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En la imagen, el grupo de bandeadores San Blas, durante el toque realizado el pasado fin de semana desde el campanario de Alloza

Alloza cuenta con uno de los dos grupos de bandeadores que hay en Aragón

Seis vecinos tocan las campanas en las celebraciones religiosas más importantes del pueblo
Cruz Aguilar

María Asunción se deja querer desde lo alto del campanario de Alloza. Al contrario que otras campanas, a ella la acarician en todas las fiestas de guardar y también en eventos privados, como bodas o comuniones, donde muchas familias quieren que su repiqueteo anuncie al resto de vecinos su felicidad. A sus casi 100 años (se fundió en 1924), para ella no ha pasado el tiempo ya que el año pasado fue restaurada y el sábado los bandeadores de San Blas, de Alloza, lo recordaron con gran estruendo.

El grupo está formado por 6 personas de entre 30 y 76 años, la edad del más mayor, Mariano, que se resiste a dejar de subir al campanario para oír sonar de cerca a María Asunción, Sanroquera y María Blasa, las tres campanas que tiene Alloza, aunque ahora solo repiquetean 2.

María Asunción se estrenó en 1924 y, con sus 1.200 kilos, es la campana mayor. Se llama así porque, según cuentan los mayores del lugar, se subió el día de la Asunción, el 15 de agosto, y cada año para su cumpleaños la hacen sonar los bandeadores locales.  Sus hermanas son Sanroquera, que pesa 800 kilos y está un tanto descompensada por el yugo que le colocaron de hierro con el fin de mecanizarla.  Ahora suena por el empeño de los artistas que la tocan, pero Nicolás Bespín Baeta, que forma parte del grupo, reconoce que la bandean con gran dificultad. Se llama así porque mira hacia la calle San Roque y está a la espera de que modifiquen su yugo para facilitar el trabajo a los músicos del bronce. 

La más pequeña es María Blasa, en honor al patrón de Alloza y es la más antigua ya que se fundió en 1854. Es la que habitualmente marca los cuartos, pero ahora no se toca porque está en mal estado y requiere una restauración integral.

Bespín indica que en Aragón únicamente hay dos grupos, el de San Blas de Alloza y otro en Salas Altas, en la provincia de Huesca, especializados en el bandeo y reconoce que su trabajo es cada vez menos demandado debido a la mecanización que se ha realizado en la mayor parte de los campanarios y que, según cómo se ha llevado a cabo, dificulta considerablemente los toques manuales.

También las campanas de Alloza se mecanizaron, pero solo el badajo por lo que es fácil desconectarlas para tocarlas de forma manual. El grupo de la localidad lo hace en todas las fiestas importantes, como San Blas, la fiesta de la Cruz en septiembre o el Corpus, pero también cuando hay una boda y los novios piden que tañan en su honor. 

El primer paso para hacer música con ellas es el denominado bandeo, según explica Nicolás Bespín, que consiste “en subir el bronce arriba, dejando el contrapeso abajo” y coordinándolo con la otra campana. “Si le das más fuerte, va más rápido, pero no se trata de ir rápido, sino de compensar los toques de una con la otra para que suenen al compás”, relata el campanero.

El hombre, como el resto de los campaneros, comenzó a bandear cuando era solo un niño ya que en Alloza era tradición que los monaguillos se ocuparan de tocar a misa ayudados por sus propios padres. Ahora hacer música con el bronce de las campanas es mucho más fácil porque “con los rodamientos engrasados y modernos en un momento las volteas”, asegura.

El Covid-19 también les ha afectado y este año llevaban mudas desde febrero hasta el pasado fin de semana, cuando se conmemoró el primer aniversario de la restauración de la María Asunción. Ahora habrá que esperar al 15 de agosto para que vuelva a sonar en la celebración de su santo.

En abril de 2019 el Ministerio de Cultura declaró el toque manual de la campana como patrimonio inmaterial de España y se ha solicitado que sea declarado Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por parte de la Unesco.