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La Loma del Prado, la desconocida urbe romana de Fuentes Claras La Loma del Prado, la desconocida urbe romana de Fuentes Claras
Tésera de hospitalidad, siglo I a.C. Colección particular.

La Loma del Prado, la desconocida urbe romana de Fuentes Claras

Un artículo de Manuel García Gargallo, Doctor en Historia Contemporánea (UB)

Por Manuel García Gargallo, Doctor en Historia Contemporánea (UB)

La huella que dejaron los primeros pobladores en Aragón es algo poco conocido, aunque las investigaciones llevadas a cabo en las últimas décadas ofrecen una visión cada vez más clara de aquellas primitivas sociedades. Además de su importancia a nivel cultural y patrimonial, dicho conocimiento es crucial para complementar las actividades agroculturales del campo aragonés, así como para vertebrar y reinventar su economía a través del turismo cultural. Éste puede ofrecer una alternativa esperanzadora a regiones amenazadas por el envejecimiento y la despoblación, ayudando a la diversificación de usos y costumbres excesivamente centrados en la agricultura y la ganadería.

Parte de los primeros pobladores de Aragón se remontan a la antigua Celtiberia, cuyo territorio abarcó las provincias de Soria, Guadalajara y Cuenca, así como la parte occidental de Zaragoza y Teruel; aquí se asentaron tribus como los belos (Comarca de Calatayud), titos (valle medio del Jalón), lusones o lobetanos (Sierra de Albarracín).

A todos ellos afectó la llegada de los romanos, que impusieron la progresiva romanización de usos y costumbres. Entre otras promovieron la agrupación de tribus en núcleos urbanos, hasta entonces diseminadas en aldeas, para su mejor administración y control. Así nacieron ciudades como Segeda, de importancia similar a la vecina Numancia, Nertóbriga o Bilbilis (actual Calatayud); pero no están todas localizadas. Entre ellas se encuentra una ciudad situada en la comarca del Jiloca.

Dicha ciudad pudo ser Leonica, fundada para la tribu de los leonicenses, de los que no conocemos con certeza su emplazamiento y que pudo asentarse a lo largo del valle medio del Jiloca. Las fuentes escritas de la antigüedad (Historia Natural, de Plinio el Viejo; Geografía, de Ptolomeo; o el Anónimo de Rávena) sugieren aproximadamente esta ubicación, pero no tenemos seguridad de ello.

Esta ciudad tuvo tres emplazamientos sucesivos. El primero fue el actual yacimiento de La Caridad (Caminreal), localizado en 1977 por un equipo de arqueólogos del Museo de Teruel y excavado sistemáticamente desde 1984. Se trata de un asentamiento celtíbero en proceso de romanización, datado en el siglo II a.C. y destruido hacia el 80 a.C. Luego sus pobladores la refundaron en el vecino Cerro de San Esteban (El Poyo del Cid, actual pedanía de Calamocha), buscando en sus laderas un lugar más fácil de fortificar. Allí permanecen restos de la muralla, aunque apenas ha sido excavado.

Finalmente, a mediados del siglo I d.C., toda vez que la península ibérica vivía un largo periodo de paz y estabilidad, los pobladores decidieron refundar la ciudad en la Loma del Prado (Fuentes Claras), pequeña elevación junto al margen izquierdo del río Jiloca y apenas a un kilómetro del Cerro. Este último asentamiento fue el más duradero de los tres, pues pudo perdurar hasta el siglo IV. Desconocemos si desapareció traumáticamente (como La Caridad) o si hubo un nuevo traslado (como el Cerro de San Esteban), pero lo más probable es que fuese abandonada a causa del proceso de ruralización de la península, algo común a todo el Imperio Romano a partir del siglo III. La escasez de materiales encontrados hasta hoy sugieren esto último, sin descartar otras hipótesis: escaramuza puntual, hambruna, epidemia, etc.

Además, su ubicación permite localizar el itinerario de la calzada romana que unía las poblaciones de Saguntum (actual Sagunto) y Bilbilis (Calatayud) resiguiendo el curso del Jiloca y no muy lejos de los emplazamientos anteriores. Los puentes romanos de Calamocha y Luco de Jiloca confirmarían este recorrido.

A pesar de que la ciudad de Fuentes Claras fue la ubicación más estable y duradera —unos tres siglos— y clave en la organización del territorio turolense durante el Imperio Romano, el yacimiento permanece sin apenas excavar. Se le calculan unas nueve hectáreas de extensión (430 x 260 m), sin que se encuentre delimitado ni señalizado. Tampoco se conserva resto alguno en superficie, al ser terreno cultivable —a diferencia de las dos ciudades anteriores—, lo que ha perjudicado la conservación de sus restos.

Los restos hallados son escasos pero de gran valor. Fue la arqueóloga Purificación Atrián quien dio a conocer el hallazgo de un sillar de arenisca con una cabeza de toro esculpida entre hojas de acanto y, más adelante, el arqueólogo Francisco Burillo hizo público en 1978 el hallazgo de una tésera de hospitalidad de bronce, con forma de delfín. Además aparecieron otros materiales como restos de tégulas, cerámicas, vidrios y ánforas, así como lucernas (antiguas lámparas romanas); pero el abandono y la falta de interés provocaron que el yacimiento fuera depredado por expoliadores. Hoy día solo tenemos localizado el mencionado sillar, guardado en el Museo de Teruel, y la tésera en una colección particular. Del resto no se sabe su paradero.

Por tanto, es necesario regularizar la situación del yacimiento romano de La Loma de Fuentes Claras. Emplazarlo y señalizarlo; evaluar su estado real; acometer tareas básicas de mantenimiento, así como integrarlo adecuadamente en las rutas turístico-culturales que forman parte de la comarca. Su acondicionamiento completaría la investigación iniciada con la ciudad de la Caridad (de la que es heredera) y completaría el curso histórico de una ciudad que hace dos milenios, en tres emplazamientos distintos, aglutinó a las fuerzas vivas de la región. En suma, la evolución histórica de la comarca del Jiloca en su transición desde las civilizaciones celtiberas al mundo romano desde el siglo II a.C hasta el IV d.C, es decir, durante seis siglos.

La ciudad romana de Fuentes Claras puede responder los interrogantes de un pasado histórico conocido aún parcialmente. Y a la vez diversificar las posibilidades de una tierra necesitada de consolidar el atractivo de su oferta agroturística y cultural mediante la recuperación de la primitiva ciudad que ahonda sus raíces en Celtiberia y Roma, sus orígenes y primeros pobladores.