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El Curso de Trufa de Mora de Rubielos marca pautas sobre un cultivo lleno de incertidumbres El Curso de Trufa de Mora de Rubielos marca pautas sobre un cultivo lleno de incertidumbres
Daniel Brito, Arquímedes Ríos, Dani Riera, Alfonso Blesas y María Martín, en la inauguración del curso

El Curso de Trufa de Mora de Rubielos marca pautas sobre un cultivo lleno de incertidumbres

Los temas a tratar van desde las podas a las especies más idóneas o el suelo adecuado
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Cruz Aguilar

No hay un manual a seguir en el campo de la truficultura. La escasa trayectoria de cultivo, de apenas cuatro décadas, hace que todavía se funcione mediante el ensayo-error. Por eso, la primera de las charlas del Curso de Truficultura Práctica, cuya novena edición arrancó este lunes en Mora de Rubielos, abordó cómo comenzar una plantación trufera y salieron a la palestra “algunos de los errores que muchos hemos cometido en nuestras fincas”, dijo la directora del curso, la investigadora María Martín, que fue la encargada de impartir esa primera ponencia.

Planteó que se van a ofrecer “pautas” que se pueden aplicar o no, puesto que cada finca es distinta y entre el alumnado hay personas  procedentes de lugares totalmente diferentes, tanto en altitud como por cuestiones de clima y suelo. Se trata de un cultivo lleno de incertidumbres sobre el que todavía hay mucho por investigar.

El Curso de Truficultura está organizado por la Universidad de Verano de Teruel-Fundación Antonio Gargallo en colaboración con la Asociación de Recolectores y Cultivadores de Trufa de Teruel (Atruter) y cuenta con un total de 43 inscritos. La principal novedad de este año es que la formación se prolongará durante cinco días, y no cuatro como hasta ahora, para así impartir los contenidos de forma más pausada. Durante la mañana del viernes, la sesión se destinará a las plagas y las investigaciones que se están haciendo para frenarlas.

Destacó que la trufa es un hongo que crece en simbiosis con el árbol, por eso, todo lo que se haga en la copa influirá en la producción y señaló a modo de ejemplo que “una poda severa supone que durante un año o dos se paraliza la producción”. También habló de cómo las borrascas Gloria y Filomena provocaron una reducción temporal de la producción.  La investigadora dejó claro que la poda es conveniente y concretó que lo ideal es retirar un tercio de la masa arbórea.

Necesidad

La primera de las charlas abordó los aspectos básicos, como porqué huele la trufa, y es debido a la necesidad de ser localizada y que se diseminen sus esporas tras ser ingerida.

La investigadora también indicó que los manuales franceses que se utilizaron en los primeros años y con los parámetros que necesita el cultivo se han demostrado que no siempre se cumplen, ni en cuestión de altitud, ni en tipo de suelo ni, por supuesto, en precipitaciones, ya que la falta de agua se suple con las aportaciones de riego.

En cuanto a las especies, la experta aconsejó usar aquellas autóctonas que se crían en el terreno donde se va a poner la plantación, puesto que ya está comprobado que se adaptan al terreno. Martín reconoció que uno de los pasos más complejos es la elección de la planta, ya que no hay ningún organismo que la certifique planta en España, algo que deja totalmente desprotegido al consumidor, que “debe fiarse completamente del vivero”, recalcó María Martín.

Aconsejó realizar la plantación en otoño, sobre todo en zonas cálidas y si no riego en la parcela. Los marcos de plantación suelen ser de 6x6, aunque planteó que en algunas plantaciones se están haciendo actualmente con marcos intensivos de 6x3 para poder poner más árboles en un mismo espacio.

Una de las cuestiones en las que incidió es que todos los laboreos que se realicen en la finca se hagan dejando un testigo para comprobar si realmente funciona ese nuevo manejo o no.

Otro de los aspectos que abordó fue la conveniencia de usar o no protectores, y la investigadora señaló que ayuda a proteger la planta aunque “no está tan endurecida” cuando se quita el protector. Es ventajoso por el tema de las heladas y para evitar los ataques de pequeños roedores. Entre los inconvenientes está que las avispas ponen ahí sus nidos.

El uso del glifosato está totalmente descartado porque los hongos “absorben todos estos elementos” y además las hierbas se pueden eliminar con el cultivador, aunque no está claro que sean perjudiciales.