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Ángela Puntes y José Ignacio Villacampa, autores de la novela El muladar: “Proponer hoy en día una novela sobre un lugar tranquilo parece de locos... pero funciona” Ángela Puntes y José Ignacio Villacampa, autores de la novela El muladar: “Proponer hoy en día una novela sobre un lugar tranquilo parece de locos... pero funciona”
Ángela Puntes y José Ignacio Villacampa son los autores de ‘El Muladar’

Ángela Puntes y José Ignacio Villacampa, autores de la novela El muladar: “Proponer hoy en día una novela sobre un lugar tranquilo parece de locos... pero funciona”

Un tesoro escondido en el Matarraña y una frenética búsqueda estructuran el argumento del libro

El Matarranya esconde la pieza clave de un tesoro por el que los nazis se tomaron muchas molestias, y cuya búsqueda sigue siendo una prioridad para mucha gente. Es la premisa con la que arranca El muladar, novela escrita a cuatro manos por los zaragozanos Ángela Punter y José Ignacio Villacampa y publicada por Universo de Letras. La historia mezcla el thriller clásico, la novela histórica, los giros de guión sorpresivos y unas espléndidas ambientaciones en la provincia de Teruel.

-¿Qué historia cuenta El Muladar? ¿Qué se puede explicar sin arruinarle la diversión al lector?

-Ángela Puntes: Cuenta la historia de un grupo cohesionado de amigos que viven en el Matarranya y a los que sus propias decisiones y actos los llevara como por azar, a verse involucrados en uno hechos que enlazan inevitablemente con la segunda guerra mundial.

-José Ignacio Villacampa: Cuenta además la enigmática historia de un tesoro real; la historia de una familia desde la Segunda Guerra Mundial hasta nuestros días, y cómo un acontecimiento inesperado altera la relación de este grupo de amigos que vive en este lugar tan idílico de Teruel. Lo cierto es que no cuenta una, sino varias historias.

-¿Su novela pretende divertir al lector o busca fines más altos? O de forma más general... ¿una buena novela debe enseñarnos cosas, o basta con que nos proporcione legítimo entretenimiento?

-JIV: El Muladar nació sin duda con el propósito de entretener al lector. Personalmente, creo que ese debe ser el objetivo prioritario de toda novela. Leí de alguien que afirmaba que la buena literatura es aquella que consigue que el lector no pueda dejar de leerla. Estoy de acuerdo completamente. La labor pedagógica o moralizante creo que casa más con otros géneros como, por ejemplo, el ensayo, pero también estoy de acuerdo en que una novela es más completa, en tanto en cuanto colectivamente se le reconozcan valores o enseñanzas que vayan más allá de la sensación de entretenimiento.

AP: Lo que en mi opinión no se puede permitir una novela publicada es dejar completamente indiferente al lector objetivo, aunque hay que tener en cuenta que el propósito del escritor y del lector no tiene por qué coincidir siempre, y que ambos deberían ser honestos en ese encuentro. No tengo una idea cerrada de la literatura ni del que escribe. Creo que, como en las artes plásticas, es bueno experimentar y conectar con tus coetáneos, pero de entre todas las opciones la de instruir, agitar o mover a la reflexión mientras entretienes o diviertes al lector me parece la más efectiva, y también la más complicada. Captar la atención del lector hasta la última de las páginas, y mover a la reflexión entreteniendo, es un reto emocionante y es una aspiración que no abandonas al escribir.

-¿Por qué Teruel? ¿Y por qué el Matarranya?

-AP: En mi caso, no sé escribir de otro modo que no sea desde una emoción fuerte, y Teruel siempre me ha conmovido por diversas razones, por su belleza, su fortaleza, su olvido, su pasado, su clima, su silencio… Al empezar la historia, es en este territorio en quien pensaba y sentí que tenía que seguir por sus caminos, tanto que creo que a José Ignacio no le di muchas opciones, pero creo que fue una agradable cesión por su parte, como ha demostrado el resultado del trabajo.

- Veo que la relación con Teruel parte más de Ángela que de José Ignacio… ¿qué tipo de relación les une?

-AP: Así es. Cuando era joven tanto Teruel como Huesca eran como esos hermanos con los que juegas muy de vez en cuando, y conectas por causas muy concretas. Me casé joven y a mi marido siempre le he escuchado presentarse orgulloso como alguien de Teruel, de Molinos, concretamente, cuando en realidad es de Zaragoza y solo desciende de allí. Supongo que era inevitable que yo llegase a amar también esa tierra hermana. Estoy conectada en mis recuerdos a los pueblos y tierras de Aragón.

- Llevar la acción literaria hasta una provincia como Teruel ya es toda una declaración de intenciones, ¿pero tiene su libro algo de reivindicación en ese sentido, ahora que se habla más que nunca de la España Vaciada?

