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Carmen Hernández Muñoz, (izq.) preparando la comida junto a su hermana Segunda, que es junto a ella la única que sigue viva. Archivo Familia Hernández Muñoz

Carmen, la mujer que impulsó el baile de Las Chatas de Monreal, cumple 100 años

La sala de baile de la familia Hernández Muñoz fue el lugar de ocio juvenil entre los 40 y los 70
Cruz Aguilar

La canción del Tiro Li Liro -aunque no la versión de los años 80 de la Orquesta Topolino, sino la que popularizó la Orquesta Gran Casino en los 40– es una de las preferidas de Carmen Hernández Muñoz. Era una de las que sonaba en el baile de Las Chatas, en Monreal del Campo, donde ella se ocupaba de cobrar y poner copas, pero también de animar la sesión bailando, que era su gran pasión. Hoy Carmen cumple 100 años y la canción volverá a sonar en su honor en la residencia de Monreal del Campo, donde vive junto a su hermana Segunda que, aunque más joven, hace tiempo que es nonagenaria. 

Sus años mozos fueron duros, aún se emociona al recordarlo, pero también hubo momentos buenos en los que disfrutaba bailando, sobre todo “tangos y otras piezas más corrientes”, dice, con los jóvenes de Monreal entre los que nombra a un tal Lucia por sus dotes de bailarín. Entre risas reconoce que tuvo “algún” pretendiente, pero nunca se llegó a casar. Su madre murió muy joven y ella se puso al frente de la casa y los 8 hermanos, compaginando las tareas del hogar con el trabajo del campo.

A su familia se la conoce en el pueblo como Los Chatos y la denominación que se le daba al baile que las hermanas gestionaron fue Las Chatas. Las hijas se ocupaban de cobrar la entrada –“7 perras valía”, recuerda ahora Carmen Hernández Muñoz– mientras que el padre y los hermanos eran los encargados de la música, ya que tenían una rondalla. Las mujeres se ocupaban también de poner las copas en el ambigú, sobre todo el vino de cosechero que elaboraban los propios Chatos con las uvas sacadas de sus viñas. “Era vino clarete, y también poníamos alguna copa de coñac y moscatel. Poco más”, recuerda ahora la anciana. En aquella época pagaban entrada los mozos, pero no las mozas.

Pocas fiestas de cumpleaños

Aunque Carmen y Segunda no recuerdan con exactitud los años que funcionó el baile, el investigador monrealense Serafín Aldecoa precisa que estuvo en marcha desde finales de los años 40 hasta comienzos de los 70 y añade que en los últimos tiempos la música procedía ya de discos. Aldecoa explica que el baile popular se ubicaba en la carretera De Molina, que cruzaba la población. 

La mujer centenaria explica que había baile todos los domingos y fiestas de guardar, siempre con música en directo de la rondalla familiar, aunque hubo ocasiones especiales en las que contaron con músicos “de la parte de Valencia”, comenta la anciana. 

 Este cumpleaños lo celebrará por todo lo alto porque en la residencia le han preparado una fiesta especial. Le gusta mucho el dulce, y perdona las cien velas que le corresponde soplar: “Ahórratelas Marta”, le dijo hace unos días a Marta Rivera, la directora de la Residencia Monreal. 

Aunque tiene cien años, como la mayor parte de las personas de su generación, ha celebrado muy pocos cumpleaños, porque antaño no se estilaba hacer nada especial en el día del aniversario. Era una gran bailadora y, como dicen que quien tuvo, retuvo,  este año quiere bailar. Una rotura de cadera le impedirá hacerlo con los pies, como cuando era moza en la sala de baile familiar, lo hará en una silla de ruedas y ayudada por las cuidadora, que no es poco cuando lo que se cumple es todo un siglo de vida. 

La rondalla actuó ante Primo de Rivera

La rondalla de Los Chatos actuó, según explica el investigador de Monreal Serafín Aldecoa, por los pueblos de la provincia y “llegó a alcanzar un considerable prestigio”, acompañando incluso al jotero Joaquín Peribáñez y a su hija Carmen. Con ellos actuaron en la inauguración de la Escalinata homenajeando a Carlos Castel, al que dedicaron lagunas jotas, y “cuando en 1928 visitó la provincia el dictador general Miguel Primo de Rivera al que le gustaba mucho la jota aragonesa por sus aires varoniles”, especifica Serafín Aldecoa. Eran agricultores de profesión y músicos en sus ratos libres.