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Cristina Jiménez, poeta turolense: Duele cuando te falta, pero morir, lo que se dice morir, ya nadie muere de amor Cristina Jiménez, poeta turolense: Duele cuando te falta, pero morir, lo que se dice morir, ya nadie muere de amor
Cristina Jiménez

Cristina Jiménez, poeta turolense: Duele cuando te falta, pero morir, lo que se dice morir, ya nadie muere de amor

La autora consagra al amor su tercer libro

Después de Mil letras ideales (2017) y Aunques y porqués (2018) la turolense Cristina Giménez López presenta su tercer poemario, Los amantes y el resto de los mortales. En él indaga por qué ya no se ama como nos enseñaron que debería amarse, y lo amplio que puede ser el significado de la palabra amante. 
-¿Los amantes del título son con mayúscula o minúscula?
-Con minúscula. Realmente no me refiero a los Amantes de Teruel, sino a los amantes en general, aunque es verdad que algunos de los poemas sí que se dedican especialmente a Diego e Isabel. Algún texto y algún soneto incluido en el libro participó en el Certamen Nacional de Poesía de los Amantes, y se puede decir que de algún modo su figura guía buena parte del libro. En este libro quiero reflejar algo en lo que creo, y es que la gente ya no se muere de amor, ya no se desgarra por amor. Aunque cualquiera que sea de Teruel no se cuestiona que es posible hacerlo, yo creo que este sentimiento se vive de otro modo. Sigue siendo doloroso cuando te falta, pero morir, lo que se dice morir... ya nadie se muere por amor. 
-Lo cual tampoco está tan mal, ¿no le parece?
-Yo soy muy romántica, y estoy convencida de que todo el mundo  ha sentido en alguna ocasión ese dolor que parece que te está rompiendo por dentro. Siempre he sido así en mi vida, creo que hay cosas por las que merece la pena darlo todo, y que perderlo significaría una muerte inevitable. Pero admito que con la tranquilidad que te da la edad, el tiempo y la experiencia, llegas a la conclusión de que es mejor no morirse de amor. La escena de la muerte de Diego es mi favorita, y este año mi hija y yo vamos a echar mucho de menos no verla en directo durante las Bodas de Isabel, pero honestamente creo que Diego debería aprender a vivir después de todo. 
-A estas alturas no sé yo...
-Si te falta el amor siempre vas a encontrar otra forma de amar que te salve de la muerte. En este libro hablo mucho de estas otras formas de amar. El amor a entorno, a la vida, a un paisaje, un recuerdo... Es posible amar de tantas maneras diferentes que lo complicado es no encontrar ninguna. 
-Explíqueme eso de ‘...y el resto de los mortales’. ¿Acaso hay quien nunca haya sido amante?
-Yo creo que no, pero sí que se pueden enfrentar, y el título del libro lo hace, a quienes saber amar con todas las letras y a otros amantes más pequeños. Hay amores pequeños, egoístas y competitivos, muy diferentes al resto. Pero de un modo u otro nadie es capaz de no amar nunca. Creo que incluso el corazón más duro, el que ha escarmentado por amor, necesitó un amor que le escarmentara. Y si volvieras a rascar en él volverías a sacar a la luz al amante que un día fue. 
-¿Todo el mundo es capaz de ser un buen amante?
-¿Saber amar? ¿Quién podría juzgar eso?
-¡El poeta!
-Bueno, bueno... no te creas. Los hay cuya vida amorosa es un completo desastre. Saber amar o no es el resultado de tu vida. Yo personalmente lo hago todo con pasión; crío con pasión, cuido con pasión, trabajo con pasión y escribo con pasión.
-¿La poesía hay que escribirla con desgarro? 
-Sí. Parece que es un poco como regodearte de tu propio dolor, pero así es. Hay gente que no soporta que le hagan más daño cuando está pasándolo mal, por eso no siempre es el momento adecuado para leer según que poemario. Yo personalmente siempre he escrito más y mejor en momentos tristes... y cuando no lo estoy utilizo pensamientos o recuerdos y acabo llorando mientras escribo. 
-En lo formal, usted se aleja de la poesía contemporánea, con verso y métrica libre... le atrae lo clásico, ¿no?
-¡Me estoy volviendo más moderna! Me gusta la poesía libre, pero también la musicalidad, la rima, las métricas regulares... En este libro hay más de todo, hay textos más largos en los que es fácil explayarse más y que parezcan más bien prosa poética... Una vez Juan Bolea me dijo que mi poesía no era ya del romanticismo, sino del Renacimiento. Yo siempre he tenido entre mis referentes a Espronceda, Quevedo... pero entiendo que las cosas van cambiado y desde una perspectiva contemporánea hay gente que escribe cosas muy buenas. 
-A veces los formatos muy a contracorriente alejan a la gente de la poesía...
-Mis hijos son jueces de mis poemas, y estoy viendo como la gente joven está regresando a la poesía. Quizá no a la que está escrita en los libros, pero sí a la de grupos de música y de rap, que hace rimas muy buenas con métricas muy elaboradas. Y en eso el rap se parece más a la poesía clásica que a la contemporánea. 
-También hay quien dice que la poesía no hay que entenderla...
-Pero tiene que ser fácil para el que la lee. La poesía emociona y llega al corazón cuando ves reflejado en ella algún momento de tu vida, algún estadio que recuerdas. Es en esos casos cuando te emociona, pero para eso tienes que entender lo que te dicen. 
-¿Para quién escribe?
-No lo sé. Me gusta tanto escribir y declamar que nunca pienso para quién lo hago. Para todo el mundo, supongo. Cada poema tiene sus referencias y muerde a aquellos que las comparten con el poeta. Por eso cada poema en particular puede ser para gente muy diferente entre sí. 
-’Los amantes y el resto de los mortales’ viene prologado por David Saez, colega en la editorial Éride...
-Yo escribí un poema para el libro que escribió sobre su abuela (Emilia, la mirada abisal), y me ha devuelto el favor con un prólogo precioso, en el que me hace una definición del amor original y muy personal, con ese estilo de decir las cosas tan suyo y tan loco que tiene.