-AP: Bueno, por las circunstancias en que nace El Muladar, no lo hace con un propósito reivindicativo. Sin embargo, conforme la historia iba creciendo sentía que debíamos conseguir que, al acabarla, si alguien leía la historia dijese: “Qué lugar tan enigmático, cuánta belleza ignorada…” y que sintiese la necesidad de conocerlo o regresar.

-JIV: Pero en cierto modo Teruel simboliza el icono de la España Vaciada y es, a la vez, una gran desconocida incluso para los propios aragoneses. Ahora que está escrito, yo diría que hay mucho de reivindicación en la elección de esta ubicación. Y dentro de la provincia de Teruel, la comarca del Matarranya con su belleza natural y, en cierto modo inhóspita, engancha totalmente con el ambiente que queríamos transmitir en la novela. Tiene reivindicación de una forma de vida que se está perdiendo, una forma de vida de contacto permanente con la naturaleza, pero no como entretenimiento o mero esparcimiento, sino como medio de vida. Esta dependencia entre el hombre y la naturaleza la enfocamos desde todas las manifestaciones posibles: la agricultura, la ganadería, e incluso la caza. Y esa interdependencia solo se manifiesta en este tipo de territorios, abandonados a su suerte y abocados a una visión cada día más melancólica.

-AP: Creo que en Teruel hay mucho por descubrir por los propios zaragozanos y oscenses, puede que incluso por los propios turolenses, y cualquier argumento que nos lleve al reconocimiento del otro es bueno para todos. Además, creo que por lo que nos dicen, El Muladar lo consigue. Es como si nos dijera “¿Hola? ¡Estoy aquí! Soy la representación de cualquier comarca de Teruel, y cuando termines la historia vas a querer conocerme mejor”.

-Pero más allá de la ambientación, ¿hasta qué punto Teruel forma parte de la trama? Es decir, ‘El muladar’ podría transcurrir en cualquier otra zona poco poblada, sencillamente cambiando su nombre?

-AP: Creo que lo que sí podría suceder en cualquier parte del mundo tendría más que ver con las emociones que experimentan sus personajes como seres humanos, pero esta historia en el Matarranya, tan peculiar, y su trama, solo la hace creíble este escenario único, este paisaje que atrae tanto que duele a veces, y el carácter amable y fuerte de quienes lo habitan con sus circunstancias... definitivamente no, no podría suceder en otro lugar. Teruel guió nuestras manos. Además, es imposible prescindir de sus majestuosos buitres…

-JIV: Exacto. A todo lo que hemos aludido anteriormente al respecto de las características de Teruel, se une una circunstancia no menos importante que es la abundancia de muladares y, por lo tanto, de buitres. Los buitres constituyen un elemento fetiche dentro de nuestra novela.

-Un muladar es un lugar cuando menos inquietante… ¿a qué se refiere con eso de fetiche? ¿En qué sentido un muladar forma parte de la trama, de la historia, o de aquello que quieren contar?

-AP: Me sorprende a mí misma reconocer cómo inicié la novela con admiración y miedo hacia los buitres y cómo a través de la escritura y su continua observación he acabado casi amándolos. Cuando finalizamos la novela estaba ya tan conectada a ellos que quise ir a Mas de Bunyol, y aquella experiencia hizo que mi respeto por esas aves necrófagas a las que no les afecta virus alguno aumentase. Tengo que reconocer que me puse cabezona con el título sabiendo que no era un título fácil, pero por muchas vueltas que le dimos ambos nos rendimos a El Muladar.

Es descriptivo de la novela por su significado, fácil de recordar incluso si es la primera vez que escuchas esa palabra. Además, en las circunstancias que inspiraron el primer capítulo había buitres y fuésemos donde fuésemos Matarranya, Bajo Aragón, Maestrazgo... ¡había buitres! No en vano el 80% de los muladares están en Aragón y la mayoría en la provincia de Teruel.

-Su novela trata el expolio nazi, pero ese es un tema tan abordado por la literatura que es muy difícil encararlo sin caer en tópicos y clichés… ¿ustedes lo han conseguido?

-AP: La verdad es que cuando José Ignacio lo sugirió me entro la risa tonta, pero recuerdo haberle dicho, ‘¡Veamos de qué somos capaces!’ No, no era fácil aportar algo diferente y prescindir de los tópicos. Sin embargo, creo que tirar de algún tópico también ayuda al lector porque convive en su imaginario y ahorra explicaciones. Me gusta pensar que lo que se hizo en el caso de El Muladar fue una buena combinación, o al menos eso se pretendió.

-JIV: Obviamente, te pone en el aprieto de darle un enfoque original, y eso es lo que hemos tratado de hacer: darle un nuevo enfoque vinculando la comarca del Matarranya con esta temática y jugando con el recurso del flashback. El Tesoro es real y la historia es ficción, pero lo importante es que la trama resulte plausible y a la vez emocionante. Que lo juzgue el lector…

-’El Muladar’ viaja en el tiempo, de la actualidad a los últimos meses de la Segunda Guerra Mundial. ¿Qué les resulta más complejo, proporcionar el rigor histórico y la atmósfera necesaria para que el lector se sumerja en 1944? ¿O regresar a la actualidad con el dinamismo y la agilidad que se le exige a la literatura contemporánea?

