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Durante los fines de semana Albarracín se masifica con la llegada de centenares de turistas y esto, a juicio de Yubero, puede poner en peligro el propio recurso

Una investigación universitaria apunta que Albarracín debe crear sinergias con la sierra para reducir su masificación

Una tesis doctoral aboga por romper el desequilibrio en beneficio de toda la comarca
Cruz Aguilar

Albarracín es “un caso excepcional” en el conjunto nacional, pero para no morir de éxito a nivel turístico y garantizar su sostenibilidad debe crear sinergias con la sierra que le rodea. “Juntos tienen mucho potencial, aunque trabajen dos segmentos diferentes serían complementarios y además es necesario porque a veces dudamos si la ciudad ha sobrepasado su capacidad de carga”, explica la geógrafa Claudia Yubero, que ha estudiado el caso de la Sierra de Albarracín para su tesis, presentada hace ahora un año. 

El turismo cultural juega un papel fundamental en los flujos turísticos del área rural, que es la susceptible de ser captada por esta zona. “El resto de la sierra tiene un patrimonio paisajístico y natural muy rico, pero estas bazas son más difíciles de explotar turísticamente, como se ha visto en general en España”, relata la investigadora, cuya tesis lleva por título Periferias turísticas rurales: transferencia, redes y actores.  Los casos de la Sierra de Albarracín y la comarca de las Vegas (Madrid). 

Advierte de que la gente no se conforma con una vista bonita, va más allá y reclama actividades complementarias, algo en lo que la serranía de Albarracín está trabajando cada día más, tanto con la creación y señalización de rutas como, recientemente, con la apertura de espacios temáticos como el parque faunístico en Tramacastilla o la empresa de deportes de aventura de Torres de Albarracín. 

Este desequilibrio se aprecia en el número de plazas hoteleras que había en el año 2014 en Albarracín, con 1.221 frente a las 837 dadas de alta en ese ejercicio en el resto de la comarca. “Se ve en las propias cifras un núcleo que se satura y un entorno que todavía tiene margen para asimilar flujos de visitantes”, dice la autora de la tesis. 

Durante el mes de agosto por cada habitante de la ciudad hay 5 turistas –aquí no están incluidos los propietarios de segundas residencias, sino solo los que pernoctan en establecimientos turísticos–, según las cifras recopiladas por Claudia Yubero. Esta gran afluencia se traduce también en que en el año 2015 el 82% de los establecimientos del casco urbano “tiene una vinculación directa con el turismo”.

Perjudicar a los residentes

En cuanto al modelo turístico, Yubero plantea que hay dos, por un lado están los pequeños hoteles con encanto y, por otro, el modelo más masificado que es el que se empieza a trabajar en los años 70, cuando tanto la Sierra de Albarracín como la ciudad empiezan a despuntar como referentes.

Ante la pregunta de en qué puede afectar esa masificación la respuesta de la investigadora está clara y señala que esa saturación perjudicará “principalmente a los residentes” en el sentido de que la ciudad deje de resultar cómoda para ellos tanto por el tránsito rodado como porque no encuentren los comercios adaptados a sus necesidades porque todos sean turísticos. 

El núcleo puede convertirse en un museo al aire libre donde “no se vive la ciudad mas que para el turista”, vaticina Yubero. En Albarracín especifica que existe una dicotomía entre la parte baja, donde están los servicios y reside la población local, y la zona alta, el casco histórico, destinado principalmente a los visitantes. 

El residente es la pieza clave para mantener el conjunto histórico vivo y con una cierta heterogeneidad, además de preservar la propia identidad. En este aspecto comenta que también los cursos impulsados desde la Fundación Santa María inciden en este refuerzo porque se basan en la riqueza de la zona, “siguen alimentando la propia identidad de Albarracín”, y cita a modo de ejemplo el Curso de Pintura de Paisaje. 

