Síguenos

120_-1200x150-remamos-b.gif banner click 120 banner 120

Cristina Gallego, actriz: “Colomo no es imperativo, esa afabilidad que tiene lo hace especial como director” Cristina Gallego, actriz: “Colomo no es imperativo, esa afabilidad que tiene lo hace especial como director”
Cristina Gallego, versátil actriz del drama a la comedia. Adasat Barroso

Cristina Gallego, actriz: “Colomo no es imperativo, esa afabilidad que tiene lo hace especial como director”

Es una de las protagonistas de ‘Poliamor para principiantes’, película en cartel en el Cine Maravillas
Cristina Gallego es una de las protagonistas de Poliamor para principiantes, estreno de Fernando Colomo que se proyecta estos días en el Cine Maravillas de Teruel. La brillante intérprete se define así: “Extremeña de cuna, maña de adopción, japonesa por convicción y con alma de gallega, como mi apellido. Actriz, titiritera, apasionada del teatro, amante del buen comer y de los buenos caldos. Con un libro o un vino me has conquistado. Me gusta el silencio, la soledad y los escenarios”. Gallego nos habla de este largometraje y de muchos otros trabajos, como su labor en El Intermedio, Fuera de Serie, Vilas y sus dobles o J’attendrai.

-Apuntaba Audrey Hepburn que "se puede saber más de una persona por lo que ella dice de los demás, que por lo que los demás dicen de ella".

-Me parece una afirmación bastante acertada. Es psicología pura. Cómo nos proyectamos en los demás, positiva o negativamente, lo que opinamos del otro, dice muchísimo de nosotros. Esa proyección negativa la estamos viendo, por ejemplo, esta última semana por parte de algunas personas con los migrantes marroquíes. Es un ejemplo clarísimo.

-Aunque también podrían hablar de usted ukeleles y gatos.

-Los ukeleles te dirían que una zurda tocando como diestra cuenta bastante sobre mí... Los gatos te dirían que soy opositora a Cat Lady, loca de los gatos; también te dirían que me entiendo mucho mejor con ellos que con los humanos. Y probablemente te contarían que cuando me voy de viaje me llevo latillas en el bolso por si me cruzo con ellos. Siempre nos encontramos.

-“Existo como soy, eso es suficiente”, espetó Walt Whitman.

-Nada más y nada menos... ¿Crees que se la puedo pedir prestada a Walt Whitman? Una de las tareas más difíciles en la vida es existir como uno es, y no como te gustaría ser, o como los demás esperan que seas. Aceptar lo que eres. A mí esa tarea me ha llevado gran parte de mi vida. No es que sea suficiente, es que si llegas a conseguirlo, es la ostia. Te llevas el premio gordo.
Quiero llamar a Whitman y tomarme un vino con él.

-Picasso decía que sin soledad ningún trabajo serio es posible. La solitud como riqueza. ¿Dónde reside la soledad de la actriz? ¿En el camerino?

-La soledad impuesta es dramática, la soledad elegida y voluntaria es un camino hermoso de muchísimas posibilidades. La soledad de la actriz... creo que está en todas partes menos en un camerino. Nunca me he sentido sola en el camerino. Es prepararte para una cita en la que alguien te está esperando y quiere verte, y eso es muy emocionante, ya sean un millón y medio de personas, o dos personas en un teatro, que también lo he vivido. La soledad del actor se lleva dentro, muy dentro, donde nadie pueda verla y hacernos sentir vulnerables. Y esta reflexión me lleva directamente a Marcelino... Hablas con alguien que vive muy enganchada a la soledad, creo que es un modo de vida algo peligroso pero muy satisfactorio, por eso te engancha. Le voy a comentar a Whitman qué le parece que Picasso se una al vino, esto pinta bien.

-Porque en estas, le toca dar vida a cigarras y grillos. En este caso, a Marta en Poliamor para principiantes. Del silencio tranquilo a la explosión de la comedia. Háblenos de su Marta, por favor.

-Marta es una doctora felizmente casada y con dos niños a los que educa bajo un sistema de cocrianza junto a su marido y una tercera persona, que hace que ella pueda seguir “felizmente” casada en una vida ideal fabricada con teorías que luego no resultan en la práctica. También me tomaría un vino con ella, pero a solas, para comentarle un par de cosas.

