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Concluye una campaña de la trufa marcada por el cierre hostelero Concluye una campaña de la trufa marcada por el cierre hostelero
Un truficultor de Sarrión, en plena tarea ayudado por su perra durante la campaña que ahora concluye

Concluye una campaña de la trufa marcada por el cierre hostelero

Se han recolectado unas cien toneladas, una cifra similar a la de 2020
Cruz Aguilar

Los truficultores apuran los últimos días de recolección de Tuber melanosporum en una campaña marcada por el cierre de la hostelería, entre la que tienen su principal clientela. Eso ha repercutido en la demanda y, por tanto, en el precio, aunque desde el sector destacan la óptima calidad del producto y el elevado grado de madurez que hubo desde el inicio de la temporada.
El presidente de la Asociación de Truficultores y Recolectores de Trufa de Teruel (Atruter), Julio Perales, señala que la producción ha sido sensiblemente inferior al año pasado. Calcula que se han recolectado en torno a 100 toneladas, mientras que el año pasado se recogieron en torno a 105 en el conjunto de la provincia. 
Perales prefiere no pronunciarse sobre precios por kilo porque apunta que el mercado es muy oscilante  y hay una gran variación entre lo que cobra por kilo un productor u otro en una misma semana. No obstante, detalla que sus cifras han ido parejas a las de la restauración, donde el aforo y, por tanto, la facturación, se ha reducido en un 70%.
En este sentido, Estefanía Doñate, de la empresa Manjares de la Tierra, añade que ha habido “mucha inestabilidad en el mercado” a consecuencia de la pandemia sanitaria. “Los cierres de la hostelería nos han afectado mucho y ha habido una guerra de precios abierta”, dice. Así, precisa que  mucha gente “ha tirado los precios para no quedarse con trufa en casa” y eso “ha perjudicado al productor”. Doñate plantea que se cierra un año óptimo de calidad y lo hubiera sido también de precios de no ser por la pandemia.
Alicia Bertolín, truficultora y comercializadora de trufa fresca, plantea que la producción ha sido “un poco superior a la del año 2020” y comenta que la media de la temporada ha estado en unos 400 euros por kilo, aunque coincide en que hay mucha oscilación de precios, algo que por otra parte asegura que es la tónica general de todos los años. Especifica que las variaciones semanales son muy grandes, aunque reconoce que la media anual en campañas anteriores ha sido superior.

Incremento ventas online
El cierre de la hostelería y todas las trabas existentes en el mercado a consecuencia de la covid provocaron cierto temor en el sector. Además de la bajada de los precios que apunta Estefanía Doñate, la situación ha provocado un gran aumento de productores que se han lanzado a la venta directa a través de internet, según confirma Alicia Bertolín. 
Julio Perales lleva una década produciendo trufa y argumenta que este ha sido su peor año en cuanto a ventas, aunque añade que a lo largo de la historia de la truficultura “ha habido campañas muy malas de producción y de precio”. 
Alicia Bertolín no tiene la misma visión en cuanto a la demanda de esta campaña que ahora se cierra y argumenta que la trufa “ha ido saliendo semana a semana”. Especifica que a ello ha contribuido que prácticamente toda la trufa que se ha producido en el mundo se ha cultivado en la provincia de Teruel. 
En este sentido, calcula que este año más del 70% de la producción internacional ha sido turolense y lo achaca a que la meteorología fue favorable tanto en la primavera como durante el verano, algo que no ocurrió en otras zonas productoras de España o Europa. Añade que incluso en el secano se ha recogido Tuber melanosporum. La truficultora plantea el importante papel que juegan los productores de Teruel a nivel mundial: “Tenemos las riendas del sector y no se aprovecha”, lamenta. 

Cultivo costoso
Doñate explica que el valor de la trufa se debe a las dificultades que tiene tanto su cultivo como la extracción. La planta micorrizada –normalmente encina– necesita un periodo de entre 6 y 8 años para dar las primeras trufas, un tiempo en el que la plantación no resulta rentable. Una vez en producción, “para sacar piezas buenas hay que escoger mucho”, añade la trabajadora de Manjares de la Tierra, quien justifica que “la trufa vale lo que vale porque no es tan fácil que una pieza buena te llegue a casa”.
En noviembre la trufa ya presentaba una madurez óptima y los truficultores lamentan que en 2020 no se celebrara Fitruf porque hubiera sido una de las ediciones con mejor producto en los expositores. Este adelanto en la madurez ha hecho que también la temporada haya concluido antes y Estefanía Doñate apostilla que “va a ser de los años que la campaña acaba puntual el 15 de marzo”. Durante las últimas semanas se ha notado un importante descenso en los kilos recogidos, según confirman diferentes productores.
Precisamente ha sido ahora al final de la campaña y coincidiendo con la apertura de la hostelería cuando la trufa ha protagonizado una subida del precio. 
Una de las estrategias tanto de Atruter como de algunas empresas de venta de trufa ha sido intentar captar al consumidor final, ese que este año no puede degustar la trufa en los restaurantes porque están cerrados o tienen el aforo muy limitado. 
En este sentido, Julio Perales comenta que desde la Asociación de Truficultores participaron en uno de los programas de Masterchef con el fin de incrementar la cultura de la trufa en España, donde hay muy poca. Para el presidente, ha sido un buen momento para llegar a los hogares aunque añade que se trata de un producto especial “que necesita hacerse su clientela”. De todas formas, plantea que en la última década se ha avanzado mucho en cuanto al conocimiento de trufa en los hogares. “Se habla mucho más de la trufa, que no quiere decir que se consuma, pero un primer paso es que la conozcan”, asegura.