-JIV: Cada una de las dos facetas tiene sus características propias. La parte histórica de la novela requiere de un conocimiento y de una investigación previas y lleva impuesta la exigencia adicional de verse sujeta al rigor histórico. La parte actual o costumbrista quizá sea más libre, más creativa, pero también requiere conocer y entender cómo es la forma de vida de la gente en un entorno rural. En términos de complejidad, y desde mi experiencia personal, diría que ninguna trama resulta más compleja que la otra y ambas igualmente satisfactorias de narrar.

- ¿Generalista, novela histórica, fan de series de intriga, ávidos de cosas nuevas…? ¿A qué tipo de público se dirigen?

-AP: Me gusta pensar que esta novela es apta para un público muy amplio y por los muchos comentarios que nos van llegando de nuestros lectores parece que va en esa línea. Creo que el espíritu de El Muladar está llegando a personas de todas las edades desde octogenarios a veinteañeros y sus reacciones son maravillosas. No es fácil llegar al corazón o a la atención de la gente cuando tenemos tantas opciones y el mundo va tan deprisa. Proponer una lectura sobre un lugar tranquilo… podría parecer de locos, pero el comentario que más se repite entre nuestros lectores es que les atrapa, tanto que no pueden parar y luego que no quieren que termine. Es muy emocionante escucharlos de viva voz.

-JIV: Yo creo que habría que definir El Muladar como un híbrido, que participa de varios géneros sin estar encasillado por completo en ninguno de ellos. Tanto de la Novela Histórica, como Novela Costumbrista, e incluso Novela Negra.

- ¿Por qué decidieron escribir un libro a cuatro manos? Cuéntenme esa historia que comenzó un 23 de abril…

AP: Me gusta pensar que esa novela nos buscó a nosotros y que simplemente tenía que ser así, porque fue lo que sucedió. El día anterior me comentó que debería escribir sobre un asesinato porque se me daban bien los perfiles psicológicos. El caso es que ese domingo me senté delante del ordenador con la conversación del día anterior en mi cabeza. ‘Un asesinato… Creo que es José Ignacio quien debería escribirlo”‘ pensé. Cuando terminé el primer capítulo llamé por teléfono a José Ignacio y le dije “acabo de enviarte algo para que lo continúes tú”. La sorpresa fue que recibí un segundo capítulo devolviéndome el guante. El desafío había empezado.

-Usted (Ángela Puntes) ha publicado un poemario, mientras que para José Ignacio es la primera experiencia editorial… por qué eligieron como debut para el tándem precisamente una novela thriller de tintes históricos, algo que no es sencillo de escribir?

-AP: Probablemente por eso, porque la ignorancia es atrevida (risas). Pienso que no nos pusimos límites porque para nosotros era como un juego serio. Un entretenimiento que te atrapa sin opción, y como no teníamos un objetivo prefijado, ni pensábamos publicar, simplemente trabajamos lo mejor posible buscando soluciones a los problemas, y no problemas a las ideas. Fue una experiencia increíblemente enriquecedora.

- ¿Cómo fue ese proceso de escribir entre los dos?

-JIV: Es cierto que sorprende, tratándose además de una novela de intriga, pero la verdad es que para nosotros ha resultado mucho más sencillo y natural de lo que desde fuera pueda parecer. Fue incluso divertido ya que, aunque las líneas maestras de la trama las consensuábamos con anterioridad, cada capítulo que uno escribía tenía licencia para la creatividad.

-AP: ¡Cuanto más lo pienso, más difícil me parece haberlo siquiera intentado! Pero resultó ser fácil; las ideas se enfrentaban, peleaban y fluían con confianza y naturalidad. Es por lo que podríamos decir que la historia nos buscó a nosotros; no éramos dueños de nada solo de cada línea que íbamos escribiendo y que nos indicaba la dirección correcta. Empezamos enviándonos el capítulo o capítulos, dependiendo del momento creativo, disponibilidad o ritmo. Lo que sí hubo fueron muchas reuniones; la historia se convirtió en el tema de nuestras conversaciones y debate, durante muchos meses, y luego, repaso, repaso y apoyo mutuo. En mi caso además me animaba que quienes más cerca teníamos, nuestros cónyuges, se mostrasen ávidos de recibir el siguiente capítulo.

- ¿El tándem tendrá continuidad? ¿Y ‘El Muladar’? Su final da de sí para continuar la saga...

-JIV: Muchas personas nos lo han dicho y estamos valorando esas opciones.

-AP: De un modo u otro yo creo que habrá una continuidad en la escritura, otra cosa será cuándo o cómo… pero, sin revelar nada más, en ello estamos, a ver dónde nos lleva.