-“Serás más alto, pero no más grande”, decía Napoleón a sus generales. Aparte de ‘sex-appeal’, ¿qué tiene Fernando Colomo que no poseen el resto? ¿Dinamita con respeto? ¿Es un director o un familiar?

-Creo que Fernando tiene una manera muy particular de contar historias, lo hace con mimo, con ganas y con el respeto suficiente como para que nadie se sienta ofendido. No es imperativo, esa afabilidad que tiene lo hace especial como director. Es un ser entrañable que cualquiera querríamos en nuestra familia.

-Entre otras cosas, Fernando sabe escuchar la vida, de ahí sus diferentes retratos generacionales tras cada una de sus comedias. Las compraría Billy Wilder, creo yo. Y en este estreno que nos ocupa, con amor y humor se atreve abordar estos tiempos tan postmodernos de tira y viñeta.

-A eso me refiero, que en estos tiempos y “a su edad” como dicen muchos, se atreva a abordar y retratar un tema tan complejo como el del poliamor me parece de una valentía y una honestidad admirables. En este caso él existe como es, lo que hablábamos antes, y a mí me maravilla.

-Usted convive entre semana con otro grande de la empatía, doctor Chechu. Háblenos de la forma de ver el mundo que tiene El Gran Wyoming.

-Otro ser excepcional que la vida me ha regalado... No me creo mi suerte. Chechu es un mentor, un padre, un maestro y un amigo. Su forma de ver el mundo y de enfrentarse a él es desde la generosidad y la humanidad, algo que no se ve a menudo en estos tiempos. Su empatía para con el otro es extraordinaria. Me tiene enamorada.

-Actriz televisiva en El Intermedio, usted ha sido otro magnífico soplo de aire fresco para contar la actualidad social y política de la manera más humana posible. Mire que nos lo ponen difícil, cada vez más.

- Estas últimas semanas han sido realmente duras. Lloras en casa, pero estás llorando y viendo la actualidad social desde tu sofá, comiendo. Eso no hay que olvidarlo. El espacio que me dejan en el programa para sacar el colmillo y gritar desde la ironía de mi personaje, es para mi el mejor de los regalos en este momento en que la rabia y la impotencia se apoderan de uno.

-Comparta una anécdota vip en su trabajo en El Intermedio.

-El Intermedio es un programa diario, y el contenido se genera cada día en base a la actualidad política. Los guiones nos llegan, con suerte, a partir de las 19 horas del mismo día. Si no tienes suerte puede ser muchísimo más tarde. Yo, actriz metódica que ensaya y estudia hasta la extenuación, estuve al borde del ictus las primeras cinco semanas, y alguna más también. Recorría los pasillos, asaltaba a mis compañeros y acosaba a los guionistas en busca de algún guión (aunque no fuera mío) que estudiar. “Dadme algo” decía, “lo que sea”, como una yonki. Me mareaba y todo. Muy duro. Me recomendaron “aprender a gestionarlo” por mi salud mental. Sigo trabajando en ello.

-¿Necesita la televisión de buenos actores y actrices?

-Creo que si la televisión se nutriera, en su contenido, de más actores y actrices, que en este país los hay sobradamente preparados, y de menos “personajes” mediáticos, la televisión mejoraría considerablemente. No tengo ninguna duda. Yo te hago una lista en un momentito.

-¿Necesita la política de menos intérpretes?

-Sí, absolutamente. Vivimos en la era del show business, de la foto, de la actuación, de la sobreactuación y del show must go on. Casi podríamos hablar de intrusismo profesional por parte de los políticos. Es vergonzoso. Menos interpretar, que para eso ya estamos algunos, y más inter-actuar entre las fuerzas políticas, porque el mundo se derrumba mientras ellos se pelean en el patio del colegio por ver quién la tiene más larga.

-¿Tenemos los community manager de Pecas que nos merecemos?

-Sí. Lo que tenemos es lo que nos merecemos. Indudablemente. Es algo que me ha costado entender, pero así es. Si no queremos aprender y mejorar, tendremos que conformarnos con lo que nos pongan en el plato, pero sin rechistar. Y también te digo: No quiero oír ni a dios quejarse de NADA en los próximos dos años. Ni de la Sanidad, ni de la Educación ni de los Salarios.... Nada. A tomar cañitas hasta que se os pase… A disfrutar de lo votado (emoticono muy sonriente).