“Mantener el reto residente-visitante es el objetivo en el que se deben de fijar las ciudades y pueblos que apuestan por el turismo”, comenta, para añadir que también entran en juego otros aspectos, como las políticas de diversificación económica, que deben contemplar más ámbitos que el turístico. 

Una de las claves a juicio de Claudia Yubero del éxito del modelo Albarracín es la conjunción entre lo público y lo privado que se han dado la mano a través de la Fundación Santa María. Este apoyo de las administraciones también se ha dado en la Sierra, donde los programas europeos han jugado un importante papel y lo siguen teniendo. 

Falta de iniciativa privada

En este sentido, a juicio de la geógrafa, en la Sierra tal vez lo que ha faltado es una mayor iniciativa privada para “subirla al caballo del turismo”, dice. En este sentido reconoce que a la capital los visitantes llegan solos mientras que para lograr que pasen el túnel que comunica con los pueblos más altos es necesaria “una acción conjunta y potente”. 

Matiza que desde el grupo de acción local Asiader, que es donde se gestionan los fondos europeo, se realizan numerosos cursos de formación en materia turística que pueden redundar en mejorar el recurso. 

Para la realización de la investigación, la licenciada en Geografía estudió durante todo un año la serranía y la recorrió para realizar más de 24 horas de entrevistas a los actores que tienen un papel en el desarrollo turístico de la zona. El trabajo analizaba también la situación de otra zona de la Comunidad de Madrid, la comarca de Las Vegas, donde el núcleo central es Chinchón. 

La Fundación Santa María es referente gracias al goteo constante de actuaciones

Pequeñas pero constantes actuaciones a lo largo del tiempo y su marcado carácter cultural son las claves de los logros obtenidos por la Fundación Santa María de Albarracín, entre los que a juicio de la geógrafa Claudia Yubero está romper la estacionalidad turística con la celebración de cursos a lo largo de toda la temporada baja.  La investigadora es la autora de la tesis doctoral Periferias turísticas rurales: transferencia, redes y actores.  Los casos de la Sierra de Albarracín (Teruel) y la comarca de las Vegas (Madrid).

Otra pieza clave del puzzle es la implicación de “agentes como el Gobierno de Aragón o el sector bancario”. La geógrafa destaca el marcado carácter cultural de la Fundación, que comenzó trabajando la restauración de edificios, una actividad que sigue manteniendo pero que “desarrolla en paralelo a otros eventos como cursos o conciertos”. Detalla que la media de actividades realizadas entre los años 1996 y 2014 fueron de un centenar y los usuarios de las mismas llegaron a  5.000.

Visitantes también en enero

Yubero insiste en que una baza fundamental es la realización de cursos en momentos poco turísticos con los que se logra que la ciudad tenga una afluencia en meses como enero que no existe en otros lugares de España. Plantea que esa distribución en el tiempo debería realizarse también en el espacio y concreta que, en ese sentido, la oficina de turismo de la ciudad, que además tiene carácter comarcal, tiene un papel fundamental al respecto.

Por otro lado, la promoción de Albarracín y su Sierra debería ser conjunta, “que no sé hasta qué punto la hay”, dice Yubero, quien aboga por ofrecer un material que muestre esa “cooperación, que hay una complementariedad”, comenta. 

Crecimiento de extranjeros

La singularidad del caso Albarracin ha repercutido también en su imagen exterior y Yubero destaca principalmente la “lección” que da la ciudad al llegar a ser “referente a través de pequeñas pero constantes actuaciones a lo largo del tiempo”. 

Precisamente Claudia Yubero incide en que la demanda turística internacional, aunque es pequeña, presenta “interesantes tasas de crecimiento”. Especifica que el porcentaje de alojados internacionales en 2014 fue del 8,6%, aunque detalla que el crecimiento de esas pernoctaciones fue entre 2008 y 2014 del 70%. En ese mismo periodo, las consultas a la oficina de información turística aumentaron en más de un 50%.