Síguenos
Denis Escudero, escritor y guionista de televisión: “Desde los 50 no se ha metido un duro  en los pueblos más que para parchear” Denis Escudero, escritor y guionista de televisión: “Desde los 50 no se ha metido un duro  en los pueblos más que para parchear”
Denis Escudero conversa con Juan y Sinforosa, los últimos habitantes del barrio de La Estrella, en Mosqueruela. Pedro Rolán

Denis Escudero, escritor y guionista de televisión: “Desde los 50 no se ha metido un duro en los pueblos más que para parchear”

Malpaso Holdings edita ‘La España que abandonamos’, un análisis sobre la despoblación
Denis Escudero nació en Chiva (Valencia) aunque se ha criado en Puertollano (Ciudad Real). Como guionista del espacio de TVE Aquí la Tierra, en 2018 puso en marcha junto con la reportera Marta Márquez la sección Menos de 20, una serie de reportajes que recorría pueblos españoles con menos de 20 habitantes cambiando el cliché del discurso melancólico, fatalista o nostálgico. Fruto de la experiencia Escudero autopublicó en 2019 La España que abandonamos, que ahora ha reeditado Malpaso. En la obra conversa con vecinos de ocho pequeños núcleos de toda España, entre ellos el barrio turolense  de La Estrella de Mosqueruela.

-Últimamente se publica mucho sobre la España Vaciada. ¿Qué aporta de novedoso ‘La España que abandonamos’?

-Existe mucha y muy buena literatura sobre la despoblación, con Sergio del Molino, Paco Cerdà, Llamazares... Pero entre los libros que he leído es poco habitual darles voz a los protagonistas, a los habitantes de los pueblos. Sus vecinos son gente que vivía en pueblos de tres o cuatrocientos habitantes y ha visto como han llegado a quedar sólo cuatro o cinco. Y me interesaba saber por qué se quedaron, que ocurría con los que se iban, qué problemas han tenido, qué les parece que ahora haya gente que vuelva tras la jubilación... Yo intento ser un mero transmisor de voces de la gente, desde varios puntos de vista, para que la gente cuente lo que quiere contar. En ese sentido no es un libro alarmista o catastrofista, pero tampoco amable. Creo que es un libro realista.

-¿Esos discursos tienen algún hilo argumental en común ¿Lo ha detectado, o no se puede generalizar?

-Hay de todo porque cada lugar tiene su propia historia, pero el conjunto te permite llegar a algunas conclusiones. Me he encontrado con gente que no quería destapar la caja de sus recuerdos para evitarse más dolor y con gente que daba a su pueblo por muerto y por tanto no pensaba que mereciera la pena contar nada. Otros sí que querían dar sus razones y compartir sus reflexiones. Encontré gente mayor muy pesimista, que añoraba sus pueblos con más habitantes, bar, tienda y médico, aunque paradójicamente no tuvieran infraestructuras que ahora tienen como agua, luz o carreteras asfaltadas. Y me he encontrado con que los únicos optimistas sobre el futuro de estos pueblos son los jóvenes, gracias a los incentivos, a los nuevos cultivos o a las viviendas rurales, porque no llevan esa mochila de frustración, no han conocido los pueblos despoblados y desde su perspectiva no se puede ir a peor.

-¿En base a qué seleccionó los ocho pueblos del libro, y por qué La Estrella de Mosqueruela está incluido?

-Decidí que fueran pocos para que cada uno tuviera su espacio, no quería poner chinchetas en el mapa y ya está. Los busqué porque tenían historias características y diferenciales, y desde luego tenía claro que Teruel tenía que estar, porque junto a Soria y Zamora son algo así como los caballos de batalla de la despoblación, no de ahora, sino desde 1999 cuando se creó Teruel Existe. Visité La Estrella con Aquí La Tierra y la historia de los últimos guardianes es increíble. Es la que mejor resume el fenómeno de la resistencia y la muerte de los pueblos, porque a diferencia de otros lugares, donde hay organizaciones vecinales o culturales, en la Estrella no queda nada excepto Juan y Sinforosa.

-¿La casuística de la España vaciada es similar en diagnóstico y tratamiento en todo el país?

-No. Trevesco en Cáceres es precioso y tiene más casas rurales y apartamentos que vecinos, que solo quedan siete. Y otros no son tan bonitos ni turísticos, pero tienen otras fortalezas. Pero las razones que les han llevado hasta eso son parecidas, y tienen que ver con la industrialización a partir de los años 40 que hizo que el trabajo abundante y menos duro se trasladara en masa a las ciudades. Los esfuerzos de las administraciones se centraron en las ciudades, y aunque los pueblos mejoraron sus infraestructuras cada vez hubo más incentivos para emigrar, y de hecho muchos de los que se quedaron fue porque por diferentes razones no pudieron marcharse en su momento. Esto es común para casi todos los pueblos.