-Pero volvamos al ocio, que es domingo. En ‘Poliamor’, Marta tiene a Esteban, al que da vida Luis Bermejo. ¿Cómo se completa esta burbuja conyugal? ¿Aquí cómo se entiende la cocrianza?

-La cocrianza es un lío jajaja. Es un concepto que te permite educar a tus hijos en una unidad familiar que no es la habitual, es decir, educar a tus hijos con tu mejor amiga, por ejemplo, con una pareja externa que nada tenga que ver con tus hijos si así lo decides, o con una tercera persona que entra en la pareja como es el caso de Marta y Esteban. En cualquiera de los casos es complicado... Yo recomiendo criar gatos y de forma monoparental. Ahí no hay error.

- Sin spoilearnos, ¿qué vamos a llevarnos cuando veamos ‘Poliamor para principiantes’?

-Una interesantísima introducción al poliamor que, si bien no te interesa tanto como para ponerlo en práctica, no deja de ser algo que todos nos conviene controlar un poco, por lo que la vida te pueda traer. También te vas a llevar muchas muchas risas puestas, que hacen mucha mucha falta.

-Y sinceramente, ¿es posible ser romántica en la España del 2021?

-No es posible, es necesario. No hay otra opción. Tengo mi fe puesta en la generaciones más jóvenes. Humanidad, humanismo, poesía y romanticismo... por favor. Es lo que nos puede salvar. Soy una acérrima defensora del romanticismo, lo practico incluso en mis horas bajas, lo practico incluso en soledad, ¡¡imagínate!! Sí a ser romántico. Sí a darle prioridad al sentimiento.

-Porque además nuestra sociedad se pasa de maquillar todo con eufemismos.

-Eso mismo. Es importante no maquillar todo el tiempo, no disfrazar, no suavizar… para no herir. Es peligroso hacerlo, usar eufemismos, y es peligroso no hacer un uso real y apropiado de nuestra lengua cuando toca. Ojo con eso.

-Justo hace una semana, le vimos en otro estreno, esta vez televisivo, ‘Fuera de Serie’ en Factoría de Ficción. Enhorabuena también.

-Gracias. ‘Fuera de Serie’ ha sido un regalo. Ha sido trabajar con compañeros talentosísimos a los que admiro y que me han dado la oportunidad de formar parte del proyecto. Lo que he disfrutado en ese rodaje es difícil de expresar. En serio. Me siento muy afortunada de poder trabajar con tanta gente bonita.

-Una miniserie de aventuras domésticas en prime time.

-Humor absurdo llevado hasta sus últimas consecuencias. Una maravilla. Ya había trabajado con Rubén Tejerina y Pablo Chiapella, guionistas de la serie, que junto a Andreu Casanova, otro de los guionistas, han creado un universo maravilloso y lo han puesto en pie. Yo estoy arrodillada ante ellos hasta que me llamen para la segunda temporada, que sería un sueño.

-Para usted, ¿qué ofrecen las series que no tienen el resto de formatos?

-Soy una gran consumidora de series, pero no abandono el cine. Las series te ofrecen la maravillosa posibilidad de elegir formatos que se adapten a tu vida y al tiempo que tienes, te ofrece la posibilidad de la continuidad, de seguir una historia con la que te familiarizas y a la que te haces adicta. Eso es una maravilla. Por eso se pasa tan mal cuando acabas una serie. Es la parte fea. El mono. El “¿y ahora qué hago?”.

-No hace mucho, Cristina Gallego fue Ada Holt, la segunda esposa del payaso jaqués en el docudrama de Germán Roda 'Marcelino, el mejor payaso del mundo'. La primera señora fue Laura Gómez-Lacueva. Qué poesía hacer cine mudo junto al Pepe Viyuela, ¿verdad?

-Lacueva, diosa del Olimpo. Trabajar con Pepe Viyuela ha sido una de mis mejores experiencias, uno de mis rodajes más satisfactorios. Estar con él en escena es no querer que se acabe nunca. Verle trabajar y hacerlo de su mano es un privilegio que espero volver a repetir algún día.

-Con Germán Roda también al timón, usted aparece en su nuevo documental 'Vilas y sus dobles', relato sobre nuestro escritor barbastrense Manuel Vilas. ¿Cómo ha sido este nuevo proyecto en el que participa junto a José Sacristán, Carmelo Gómez o Itzíar Miranda, entre otros?

