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Cobertura de copas desde el aire, que ha dejado 410 pies/ha con cobertura de copas al 70%. J.M.Nicolau

Las cortas en el monte Vega del Tajo de la Sierra de Albarracín: no hay caso

Un especialista aporta su opinión sobre la gestión forestal

Por José M. Nicolau, profesor titular de Ecología de la UZ

Se me pidió desde la asociación SOS Montes Universales apoyo a su posición contraria a las labores de aclareo en el Monte Vega del Tajo de la Sierra de Albarracín. Se me pidió como profesor de ecología de la Universidad de Zaragoza. Comenté que, para firmar como científico, quería realizar previamente algunas observaciones en campo sobre el estado del ecosistema objeto de la actuación forestal. Hace unos días pude visitar el rodal donde se han hecho las cortas, que tiene una superficie de 36 hectáreas, en un monte de 2.300. He aquí mis observaciones. 
El pinar en el que se está realizando el aprovechamiento, se trata de una masa monoespecífica de pinos jóvenes de 60 a 70 años procedentes de la regeneración de una masa adehesada de pino, cuyo uso principal eran los pastos, como muestran las fotos aéreas del vuelo americano de 1957. Al remitir la actividad ganadera desde la década de 1960, el pinar se ha ido regenerando. Es decir, no se trata de un bosque viejo, ni maduro. El rodal aclarado presenta un aspecto de bosque-bosque, con 410 árboles por hectárea. Se han dejado los pies más grandes y vigorosos que había, cuyas copas cubren al menos el 70% de la superficie del suelo. La corta lo que ha hecho ha sido retirar los arbolitos de menor tamaño, los inclinados y los más debilitados. Comprobé con ello que no se trataba de una tala masiva sino selectiva. 

Mariposa isabelina
Otro aspecto a analizar es el hábitat de la mariposa isabelina (Graellsia isabellae), asociado a los pinares espontáneos y los de repoblación en zonas frescas, donde las orugas se alimentan de las hojas en las partes altas de las copas. Desconozco si se ha estudiado el efecto de los aclareos sobre sus poblaciones, pero se sabe que la presencia de la especie está más influida por la mera presencia de las especies de pino adecuadas (pino silvestre y pino laricio) y por los condicionantes climáticos, que por la estructura del bosque. En todo caso, la estructura que ha dejado la corta, favoreciendo los árboles grandes y de mayor follaje, no ha de perjudicar a la especie.

El suelo
El suelo es un componente fundamental para el buen funcionamiento del ecosistema forestal. Observé que la maquinaria había afectado escasamente al estado de la superficie del suelo en la mayoría de las “calles” que abrió la máquina procesadora, de manera que el suelo se mantiene biológicamente funcional, es decir, que conserva su capacidad de suministro de agua y de nutrientes a las plantas y la actividad biológica que permite el reciclado de la materia orgánica y la actividad micológica. Con una excepción: registramos varias zonas en las que las rodaduras de la maquinaria habían quedado marcadas debido a la humedad que tenía el suelo cuando fue pisado. Estas rodaduras marcadas ocupan menos del 1por ciento de la superficie del rodal y su restauración está contemplada en el pliego de condiciones, realizándose habitualmente con un tractor forestal. Por otro lado, no hay signos de erosión, lo que se explica por el grueso espesor del horizonte orgánico del suelo -que no ha sido removido- y las suaves pendientes del rodal. 

Aclareo
Comprobé también que el aclareo no había afectado a la diversidad vegetal en el sotobosque del pinar, la cual es de por sí muy pobre en los pinares del denominado “piso oromediterráneo” situados a gran altitud. Se mantenía el estrato arbustivo de enebro (Juniperus communis) y agracejo (Berberis vulgaris), el herbáceo y los musgos. Un compañero experto en ornitología estuvo registrando el canto de las aves en la zona aclarada y escuchó a toda la comunidad propia de los pinares ibéricos de montaña. 
Un elemento fundamental a considerar era el estado de conservación de un Hábitat de Interés Comunitario (7230), la turbera calcícola. Se trata de un ecosistema a caballo entre lo terrestre y lo acuático, situado en pequeñas vaguadas entre los pinares por las que fluye y rezuma el agua. Visité la turbera adyacente al rodal intervenido. Estaba intacta. Sin intervención alguna. Su recorrido bajo el sol de tarde de invierno, fue un deleite. El Proyecto de Ordenación Forestal obliga a su conservación -y a la de todos los hábitats singulares- quedando fuera de las zonas con aprovechamiento de madera. Comprobé pues, que no se había afectado a este enclave de la Red Natura 2000.
Para completar el diagnóstico, había que observar una masa de pinar sin la intervención forestal del aclareo, para ver cómo era antes de la intervención. Para ello recorrimos un rodal contiguo. 
Lo más llamativo es la abundancia de árboles de pequeño tamaño caídos sobre el suelo o reclinados sobre otros en pie. Se trata de arbolitos debilitados por la competencia de los más vigorosos, que van siendo tumbados por los vendavales y tormentas, como Gloria o Filomena. Justamente, la corta ha eliminado ese tipo de árboles, anticipándose al fenómeno natural del auto-aclareo. 
En resumen, hay buenas noticias desde el punto de vista de la salud del ecosistema forestal: mantiene -se reactiva- su funcionalidad con las cortas. Y desde luego para la turbera adyacente: no ha sido tocada. Y para los bosques maduros de la Sierra de Albarracín: no se ha actuado sobre uno de ellos. Y para la mariposa isabelina: no se le ha privado de su hábitat.

Observaciones
Estas observaciones -y otras que podamos hacer de manera más sistemática- quedan a disposición de mis colegas científicos que firmaron el manifiesto en contra de la corta. 
También una colección de imágenes ilustrativas. Aunque lo mejor será que visiten la zona por ellos mismos, obteniendo información de primera mano. Me consta que algunos de los firmantes, colegas muy cercanos, están dispuestos a revisar su posición a la luz de nueva información, como es habitual en el quehacer científico.  
Hasta aquí la evaluación de la actuación concreta que se ha realizado en el Monte de la Vega del Tajo.
Otro tema es qué montes queremos en el siglo XXI en un contexto de cambio climático y despoblamiento rural.
Sobre ello se viene realizando un debate social en los últimos años que quizá hay que intensificar. Pero es materia de otro debate.