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Algunos de los calendarios que construye con madera, en este caso con ramas, y que se comercializan en el Pirineo y el Delta del Ebro

Souvenirs del Pirineo que se perfilan a mano en un taller de Jarque de la Val

Pili Sánchez, artesana catalana afincada en las Cuencas Mineras, se dedica al trabajo en madera
Cruz Aguilar

Los calendarios y los imanes con fauna ibérica de madera que los turistas compran en Aínsa, Huesca, o en la Vall Fosca, en Lérida, son piezas de artesanía, como los compradores saben, pero lo que desconocen es que todos ellos han salido de un pequeño taller de Jarque de la Val. En él las manos de Pili Sánchez Zuheros convierten en pintorescos recuerdos los paseos de los visitantes por un buen número de pueblos del Pirineo aragonés y catalán.

Se trata de piezas únicas que fueron diseñadas por el artista del taller, Antonio Prat, marido de Sánchez Zuheros y fallecido hace algunos años. Parte para su creación de las maderas que tiene en el entorno y por eso ahora se decanta por el pino que le preparan en la cercana carpintería de Aliaga. Antes, cuando vivían en Torelló, un municipio de Barcelona donde hay una gran tradición tornera, usaban otro tipo de maderas, como el roble. “Ahora trabajo más el pino porque lo tengo más a mano”, comenta la artesana.

Pili y su marido recalaron en las Cuencas Mineras porque recibieron un encargo desde Aliaga, unos llaveros con forma de búho que habían visto en Torla. En su empresa, Artoris, se ocupan de todo el proceso, desde el diseño de las piezas y su fabricación a la búsqueda de clientes y reparto para la comercialización. Por eso Prat viajó a Aliaga y la belleza del unida a su interés por vivir en un sitio más pequeño –Torelló tiene más de 14.000 habitantes– hizo que acabaran comprando un pajar en Jarque de la Val donde construyeron vivienda y taller. El pasado 20 de julio se cumplieron 9 años desde que la familia Prat Sánchez se trasladó a vivir a la provincia de Teruel.

Vinieron con su propio taller

Trajeron toda su maquinaria y su trabajo no ha cambiado puesto que, su empresa, Artoris, mantiene una clientela fiel desde hace más de tres décadas. La artesana tira de materias primas cercanas para abaratar los costes aunque todavía hay algunas que sigue comprando en Torelló porque son más difíciles de encontrar. “Nos pudimos venir aquí porque nos traíamos el trabajo, en ese sentido nos daba igual estar en un sitio u otro”.

La artesana de la madera indica que no vende en ferias sino que distribuye sus piezas en las tiendas de souvenirs. Uno de sus clientes es el Museo Minero de Escucha, donde se venden unas locomotoras con vagones exclusivas. Las piezas más demandadas son los calendarios de animales, los de hojas y las setas, así como los imanes para la nevera, de los que fabrica una gran variedad. También hace llaveros por encargo para comisiones de fiestas con imágenes personalizadas. 

Pili Sánchez precisa que ella no es artista, solo artesana, pero también ha hecho sus pinitos creativos de la mano de la botarga de Hinojosa de Jarque, un personaje típico de esta localidad que salió del taller de Jarque en madera para que vecinos y veraneantes pudieran recordarla desde sus casas durante todo el año. 

Hace algunas décadas hacían también otro tipo de piezas de mayor tamaño, como relojes con partes de trillos antiguos o incluso cuadros con la edelweiss, la flor de la nieve, cuando no estaba protegida. 

Dice sentirse muy a gusto en Jarque de la Val, aunque reconoce que hay momentos en los que le gustaría “un poco más de movimiento”, pero precisa que puede buscarlo fuera y “siempre volver aquí”. No tenían miedo al cambio de un pueblo grande a otro en el que prácticamente para ver a alguien hay que ir a su casa porque la pareja vivió durante 14 años en una masía en el campo. “Lo que hay aquí no me ha sorprendido y no me disgusta”, matiza, para añadir que en Jarque nadie daba un duro por ellos “y con razón, porque de todos los que han pasado” los únicos que se han quedado han sido ellos. 

La pareja no contaba con la enfermedad de Antonio Prat, a quien diagnosticaron un cáncer al poco tiempo de llegar. En este sentido la mujer reconoce que se sintió muy arropada por algunas familias de Jarque. “En el pueblo soy la de las maderas o la de la leña, porque saben que hago cosas con troncos”, comenta. 

La artesana siempre ha tenido claro que Jarque de la Val es su sitio, pero ahora tras el confinamiento aún más. “No he tenido ningún problema porque estoy acostumbrada a pasar muchas horas sola, luego he ido a pasear con la perra, la casa es grande y tengo espacio”, relata. Además, mantener las distancias de seguridad durante el estado de alarma fue fácil puesto que en invierno apenas viven 30 personas. 

Sí teme que la crisis desatada por la pandemia haga mella en su negocio. De momento sus ventas no han caído porque justo en febrero visitó a las tiendas con las que trabaja y le hicieron los pedidos de cara a la temporada alta pero adelanta que, hasta que no vendan todo ese género, no le volverán a encargar. “En los últimos tiempos se notaba mucha alegría, pero ahora se espera que la cosa vaya a peor”, lamenta.