Síguenos
Los asistentes al curso, tomando muestras de algunos de los productos trufados para su posterior análisis en el microscopio

Poca trufa y ninguna negra es lo que se observa al analizar alimentos industriales

IV Curso de Truficultura Práctica de la Universidad de Verano de Teruel en Mora
Cruz Aguilar

Los alimentos industriales trufados no tienen trufa negra como presumen en la etiqueta principal. Muchos de ellos ni siquiera contienen otra especie de tuber y los que la llevan y así lo incluyen en la letra pequeña, suele ser aestivum o indicum, variedades que nada tienen que ver ni en precio ni en aroma con la Tuber melanosporum. A esta conclusión llegaron ayer los 70 alumnos del Curso de Truficultura Práctica de la Universidad de Verano de Teruel (UVT) que se está impartiendo en Mora de Rubielos tras analizar en el microscopio la supuesta trufa extraída por ellos mismos de los alimentos que hay en el mercado. Sí hallaron el preciado hongo negro en productos elaborados artesanales, como el queso o la sal. 
El encargado de impartir el taller fue Pedro Marco, técnico del Centro de Investigación y Tecnología Agroalimentaria de Aragón (Cita), quien explico que los análisis corroboran que “no utilizan trufa negra”, sino que, los que llegan a emplear tuber, es de verano o china y en un porcentaje inferior al 0,5%, como así reflejan en el etiquetado. Un problema añadido, según el experto, es que “algunas empresas directamente ni ponen la especie en el etiquetado” pero ofrecen una foto de gran tamaño de una trufa negra.  Estas irregularidades unidas al uso de aromatizantes que nada tienen que ver con el aroma real de la trufa hacen un flaco favor a la Tuber melanosporum porque el consumidor confunde el olor real con esa esencia que se extrae de otros productos totalmente ajenos.