-¿El desarrollismo antirural que promovió el franquismo era un camino inevitable, o España pudo haber progresado de otro modo?

-Para eso hay que fijarse en otros países. En las Highlands de Escocia se enfrentaron al mismo problema, pero el Estado activó enseguida mecanismos que evitaron que se quedaran completamente despobladas. Y se logró. Hoy en día hay incluso más población que hace unas décadas en las Highlands, y eso no ha lastrado en absoluto el desarrollo de las ciudades o la industria.

-A veces me da la impresión de que la España despoblada ha entrado en la agenda política porque en realidad es la otra cara del auténtico problema que preocupa en Madrid, el de la España superpoblada e inhabitable...

-Quizá tengas razón. Y piensa una cosa; Madrid está superpoblado pero es que Tokio tiene una densidad de población diez veces superior. Creo que en general nos estamos dando cuenta de que esta estilo de vida no nos conviene a nadie. Si preguntas a los políticos, en general coinciden con que ha habido cortedad de miras en este sentido, admiten que fue más cómodo mirar a otro lado por lo complejo que resultaba arreglar este problema. Pero va siendo hora de pasar de las palabras a los hechos. Ahora el Congreso se acuerda de la España Vaciada porque Teruel Existe, 20 años después de fundarse, entra en la arena política y su voto es fundamental para formar gobierno. No estoy seguro de que exista auténtica voluntad política de arreglar las cosas en este ámbito, pero al menos gracias a esto ahora mismo es muy impopular reconocer que la España Despoblada te importa un bledo. Aunque no tengas intención de mover un dedo, ahora todos tienen que aparentar interés, y quiero creer que eso se traducirá en alguna mejora. Algo es algo, aunque desde luego por sí solo es insuficiente.

-¿Se atreve a apuntar soluciones?

-Creo que una clave es la generación de empleo. Un alcalde de un pueblo burgalés me decía que si el 30% del empleo generado en Burgos fuera al resto de la provincia habría trabajo en todos los sitios.  Es lo que se hizo en Escocia, y el teletrabajo hoy nos lo pone en bandeja. Pero no un teletrabajo circunstancial, sino concebido como un modelo de funcionamiento. También hay que cambiar un paradigma que tiene en la cabeza muchísima gente, el de pensar que la España Vaciada es un gasto, y que es antieconómico mantener un colegio con 2 niños. Pagar un colegio con 2 niños es invertir para tener un territorio bien vertebrado en el futuro. Y además desde los años 50 no se ha metido un duro en los pueblos más que para poner parches, todo se ha ido a las ciudades, así que se trata de pagar una deuda histórica que las ciudades tienen con los pueblos.
Otra cosa muy diferente es que, en realidad, a la administración le venga muy bien tenernos a todos metidos en las ciudades, con las carreteras, los servicios y la industria concentrados y unos pocos centros comerciales para que se consuma en masa. Si esto es así lo honesto sería admitirlo y ya está, pero de lo contrario hay que meter dinero, mucho dinero, hacer un plan integral, reordenar las telecomunicaciones, incentivar a las empresas o proporcionar facilidades fiscales, entre otras cosas.

-La administración tiene herramientas, desde luego. Pero si la clave es el empleo, en un contexto de liberalismo económico la última palabra la tienen las empresas particulares. Y ofrecer incentivos (dinero) a cambio de que se instalen en un sitio o en otro, suele significar pan para hoy, a costa del contribuyente, y deslocalización para mañana.

-Eso es cierto, pero sí que se puede hacer mucho desde la administración. Empezando incluso por lo cultural. En los años 40 empezó a fraguarse esa idea de que el progreso estaba en la ciudad, y de que quien perdía ese tren se quedaba atrás para siempre. Esa idea sigue vigente, seguimos pensando que el campo es peor, que es menos importante que la ciudad, que quien de verdad quiere progresar tienen que vivir en una gran capital. Las ciudades se creen el centro, pero si los agricultores y ganaderos se parasen, se pararía todo. Hay países en los que la ganadería y la agricultura están incluidas en el sistema educativo porque no quieren que se pierda esa perspectiva. Porque no quieren que les pase como en España, donde algunos políticos solo se acercan a las vacas para hacerse una foto cuando hay elecciones a la vista. No se puede hablar seriamente de la España Vaciada desde nuestros pisos en Madrid, o durante un fin de semana de turismo rural.

-Inevitablemente se le han quedado muchos pueblos en el tintero... ¿tiene previsto publicar una segunda parte de este libro?

-No lo he pensado. Aunque es cierto que quedan muchos pueblos, muchas historias y cada una tiene elementos distintos que la hacen interesante, no sé si tendría sentido publicar otro libro con otros lugares. Quizá lo que sí que me apetece es regresar a estos mismo lugares dentro de, digamos, cinco años. A ver si se ha hecho algo después de llenar tantos titulares con la España Vaciada.