Síguenos

120_-1200x150-remamos-b.gif banner click 120 banner 120

Clara Gómez posa para sí misma en varias series de autorretratos que recuerdan a los clásicos que fotografiaron en su día el fenómeno ‘hippie’. Clara GG

Clara Gómez Galeote, la fotógrafa turolense iconoclasta sin género ni referentes

La joven, que suele firmar como Clara GG, se abre paso en el panorama turolense

Tiene 25 años y todavía no ha protagonizado ninguna exposición individual –sí lo ha hecho en dos colectivas el pasado año junto a varios compañeros de la Sociedad Fotográfica Turolense–, pero Clara Gómez, que habitualmente firma con el seudónimo Clara GG, tiene un portfolio brillante, comparable al de los mejores fotógrafos de Teruel, y eso es mucho decir en una provincia donde desde el pionero Miguel Perdiguer hasta Uge Fuertes, pasando por la SFT, la Asociación Fotográfica Bajoaragonesa o el Grupo Lumiere de Andorra, estamos acostumbrados a disfrutar de expertos artistas de la luz.

Parte de su ya ingente trabajo puede verse en claraggfotografia.myportfolio.com o a través de su perfil en Instagram, donde se aprecia la calidad de una artista todoterreno en formación, obsesionada por la calidad técnica y un minucioso tratamiento de la iluminación, y en la que se perciben guiños de fotógrafos como Louis Stettner, Joana Biarnés o Juan Indio Moro, a pesar de que la turolense iconoclasta no se reconoce en ninguna de las influencias clásicas. “No sabría nombrar qué fotógrafos me han influido más a la hora de disparar”, admite, “creo que mis referencias vienen más bien de personas con las que he tenido contacto directo y de las que he aprendido, como profesores o compañeros, más que de artistas famosos”.

Quizá esto se debe en parte en que Clara Gómez Galeote no se ha especializado en ningún género en concreto, al menos todavía. Hace retrato, fotografía de producto, paisaje, fotomontaje, interiores, edificios, mascotas...  No parte de un referente estético para llegar a la fotografía sino que más bien sigue un camino inverso; parte de la fotografía como base para explorar el mundo que la rodea, y este no cabe en un género  en particular. Pero Clara GG ni siquiera había caído en la cuenta: “No me he parado a pensar qué género me atrae más, la verdad... voy siempre acompañada por la cámara y hago muchas fotos de todo, me gusta mucho el retrato porque me encanta la gente, pero también me encantan los animales”. Y cuando uno le obliga a que elija una etiqueta, bromea: “Fotógrafa de... ¿la vida?”. Enseguida ríe y, a pesar de que ha dado en el clavo, trata de matizar la frase porque le parece que ha quedado demasiado grandilocuente: “En serio, no sé... Yo no veo personas o animales, veo e imagino cosas que me agradan a la vista y trato de expresarlas haciendo fotos”.

Por empezar a destacar alguno de esos no-géneros, sobresale la fuerza de sus retratos, en los que mima al extremo los detalles técnicos como la iluminación además de otros más creativos, y especialmente de sus autorretratos, donde trabaja duro a uno y a otro lado del objetivo para lograr imágenes muy expresivas. Y cualquiera que haya realizado series de autorretratos sabe a lo que se enfrenta técnicamente. 

El autorretrato

“El autorretrato me gusta mucho porque te permite aprender muchísimo”, dice, y no sólo porque tienes que hacer muchas fotos y corregir muchos errores hasta que obtienes el resultado deseado, “sino porque además cualquier idea que se te ocurre la puedes poner en práctica casi de inmediato. Si cuentas con un profesional que sabe posar se nota mucho en el trabajo final, pero no siempre puedes contar con uno, y no siempre vas a poder transmitirle exactamente la idea que llevas en la cabeza. Yo suelo entenderme a la primera y me llevo muy bien conmigo misma, y así se trabaja de maravilla”. 

En lo técnico, Clara GG ha trabajado el autorretrato de mil maneras; apelando a la suerte, con cámaras de visor rotable o sustituyéndose a sí misma por objetos para afinar el enfoque y la composición, y aunque últimamente ha aparcado este tipo de fotografía, ya trabaja más cómodamente con aplicaciones móviles que permiten controlar –hasta cierto punto– la cámara frente al objetivo. 

Muchas de sus autofotografías tienen ese look rebelde y místico de los fotógrafos neoyorkinos que retrataron el fenómeno hippie, pero además posee varias series que tienen que ver un género que ni siquiera lo es dentro de la fotografía convencional: el terror. Siguiendo la estela de autores como Miwa Yanagi o Joshua Hoffine, por citar a dos de los más conocidos, Clara GG cultiva la fotografía de terror como una forma de “encontrar la doble vertiente que puede tener la vida, encontrar la belleza dentro de lo oscuro. Me interesa que haya imágenes que, a pesar de dar miedo, atraigan en lugar de causar asco o repulsión”. Quizá sus fotos todavía no dan tanto miedo como las de Hoffine, pero al tiempo. Y la turolense utiliza muchos menos elementos que el de Kansas, prescinde habitualmente del color, de muchos de los referentes habituales –zombies, bichos o sangre– y de una producción costosa y sofisticada, para centrarse en imágenes minimalistas que se basan sobre todo –pero no unicamente– en los ojos, eso que atrapa a cualquier observador cuando el fotógrafo ha tenido la habilidad de eliminar elementos que estorben.

Aunque no en su totalidad, muchas de esas fotografías terroríficas y otros fotomontajes los obtiene con la postproducción a través de Photoshop, “¡La de maquillaje y lentillas que me he ahorrado!”, bromea. Y no esconde que es aficionada a terminar el proceso creativo en el ordenador, como otro paso de los necesarios en su trabajo. “Practico la edición, que aprendí mirando a mi padre manejar Photoshop, y estoy a favor de ella, pero entiendo perfectamente lo que defienden quienes no lo están”, explica. “No es lo mismo que esa edición esté planificada como parte del proceso, a que edites para corregir errores, disimular cosas o embellecer el motivo. Eso ya no me gusta tanto”. 

La turolense, que se formó en Diseño Gráfico y Realización Audiovisual en Valencia, trabaja desde hace dos años como fotógrafa y videógrafa, especialmente en eventos sociales, espectáculos, bodas y esas cosas. Aunque suele ocurrir que esa parte de la fotografía esté denostada, a Clara Gómez no se le caen los anillos y saca pecho de una actividad que además de pagar facturas permite afianzar la base que permite después desarrollar un trabajo más personal y creativo. Lo que los snob llaman foto de autor. “Lo que más he hecho son eventos sociales, pero no aborrezco este tipo de fotografía ni mucho menos. Siempre hay cosas diferentes que fotografiar, siempre aprendes cosas nuevas, y la interacción entre la gente es algo que me interesa mucho”. Y es que ya lo dijo el escultor Pablo Serrano, que para ser un gran artista de vanguardia antes hay que aprender a tallar sanpancracios de madera.