-Como todos los proyectos de Germán Roda, que están teñidos de poesía, éste ha sido uno de ellos. Fue Pepe Viyuela quien me descubrió a Manuel Vilas y a partir de ahí surgió la idea del documental. Qué te puedo decir, todo lo que me llega de Pepe o de Germán son cosas buenas. La literatura de Manuel Vilas es de otra dimensión, es una barbaridad, y conocerlo se acerca bastante a la felicidad.

-Yendo a escénicas, porque usted es de otro tiempo, entre la heroína y el espectro sobresale su brillante personaje de María de la O en ‘Firmado Lejárraga’, todo un fresco henchido de sentimiento.

-Ahí está mi María, sonriéndome desde la estantería de mi casa en la que descansan todos sus libros firmados por otro. No puedo expresar todo lo que me dio María Lejárraga, y todo lo que me sigue dando, lo que aún me ha de dar. No tenemos prisa, eso me dice ella, que vivió 100 años en completo silencio. Fíjate tú si voy a tener prisa yo. Cuando nos llamen, nos acicalamos y allá que vamos. Está todo hablado. María sigue conmigo.

-Colocando a la mujer en el centro, con hombres que revolotean como satélites.

-Bueno, ahí vamos, pocos a poco. Creo que esa es una polaridad que encontrará su equilibrio en algún momento. Necesitamos que nos reconozcan nuestro lugar, ganado con creces, pero no a costa de ellos, de los hombres. No necesitamos hacer eso, sería un error. Necesitamos que estéis con nosotras en esto, ser un equipo. Os necesitamos compañeros, en la misma órbita, no como satélites.

-Y de Vanessa Montfort también, usted narró ‘La mujer sin nombre’ bajo la batuta de Elsa Veiga. Lejárraga de nuevo, en formato novela.

-Sí, una novela emocionante de la gran Vanessa Montfort. Ha sido mi primer audiolibro y estrenarme con María Lejárraga una fortuna máxima. Elsa Veiga, narradora y escritora fue fundamental en el proceso. Me llevó de la mano e hicimos algo muy bonito. Una muy buena primera experiencia. Ojalá haya más.

-Defina feminismo para tantas rupturas que atraviesa el XXI.

-Es un movimiento que estamos obligados a abrazar y a defender, todos, hombres y mujeres. Por necesidad y por el deber moral que tenemos con todas las mujeres que dedicaron su vida a lograr, con muchísimo esfuerzo, todo lo que hoy tenemos. No lo demos por sentado. Hay que seguir en la lucha. María Lejárraga dedicó gran parte de su vida al feminismo y ya decía esto en 1930: “El feminismo quiere sencillamente que las mujeres alcancen la plenitud de su vida, es decir, que gobiernen el mundo a medias con los hombres, ya que a medias lo pueblan”. Nada que añadir.

-Y de gira están también con la magnífica ‘J’attendrai’ texto de José Ramón Fernández bajo la dirección de Emilio del Valle. Esperaré.

-Arrancamos gira en otoño. José Ramón Fernández no podía saberlo pero llevo más de veinte años preparándome para hacer esta función. Yo esperé, como en la función, sin saberlo. Esta es la magia de la profesión. Hacer un texto como ‘J’attendrai’ hace que ser actriz tenga más sentido que cualquier otra cosa.

-En ella usted es Claire, la nieta de Patricia.

-Sí, contamos una de las miles de historias que pudieron suceder en el exilio de los republicanos españoles llevados a los campos de concentración nazis donde murieron olvidados por su país, España. Mi personaje Claire, lleva encima una herencia emocional que tratará de gestionar a lo largo de la función.

-Aquí el silencio es una ley no escrita.

-Todos los personajes de la función tienen un conflicto que resolver, todos guardan silencio por algún motivo. A lo largo de la función vemos la necesidad de hablar, de contar para no olvidar.

-Supervivientes, supravivientes. ¿Un mensaje obligado de ‘J’attendrai’?

-Sin duda. Un mensaje que va dirigido a todos aquellos supervivientes que quieren no olvidar y a aquellos que quieren escuchar, descubrir y saber lo que pasó. Da la posibilidad de asomarse a una ventana muy indiscreta que te cuenta cosas muy feas pero muy necesarias, en un momento en el que es imprescindible abrir muchos los ojos y el corazón para no permitir que la historia se repita. Para no permitirnos repetir lo peor de la historia. Y ya vamos mal...