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Aurora Pérez Sánchez y Eva Cabrera ganan las Becas de Pintura de Albarracín Aurora Pérez Sánchez y Eva Cabrera ganan las Becas de Pintura de Albarracín
Algunos de los alumnos que del 4 al 8 de julio han acudido al 24º Curso Superior de Pintura de Paisaje de Albarracín, junto a sus profesores

Aurora Pérez Sánchez y Eva Cabrera ganan las Becas de Pintura de Albarracín

La Torre Blanca expone 39 obras procedentes del curso que dirige Paloma Peláez

Aurora Pérez Sánchez y Eva Cabrera Escribano encabezan la exposición que podrá verse hasta el 2 de octubre en la Torre Blanca de Albarracín, como ganadoras de las Becas de Pintura que la Fundación Santa María de Albarracín otorga anualmente tras el Curso Superior de Pintura de Paisaje, que tras un parón de dos ediciones por la pandemia la pasada semana celebró la número 24.

Pérez Sánchez Y Eva Cabrera han ganado una estancia creativa de 10 días en Albarracín, dotada con 400 euros. Ambas pintoras, arquitecta e ingeniera de profesión, realizarán una exposición colectiva en junio de 2023 y una de las obras que desarrollen pasará a formar parte de la colección de arte de la Fundación.

Una de las alumnas del curso pintando al natural

La exposición está formada por 39 obras de diferentes formatos, de las dos ganadoras de la beca y de algunos de los 60 alumnos de toda España que han participado en el curso, entre ellos los autores de los cinco trabajos que se hicieron merecedores de una Mención de Honor: Raúl Polo Pinedo, Matías, Dalton Carbone, Cayetana Llopis Álvarez, Julia Vallespín Rodríguez e Isabel Picazo Martínez.

La doctora en Bellas Artes por la Universidad Complutense de Madrid Paloma Peláez, que dirige el equipo docente del Curso Superior de Pintura de Paisaje de Albarracín formado además por Lourdes Castro Cerón, Isidoro Moreno López y Alberto David Fernández Hurtado, explica que la exposición también incluye algunos bocetos y apuntes de los alumnos, recopilados en un cuaderno colectivo, “que resulta muy didáctico porque recoge muchas muestras de las diferentes sensibilidades del grupo, a través de sus pequeños apuntes, donde el visitante puede ver los círculos cromáticos y los experimentos en papel que explican mucho mejor por qué cada alumno ha llegado a la paleta concreta que se observa en el cuadro”.

Un campo experimental

Una de las particularidades del curso que dirige Paloma Peláez es que se dirige a alumnos con experiencia y conocimientos en pintura. “En sus primeras ediciones tocamos temas más generales”, explica Peláez, “aunque poco a poco vamos yendo a cosas más específicas”. En las tres últimas ediciones el programa del curso y los abundantes materiales que se proporcionan al alumnado han girado en torno a la gestión del color, en concreto el título de la última edición fue Vibración tonal y esquemas policromáticos en la pintura de paisaje.

“Nuestra base teórica se centra en referentes como Joseph Albers o Johannes Itten”, explica Peláez, “y a partir de ellos trabajando las tríadas, las tétradas o los acordes adyacente para entender el círculo cromático en toda su extensión”. Según la pintora y profesora, “en ocasiones los estudiantes de Bellas Artes conocen bien el círculo pero no entienden bien a qué responde, y eso es fundamental. Nosotros tratamos de hacer que se convierta en una brújula, en un reloj para los alumnos, y que no tenga ningún secreto para ellos”.

Apertura de la exposición de pintura de paisaje que podrá verse durante todo el verano en la Torre Blanca de Albarracín

Otras dos de las características de los programas que durante todo el año diseñan Peláez y su equipo de expertos es que, por un lado están dirigidos específicamente a que se impartan en Albarracín y en formato convencional -por eso se optó por cancelar el curso durante la pandemia y no intentar vías online-, y por el otro están diseñados para obligar a los alumnos a cambiar su forma de hacer las cosas, experimentar y buscar nuevas formas de expresión. “En ese sentido Albarracín es nuestro campo de experimentación. Hacemos que los alumnos jueguen con paletas que nunca han tocado, que experimenten de forma creativa, que no se aplantillen y se encuentren haciendo lo mismo de siempre. Albarracín es un lugar perfecto para poder experimentar con todo los registros de color posibles”.

Romper los esquemas

Antonio Jiménez, director gerente de la Fundación Santa María de Albarracín, asegura que ese es uno de los activos más valiosos de la formación. “Es un curso de formación en capacidades, es decir, transmite la capacidad de saber trabajar, que rompe los esquemas previos de los alumnos. El equipo docente con el que cuenta es maravilloso y capaz de revolucionar la forma de pintar de los alumnos, que ya saben pintar con anterioridad porque este no es curso de iniciación”.

El director de la Fundación Santa María, Antonio Jiménez (3º por la derecha), durante la apertura del curso

El Curso de Pintura Superior de Pintura de Paisaje de Albarracín combina sesiones teóricas con sesiones técnicas, “y una puesta en común a última hora de la tarde en la que repasamos todo lo que ha ocurrido con nuestros apuntes y esbozos, tanto de bueno como de malo. Porque de lo malo puede aprenderse mucho si se le sabe poner nombre y apellidos”.

En esas puestas en común los profesores comprueban que incluso pintores de gran calidad y versatilidad se encuentran aplantillados en una gama de colores que les impide explorar y descubrir el auténtico potencial del color y sus posibilidades. “Algunos nos han dicho que no saben hasta dónde van a llegar, pero que se les han abierto nuevos caminos. Y abrir nuevos caminos a alguien es lo mejor que le puede ocurrir a un profesor de pintura”.

Aurora Pérez Sánchez (izda.) y Eva Cabrera Escribano, junto a las obras con las que lograron ganar la beca

La filosofía del curso es además proporcionar materiales suficientes para trabajar y llevar a la práctica durante todo el año, “porque nos gusta tener ese planteamiento de que el curso no dura una semana sino todo un año, hasta la próxima edición”. En Albarracín trabajan con el esquema de color dominante (naranja rosáceo), el color tónico (azul del cielo), su contrario en el círculo cromático, y toda la gama de colores mediadores que completan la armonía de color. Pero una vez se ha comprendido el funcionamiento de esta y se ha experimentado con sus posibilidades, el esquema puede trasladarse a cualquier lugar o situación.

La profesora Paloma Peláez destacó el valor del equipo docente del curso, no solo por la atención durante el curso sino por la calidad del programa que se renueva de año en año y los materiales que se proporcionan. Y también agradeció a la Fundación Santa María de Albarracín “la experiencia que tienen a la hora de montar exposiciones de arte correctamente”. La profesora asegura que “en ocasiones tienes piezas muy interesantes para exponer pero en función de cómo son colocadas sobre la pared el resultado es un desastre de color y contrastes. Desde luego este no es el caso”.

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