. En 1950 los habitantes eran 302 y en 1970, década en la que empezó la emigración, tenía 85 vecinos. Actualmente en invierno, cuenta el alcalde pedáneo son 7 las personas que residen pero en verano se alcanza los 150 habitantes cuando regresan los hijos y los descendientes de Campos que emigraron principalmente a Zaragoza, Barcelona, Utrillas y Alcañiz. “Campos  tuvo una emigración tardía, en los años setenta. Tuvo mina propia desde año 1949 hasta  1955 que se cerró por la mala calidad del carbón.Tuvo hasta un poblado minero propio”. Añadió que la escuela, que el vivió, Alfonso tiene 72 años, llegó a tener a medio centenar de escolares, con  escuela de niños y  de niñas. 

En el apartado de educación Campos históricamente ha destacado, resaltó Alfonso Sangüesa. “Desde que recuerdan los mayores que viven y la anterior generación, Campos fue un pueblo privilegiado porque desde finales del 1800 estaba alfabetizado prácticamente en su totalidad. Algo poco frecuente en España. Por suerte, o por las razones que fueren existe constancia de maestros y maestras que estuvieron en Campos y le permitieron disponer de un nivel educativo superior a lo que era común. De hecho, solía y aún suele aplicarse a Campos el apodo de letrados, letraus, que viene a significar que saben de letras, según el común hablar de antes. En este capítulo existe un caso singular. Se trata de nuestro maestro Policarpo Andreu Nebra, natural de Josa, que llegó a Campos en el años 1918 y ejerció el magisterio hasta 1959, por obligada jubilación al cumplir los 70 años. Un hombre querido y venerado en Campos, donde enseñó exactamente durante 40 años, 7 meses y 7 días. Hasta 1966 había escuelas diferenciadas de niños y niñas. A partir de ahí se unificaron y finalmente la escuela se cerró el 15 del 11 de 1974”, recordó Alfonso Sangüesa. 

Hasta hace escasamente 5 años el problema más grave que ha tenido Campos ha sido el abastecimiento de agua potable. La captación que había hasta entonces estaba afectada por materiales mineros que la hacían no apta para beber ni para lavar. “Gracias a la decisión y determinación del alcalde de Aliaga, Sergio Uche, se llevó el suministro de agua de Aliaga a Campos bombeándola y para que no nos costara dinero puso placas fotovoltaicas gracias a unas subvenciones que consiguió. Desde 2016 en Campos estamos bebiendo agua de calidad”.

El siguiente problema que tiene Campos es la carretera a Aliaga. En este punto, Alfonso Sangüesa dijo que está acondicionada una parte y que tiene la promesa por parte del alcalde Aliaga, Sergio Uche, en sus gestiones con la Diputación de Teruel que la carretera se terminará de acondicionar en esta legislatura. “La verdad es que el alcalde de Aliaga se preocupa por las pedanías y es de agradecer”, afirmó. 

Respecto al futuro de Campos, aunque es incierto, está asegurado por los hijos y los descendientes del pueblo, que reforman las casas y están cuidadas. Además se cuenta con una asociación, El Viejo Olmo, que es muy dinámica y mantiene vivo el pueblo. “La asociación cultural El Viejo Olmo se constituyó en 1992 con el fin de aunar sentimientos, recuerdos y ganas de hacer algo por el pueblo. Desde entonces se han conseguido muchos logros y mejoras como la restauración del edificio del antiguo ayuntamiento de Campos que presentaba ruina inminentes debido al abandono desde la fusión con Aliaga en 1991. También se ha recuperado el edificio del horno común de toda la vida que existía en los pueblos. Se ha creado una sala biblioteca archivo dentro del edificio del ayuntamiento. Se ha instalado un parque infantil anejo al ayuntamiento y previa compra del solar. Se edita una revista anual y se promueven actividades de convivencia socioculturales que no hubieran existido de otra manera” valoró Sangüesa, quien apuntó la inquietud que hay sobre la monumental iglesia afectada por las  humedades. 

El cercano y visitado sendero fluvial del Guadalope

Campos carece de senderos propios marcados pese a sus paseos por la chopera en el entorno del antiguo lavadero y de la fuente. Pero muy cerca de Campos a unos 5 kilómetros está la ruta fluvial del Guadalope que es muy visitada por los senderistas. El más cercano a Campos es el tramo desde Aliaga hasta la antigua central térmica y su continuidad. Por carretera: Aliaga-barrio de Aldehuela por la A-1403, son poco más de 3 kilómetros. El sendero fluvial es corto, accesible, precioso, a veces volado sobre pasarelas y otras a ras del río. Tras 40 minutos desde que se comienza a andar se alcanza una vista insólita,  la inmensa central térmica  abandonada al pie del pantano. Se rodea el embalse por la derecha. Partiendo de las inmediaciones de la central, hay un camino que sube al mirador de la Hoz Mala desde el que se obtiene una fantástica perspectiva general de la hoz desde su parte alta. Una excursión muy sencilla de unos 30 minutos y sin ninguna dificultad técnica (salvo un fuerte desnivel al principio).

Se inicia el segundo tramo, conocido como Sendero fluvial de la Hoz Mala, que es el más aventurero y entretenido, con algo más de dificultad que el anterior ya que tiene tramos de pasarelas y escaleras a gran altura, descensos pronunciados y pasos por bloques de rocas junto a badinas y saltos de agua.